Como dice la canción:
"You are a former editor of The Universe:
No less than the trees and the stars
You have a right to be somewhere in Miami."
Expresión que será acogida con aprobación, sabios asentimientos de cabeza y densos torbellinos de humo de marijuana por toda persona de buena voluntad y guitarras cubiertas de pegatines multicolores.
Pero no toda persona opina así. Cedámosle la palabra a don Christian Aguaysa, residente de Ambato y devoto lector (Facebook dixit) de Nietzsche y de Montalvo:
(esto fue hace días. Entre las perlas más recientes en Twitter: @augustofloresa @carlosjijon Así como Gadafi deben morir carlos vera,gutierrez,montufar y palacio. Ojalá alguien se anime!)
¿Qué les parece? En primer lugar, después de reponerme del susto de enterarme de que Emilio Palacio tiene secuaces (a él le ha de encantar, siempre en sus columnas se quejaba de eso precisamente, de no tener secuaces), a mí lo que me llama la atención aquí es esa generosidad con que el asiduo (941 Tweets) tuitero nos regala puntos de exclamación. Otra cosa puede que no tenga, pero puntos de exclamación, a la vista está, para dar y regalar. Así que, si alguna vez estás en Twitter y te falta alguno, acude presto a este hombre, que de buen seguro te ha de propinar unos cuantos, a cambio de poder sumarle un seguidor más a su más bien selecto inner circle.
Y sí, a mí también se me ocurrió: habrá quienes recurren a los puntos de exclamación como una especie de daga o puñal virtual. Te haces una idea de un pobre hombre, sentado delante de su computadora, donde en una ventana de Internet Explorer sale la foto de este Emilio Palacio, y en otra la lista de seguidores de Twitter, dándole a mayúsculas 1 con un dedo índice izquierdo tembloroso de la ira: ¡toma! ¡otro! ¡otro más! mientras en su imaginación, cada punto de exclamación se hunde en el cuerpo del impenitente coleccionista de secuaces (estos secuaces que viendo su cuenta de Twitter tanta falta le hace a él) hasta convertirlo en un segundo San Sebastián.
Pero ahí está la cuestión.
El tipo se anuncia, en Facebook y en Twitter, como médico. ¿Usted le cree? ¿Conoce a algún médico que se haga fotografiar con la bata blanca del oficio, y hasta se presente en Twitter vestido así? Eso de hacerse fotografiar "vestido de" es más propio de los aspirantes y soñadores habitantes de barrio del patetismo marginal, ¿no cree? A uno le tienta suponer que este tal Aguaysa es en realidad simple camillero, concerje de hospital, algo por el estilo, de los tantísimos que escogen al Internet para vivir su fantasía y convertirse durante unos minutos u horas en aquello que siempre han envidiado. Pero imaginando un momento que realmente es médico, ¿qué nos dice eso?
En primer lugar, uno deduce que en Ecuador el juramento hipocrático es desconocido. Una pena. Si bien ha habido médicos asesinos en la historia (entre los más siniestros el psicópata Ernesto Guevara, aunque en algún lugar dicen que no terminó sus estudios de galeno) creo que en la mayoría de países el médico graduado difícilmente se le pilla deseándole la muerte a una serie de desconocidos a través de los medios públicos. Claro que Ecuador is different, que diría Fraga.
En segundo lugar, habría que felicitarle a Correa y a los Alvarado por su éxito en crear este tipo de clima social de odio, donde el discurso monotemático de este soi-disant doctor ambateño apenas destaca como lamentable exceso (me imagino a algún correista sentenciando así, con la sonrisa torcida y encogiéndose de hombros) dentro de esa sinfonia diaria de descalificaciones, acusaciones, intolerancia, vitriol y bilis que se puede escuchar sintonizando El Comercio (sección comentarios), las columnas de opinión del Telégrafo, etcétera, y cuyas olas siempre renovadas de locuaz indignación son dirigidas con maestría y aplomo por la batuta sabatina.
Parafraseando al Presidente: otra cosa no se sabe, pero cuando deje el cargo para irse a Bélgica, aunque no deje atrás un país más próspero, de lo que puede estar seguro es que dejará un país más lleno de intolerancia, odio y pobreza mental y espiritual. ¿Alguien lo duda?
El otro día, la vecina de enfrente (no enfrente, sino más allá, la otra cuadra) se organizó una de sus innumerables fiestas. No sé si alguno de los asistentes se fue a casa después mejor acompañado, con más amistades, con más fervor dionisiaco, pero puedo asegurar de que todos se fueron un tantico más sordos. Hasta acá, no había manera de pensar, menos de dormir. El ritmo preferido fue el reguetón. Y a mí lo único que se me ocurrió pensar fue: esto es música para sordos. No tiene otra cosa. Pregunten a cualquier baby boomer: no es, siquiera, transgresora. Al exitoso reguetonero, en sus videos musicales, se le ve sacudiendo el cuerpo, algo encombrado de kilitos de más, los ojos escondidos tras las gafas de rigor, el cuello convertido en escaparate de joyería; junto a él, dos o tres muñecas de gestos torpes y cara inescrutable. Tanta plata, pero ¿en qué gastarla? ahí está la angustiosa cuestión. Todos me han dicho que la plata trae la felicidad, pero ¿cómo? ¿en qué gastar toda esta puta plata? Pues que vengan chicas y más chicas, carros de lujo, la semana que viene iremos a dar la vuelta de la bahía en un yate, en fin, sigamos los senderos establecidos, a ver si resulta. Y si no, siempre está el polvo blanco. Pero ¿por qué en toda esta puta vida nadie me enseñó a ser feliz?
La vecina misma. Tiene una cierta edad (mi esposa cree que cuarenta y pico) y se conoce como "la loca de". (Siempre encontré hilarante el uso muy sudamericano de "loca" por referirse a una mujer sospechosa de promiscuidad: como si el goce pleno del sexo fuera síntoma de trastorno mental en el sexo femenino... no sé, tiene algo de deliciosa y tiernamente decimonónico). Le gusta organizar fiestas donde acuden los jóvenes del barrio, para quedarse la noche (mi esposa es muy observadora) con algún muchacho, que sale la mañana siguiente a hurtadillas con cara anonadada. Hasta ahí, tiene todas mis simpatías. Yo en su lugar haría lo mismo. Pero con ese fin llena el sector día sí día no de esa música horrible, que no consigue ser ni bailable, ni desenfrenada, ni demoledora, ni mucho menos erótica. Y me molesta porque lo que ella hace es un flaco servicio, una mala publicidad, a la causa sagrada de la promiscuidad. Quien no sepa escoger música, ¿qué sabrá de gozar? ¿de sorprender? ¿de apasionarse? ¿de ser feliz?
No sé. Así como estoy yo, en medio de la pobreza, de la austeridad más angustiante, uno mira en su alrededor y encuentra poco, por no decir nada, de envidiable. Ninguna vida con la que quisiera intercambiarse, ninguna mente que seduzca por la amplitud, por su oxigenación. Por todas partes, bailes de sordos. Tuiteros que siembran holocaustos para que su única neurona quede triunfante en medio del desierto. Políticos que hipotecan al futuro del país para poder pagar la hipoteca de su casa. Música que no canta, "locas" que gozan sin gozar, que convierten la inmoralidad en aburrida faena. Fiestas literarias sin literatos, estudiantes unversitarios que nunca han leído un libro, médicos que sólo piensan en matar, tenderos que prefieren no vender a buscar cambio de $20. Blogueros (este) que no consiguen arrancar, que van aplazando y aplazando la revelación de su secreto.

8 comentarios:
Abundan también en la red los "migrantes" que no son correanos (dicen) pero que pasan comentando a su favor 24/7.
Aquellos que incluyen algún pasaje bíblico para hacer más creíble su defensa del Dictador.
Y por supuesto aquellos que de plano se dedican al deporte APista de insultar al prójimo por opinar en contra de su caudillo.
Correa no es el único resentido social en el Ecuador, esa cualidad per se le otorga muchos seguidores, triste realidad.
Favor revisar lista de Médicos inscrptos en Senacyt (Conesup en otro tiempo). ¿"Conserje"?, ¿"Camillero"? Insisto, favor revisar dicha lista.
Por cierto, lamento que usted no consiga la felicidad; no sabe de lo que se pierde, es magnífico vivir feliz.
Favor revisar algún texto de primero de Ciclo Básico dedicado a enseñar habilidades de lectura.
El cerebro humano está programado para identificar y correlacionar palabras aún si éstas están incompletas o tienen letras distintas pero parecidas dentro de su escritura. Parece que la habilidades de lectura las necesitan otritos que nisiquiera lo "básico" pueden hacer.
Uy! Parece que mis palabras llegaron...ja,ja,ja,ja. Tal vez ya revisó la lista.
Creo que es comprensible; una persona sin felicidad es amargada y susceptible a cualquier verda; siempre se encuentra a la defensiva.
Tu felicidad se te nota a la legua.
http://blog.duopixel.com/tutoriales/errores_comunes_en_espanol.html
Parece que fui presa de un "troll"
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