Se supone que hay dos maneras de decirlo, según se acentúa una sílaba u otra: la primera, "FUCK me", se interpreta como súplica, la segunda, "fuck ME", como interjección, que expresa generalmente sorpresa. Voy a intentar ensayar una tercera versión, con nueva inyección de significado. Más o menos se tendría que decir así, y fíjense bien:
Fuck me.
Así, pruébenlo. No es lo mismo "fuck ME" que "fuck me". Si tienes poca práctica hablando en cursiva, tendrás que ensayarlo unas cuantas veces, pero al final te saldrá, confío en ello. Ahora, ¿qué significa, según esta autoridad? A eso íbamos.
Pongámosle primero Juan. Bueno. Este tal Juan era un joven extremadamente infeliz. Y era así porque, por un lado, tenía un deseo. Tal vez varios. Por otro lado, tenía su conciencia, su sentido del decoro, su ética, su Weltanschauung, su Reisenschein, en fin, toda una orquesta interior de instrumentos afinados al mismo No Puede Ser. Pero como Juan era un poco bruto (y eso que se creía otra cosa, pero era bruto) en lugar de reconocer el conflicto, lo iba solapando de diversas maneras (y eso que sí creía reconocerlo, pero era bruto). Una de las maneras en que falsamente "resolvía" este conflicto consistía en mostrarle una deferencia y consideración a los miembros de la mencionada orquesta, rayanas en idolatría. A todo lo que le contradecía en sus deseos se suscribía con ciega devoción. Todo lo que le pateaba le encantaba. Esa actitud le mantuvo ocupado durante unos diez años, o más, pero al final, en un bar lleno de humo, sobre las tres de la madrugada, se hartó de tanto autodesprecio. Sobrevino entonces la época de las proyecciones.
Proyectar, eso lo hace todo el mundo, o casi todo el mundo, o sin casi. Es una actitud que consiste en ir a casa ajena, sin invitación, y dejando la epistemología atada al poste de afuera. O sin metáforas: creer adivinar lo que piensan y sienten los demás. Lo hacemos, y a veces seguramente acertamos. Pero cuando lo que se proyecta es un malnutrido deseo cegado por años de oscuridad y preso de una monstruosa exageración, es difícil acertar. Semejantes Kraken poco saben de matices. Lo mismo, dicho sea de paso, sucede con las envidias: muy poco observadoras son, en general, muy creadoras de parodias inconscientes. Un médico es despedido de su trabajo: para algunos es heroico e inocente víctima, para otros, prepotente y privilegiado pavo a quien le acaba de llegar su Thanksgiving Day. Cuando en realidad no es ni lo uno ni lo otro: es un médico que acaba de perder su trabajo. Punto y aparte.
Cuando proyectamos, estamos diciendo: "estuve allí, donde él está ahora. Sé lo que él no sabe: el final de esa historia". Claro: para meterte en la cabeza de otro tienes que haber vivido lo que esa persona está viviendo. Si a todo el mundo le adivinas su pensamiento y sus ocultos deseos, eres, necesariamente, el más vivido de los mortales. Los demás no son más que un álbum de fotos de tu pasado. Ellos son prequínder, y tú el único adulto. ¿Te sientes cómodo en ese papel?
Juan no se sentía cómodo. Y logró salirse del papel, pero no sin antes chocarse con varias Ideologías, todas ellas bizcas por supuesto, que iban caminando en sentido contrario. Todas ellas decían lo mismo: no somos religiones. Nada de que seamos religiones, Dios nos libre de serlas. Pero eso sí: te ofrecemos la solución definitiva. Con nosotros, no serás nadie: gozarás de absoluta irrelevancia, la Nirvana de los que como tú nacieron contradictorios. Pero al mismo tiempo, y conviene no preguntar por qué, todo dependerá de ti, o mejor dicho, todo dependerá de que sepas identificar correctamente a los Buenos y a los Malos, a la Palabra Sagrada y a la que no lo es. Además, conmigo (y en éstas se le colgó al brazo una Ideología especialmente suculenta, con blusa medio desabrochada) vivirás la realización de tus más ocultos deseos, transformados eso sí convenientemente en un Código Civil decimonónico lleno de deliciosas y perversas sublimaciones.
21 Y se retiró Juan al desierto y durante cuarenta segundos y cuarenta guiños rumió la cuestión. Y he aquí que abrió la boca en una gran apertura de boca, al final, y en una tremenda voz vociferó:
22 - Fuck me.
23 And there were Parking Tickets in Heaven.
De lo que se había dado cuenta en ese momento puedes encontrar las menudencias en Blake (Marriage of Heaven and Hell), pero resumiendo:
Sin luz no podemos ver, pero sin sombra tampoco. Saber el final de una historia es una manera segura de no entenderla. Por eso, no puedes "incluir" a otro individuo, porque él está hecho de sol y sombra, y sin sus sombras, esas ignorancias que te precias de haber superado (así las "recuerdes"), sus destellos de poco te sirven. (Por si acaso, tampoco estamos enalteciendo esa terrorífica marea baja de las simpatías que te provoca un exceso mórbido de depresores del SNC.) Pero si quieres persistir en eso de no ser tú, tendrás que descentrarte, y eso es como usar un imán para sacar el reloj de un arquitecto de su brazo, el cual descansa íntegramente dentro del estómago de un tiburón, el cual está vivo. Es decir, no es fácil. Y es así porque aquello que Blake llama Energía, y Freud, Libido, y Merkel, Queso, te centra constantemente, cual giróscopo. Y no hay peor pecado ni mayor gilipollez que desestimar esa energía. La supervivencia de la especie le va en ello.
Mejor hazte amigo suyo; aprende a conocerla. Y siempre sin olvidar que tiene su homólogo en cualquier persona viva, y que tiñe todo alrededor de su color, que no es el tinte de ellos. Y que tanto como tú incluyes al otro (persistes en eso, ya lo veo), él te incluye, a la misma vez y del mismo modo. (Para entender eso, tienes que volver a la infancia, pero todavía está esa cueva en el acantilado, esa mar inquieta, esa niña con horribles trenzas que te va a enseñar para qué realmente sirve la muñeca Barbie).
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