jueves, 3 de noviembre de 2011

To Whom it may not Concern in the Slightest

Criticar al gobierno es un raro ejercicio de futilidad. El aspirante a crítico debería hacerse estas importantes preguntas:

1. ¿Quién te está escuchando? Evidentemente, no serán los blancos de tus críticas, que tienen mejores cosas que hacer (como, estos días, despedir a todos los funcionarios que las indagaciones de la Polucía (dejémoslo) han revelado no ser correístas acérrimos, es decir, que no son lo suficientemente corruptibles: talk about a putsch). Puede que tengas lectores. Que ellos estén de acuerdo contigo hay que situarlo en el contexto de un mundo donde hasta las teorías que dotan a las Casas Reales europeas de "sangre reptil" encuentran miles de entusiastas devotos. (Para mí que su sangre tiene un alto componente de custard.)

2. ¿Cuál es tu objetivo, y cómo se mide el grado de cumplimiento del mismo? Si es generar un diálogo, un objetivo razonable podría ser que alguien cambie tu opinión sobre algo cada tres días. Si en medio año no has cambiado tu opinión sobre nada, lo que tienes no es diálogo. Puede que sea una gallina. En tal caso, hazte un seco. Si en cambio tu objetivo es hacer que alguien se ponga rojo de la ira, deberías especificar el grado y matiz de rojeza (¿rojura? ¿rojidad?) en términos objetivos, digamos en cifras hexadecimales RGB, que considerarías como "misión cumplida". También, el método  que vas a utilizar para cerciorarte de todas estas circunstancias. Si no, puede que caigas en el autoengaño, pensando que tu adversario está iracundo cuando en realidad sufre del calor.

3. ¿Dónde está el consulado de la Tierra de Nadie? Si no lo sabes, difícilmente conseguirás visado.

No puedo estar más de acuerdo con Fabrizio Reyes de Luca, donde dice "Pocos hombres asumen sus propias culpas". Y ante quien no las asume, la crítica se torna casi milagrosamente en jarrón de flores, o en feria de condones usados, o en crío de capibara.

Ahora (tornando al tema de los funcionarios disfuncionales) me encuentro en la situación de ser profesor de una universidad "estatal", o sea, funcionario del gobierno. Es por ello que sé lo que pocos saben, que para ser tal tienes que firmar y notarizar un documento que jura que de acuerdo con las estipulaciones de la LOSEP, no has consumido estupefacientes en lo que va del actual lustro. Ahora, como que siempre me leo El Telégrafo, supongo que me podrán achacar perjurio en esto. Pero la verdad, es que consuela a veces topar con quien es hasta más tonto que uno:

Cinco millones de parados
Nada más ni nada menos, esa es la cifra aproximada de desempleados en España. Para ser exactos son 4’978.300...

¿¿"Nada más ni nada menos... cifra aproximada"?? ¿Qué le habrán hecho las palabras a Fabrizio, para que las odie tanto? Pero no iba a eso, sino a que, como funcionario que soy, llevo dos meses sin cobrar, con promesa de que la situación se alargue por lo menos tres semanas más. (Ayer conseguí un chequecito de FUNDESPOL para por lo menos invitarle al bebé a colada morada, Dios les tenga en su gloria a las fundaciones así como a los fundamentos (más abajo)). Y es que, y lo digo para ilustración de quienes todavía pertenecen a ese menguante Parque Jurásico llamado el Sector Privado, lo de ser funcionario en el Glorioso Regimen conlleva cierta disciplina, pues al parecer esa costumbre antigua que consiste en cobrar un salario mensual a cambio de hacer un trabajo pertenece a la Larga Noche Liberal: lo realmente revolucionario es que pases, como hice el año pasado, tres meses sin que te toque ni un centavo, por culpa de no se sabe cuál coitus interruptus burocrático, y ahora que se repite la historia caigo en cuenta de que de lo que se trata es de una disciplina realmente purificadora, pues el auténtico revolucionario lo primero que tiene que aprender es a despreciar lo material, a abjurar del lucro, a vivir sin pan, a "ser" en lugar de "tener" (como bien explican los libros de texto del renovado bachillerato). ¿A ser qué cosa? Pues a eso iba.

Lo molesto de ser hombre (o que te tengan por tal), según empiezo a creer, es que no puedes ser Un Culo. Puedes tener uno, sin mayores dificultades, pero serlo, nunca. En cambio, esa posibilidad al sexo opuesto no sólo sigue vigente sino que parece bastante resultona. Y si no, ahí está Kim Kardashian, esa estadounidense que hace poco se divorció al cabo de diez días (10) de matrimonio, tras una boda en que se le colmó de joyas y de millonarios regalos. Predeciblemente, el barrio farandulero de Twitter, y el Yahoommentariat, están que saltan de la furia. "¡Que devuelva los regalos!" dicen unos. "¡Boicot a los productos de la Kardashian, ésa que es famosa por absolutamente nada!", otros. Pues permítanme disentir. La Kardashian, y ahí está YouTube para confirmarlo, es famosa por algo, por algo iba a decir muy concreto, pero no es la palabra. Por algo muy siliconado puede ser: no tengo eso sexto sentido (otorgado únicamente a las féminas) para confirmar esta teoría. En todo caso, por algo sorprendentemente pletórico, mullido, acolchado y respingón. Por algo que la coloca en el mismo firmamento de fundamentos que, digamos, la J-Lo. Y según mi modo de ver, fundamentalista si se quiere, el tener un culo de estas características a una le da una pretensión perfectamente legítima a la fama. (Los británicos, con su Rear of the Year, están conmigo en esto.) Mientras no haya hipocresía, en todo caso. Pero las viejas costumbres difícilmente mueren, y todavía algunos desaprensivos o despistados se buscan fotos de su cara para acompañar a los artículos, o colocan la silla de ella (¿silla?), en los chat shows, de cara al público en lugar de al revés. En fin. En ésas estábamos, en que ahí érase, como diría Quevedo, una mujer a un culo pegada (no me tienten: hace años que no escribo un soneto). Lo único que parece demostrar esta primicie del matrimonio de los diez (10) días, es que a quien le estuviera concedida la posibilidad teórica de make a self of her arse, lo único que consiguió fue make an arse of herself. Eso, y que vivimos en una época en que hasta los novelistas más renombrados se sienten tentados hasta el Lado Oscuro, y flirtean con el barriobajerismo farandulero. Me refiero a Salman Rushdie, que én su cuenta de Twitter está que goza con las posibilidades paronomásicas del nombre del referido, y ahora plenamente realizado, Trasero.

Pero no quería hablar de eso.

Bueno, sí quería, pero en otro lugar. La verdad, me estoy hartando de este blog (does it show?). He demostrado, sin pena ni gloria, una mediocre pero adecuada capacidad de redactar aburridas parrafadas llenas de reacciones hepáticas ante las noticias en un idioma que no es el mío materno. 'Ave a banana. Ahora quisiera hacer otra cosa. Cambiar de idioma. Dejar un testamento. Gozar un poco, que ya toca. Al parecer (ver Cartas) antes gozaba, y eso que no tenía nada apenas que decir.

Pero volvamos al tema: la irresponsabilidad.

Si no tengo plata, si el gobierno no me paga (¿usted confiaría su salud, la educación de sus hijos, a un ente que ni siquiera es capaz de organizar la paga puntual de un salario?) en último término la culpa es mía, por haber sido tan cojudo como para meterme a dar clases en una universidad justo cuando amenazaban con eso de la "enseñanza gratuita". O mejor dicho, por haber venido a este puto país. O mejor dicho, por haber venido a este puto mundo, habiendo otros mejores (en Neptuno no pasan nada de estas cosas). Lo asumo. No tengo nada que agregar en defensa propia. Por eso que tal vez me vean poco por estos lares en lo sucesivo.

6 comentarios:

Rommel dijo...

Dear Envidio:

If you take that decision, your entries will be missed...

As just as for millions of people the reading delights us, for others (more fortunate perhaps?) the pleasure resides in writing. Not everyone has that gift.

I sincerely appreciate the time that you have been writing in my mother languaje what you think about my "fucking country". You had been able to translate into text what millions of Ecuadorians feel and think of our reality. Thanks for being the brave and sensible voice of millions unbraveried and unvoiced.

Best regards.

Rommel

Endivio Roquefort I dijo...

"unbraveried": I like that word.

Writing, for me, is the next best thing to cuttlefish.

Juan Sebastian dijo...

Más allá de cualquier prejuicio homofóbico:

If you leave me now...
http://www.youtube.com/watch?v=32GdEFADy6s

Saber decir la cosas y con elegancia solo unos cuantos elegidos.

Anónimo dijo...

Cojudo por haberte casado con una mujer con dos hijos después de haber convivido con guerrilleras y salido de putas todas las noches en España, por venir a Ecuador cuando acá todos van para España, por creer el mito del buen salvaje y haber sido dejado sin plata. Hubieras llegado a Chile en vez de casarte en este puto país.

Anónimo dijo...

*cringes at Rommel*
pretencioso sicofante

Endivio Roquefort I dijo...

Por una vez, Anónimo, estoy de acuerdo contigo. Soy cojudo. Por eso, te pregunto sinceramente: ¿cómo se siente la no cojudez? ¿Trae felicidad? ¿Vale la pena cultivarla como valor o apuntarla como meta en la vida?