No solamente es brillante (así se la presenta, y no hay nada en el video que desdore tal apreciación), es también linda. Tiene una sonrisa primaveral, una carcajada suculenta, un discurso fluido, sin pretenciosidad, una naturalidad que enamora a la cámera. Viéndola en la entrevista de gkillcity, uno desearía haber visto alguna vez ese programa de Ecuavisa en que aparece según rumores (yo apenas no veo la tele: la monopoliza el pequeño, que está en la etapa de Mickey Mouse, a quien él llama Itchy Mouth, de los Ositos Cariñositos, del Agente Oso y del Jardín de Florilú); uno desearía también ser más cuerdo, pues ella, en su faceta de Embajadora de la Cordura, resulta la mar de evangelizadora. Es de aquellas personas que te hacen sentir marginal, unsavoury. No "te hacen sentir": te recuerdan que lo eres. Con un suspiro prolongado, le doy al Pause. Haber nacido normal, haber tenido una vida normal, para así haber podido ingresar con las de la ley en la clase media ilustrada, con todos esos dientes intactos (00:42-43: preciosura) y esa impoluta moral y "espiritualidad" progresistas... Ya, basta de nostalgias. Hace diez, veinte años aún lo dudaba, pero ahora lo sé: es menester cargar con el peso de todo lo que eres, no hay otra (sobre todo a esta edad: pretender ser buena gente a estas alturas ya sería ridículo).
Ustedes la ven segura de sí misma: yo la veo amenazada y vulnerable. Las dos impresiones no están reñidas entre sí. Lo que veo son paredes que se van cerrando, paulatinamente, como en una pesadilla o un episodio de Batman (yo y #mivastacultura), o como en un torno de banco. En una de esas paredes está la cara magnificada de un demente con un micrófono arengando a un rebaño sabatino. En la otra, sombreada en un monocromo de baja resolución, está la Pesadilla: la de ella, tal vez la de ustedes, la que, aunque nadie ose referirse a ella, dio lugar a las circunstancias políticas actuales: aquella cosa ante la que es preferible sacrificarlo todo en el altar de Kali. Y mientras las dos paredes se van cerrando, cerrando, ella va hablando, hablando, con la misma frescura de siempre. Sin darse cuenta de que hasta los estantes de libros detrás de ella están desapareciendo. En la pared de la derecha, la del demente, ya se está armando la gran Hoguera, la de los Libros Prohibidos. Mientras, ella va diciendo algo sobre Gore Vidal y su Julian. Porque para ella, incluso ahora que las inexorables paredes trituradoras están a escasos centímetros de su cabeza,
En estatutos y en Constitución el estado ecuatoriano es de los más progresistas y modernos
: es un estado en que, incluso, hay cabida para ese juego infantil e inocente del monseñor-baiting (humanamente practicado, no es contrario a la Constitución: no se sacrifica públicamente al animal, simplemente se lo torea y aturde). Y la verdad, estos señores de gkillcity que se ponen tan entusiastas con la espléndida ocurrencia de darle unfollow en masa a la Iglesia Católica, para joder al arzobispo, a nada me recuerdan tanto como a unos niños que se confabulan para empapar la alfombra del vestíbulo de ese vecino antipático, mediante pistolas de agua chorreadas por el buzón de la puerta delantera; o para sacarle humo al gato del escaparate con una lupa (Delibes, El Camino). De acuerdo: todos lo hicimos en nuestra juventud; pero esas infancias fueron doradas y veraniegas: ahora los tiempos son otros, más sombríos. No les voy a sugerir que maduren: eso sería irrespetuoso. Además, a veces me cuesta creer que no lo hacen adrede. No incluyo a Silvia Buendía en esto, pero hay otros que (discúlpenme la paranoia, es temporal, ya verán) te hacen pensar que todo forma parte de un plan para distraer la atención de su (bien) nutrido público de las cosas que realmente están pasando. Vamos: ¿un grafitero? ¿una exposición de arte a cargo de un subnormal mojigato? De acuerdo que da para unas cuantas parodias, pero ¿¿llevar el tema a las cortes en nombre de la L de E?? ¿Una campaña para obligar a los curas a escribir "rebelde" al lado de tu nombre en el registro de bautizos, como si eso fuera el único nihil obstat suficiente y necesario para convertirte en Jim Morrison? Y mientras discutimos, que si el Derecho Canónico, que si apóstata o hereje o descarrilado o "en rebeldía", mientras tanto, se van acercando las paredes trituradoras: Ley de Comunicación (si la mera yuxtaposición de estas palabras no te da naúseas, ya te alcanzaron, o será que nunca tuviste nada que comunicar), metida de mano en la justicia, cazas de brujas, "renuncias" de funcionarios insumisos, ataques frontales a medios independientes, opinadores encarcelados, tuiteros detenidos por ridiculeces, amenaza de metida de zarpa hasta en el sistema electoral...
¿No que éstos son temas algo más serios, y que acerca de las normas de exposición de un certamen artístico a cargo de un cabildo carca - y citando a otra mujer brillante a quien tengo el honor de seguir babeantemente en Twitter - "too many fucks are given"?
No, no creo en realidad que ellos sean tan maquiavélicos. Su meta no es despistarnos, sino despistarse. El izquierdoso de tropa, si algo tiene, es esa obsesión, que parece un picor, por cuadrar el círculo, por intentar demostrarse a sí mismo que se puede ser de izquierdas y aún ser algo generoso; que su meta no es realmente esclavizar, sino "en el fondo", "a fin de cuentas", liberar. Está bien, entremos en el juego.
¿Qué tan dentudas son las fauces de la Iglesia Católica en Ecuador actualmente?
Bueno, desde mi perspectiva de extraterrestre ateo (ateísimo, en realidad, pues ni siquiera tengo "espiritualidad": la emfisemia se encargó de eso hace rato) no mucho. Y eso que sigo los argumentos de la Buendía y me parecen sólidos (mucho más que los de una Buenaño, por supuesto, ni qué decir del muy respetable Buensiglo, de anunciada aparición). Resumiendo: Ecuador es un estado laico, pero sólo sobre el papel. Las leyes en realidad, son muy secundarias: lo que cuenta es la tradición y la educación, dominadas por un "discurso hegemónico" que es el de la Iglesia, que se arroga en exclusividad el papel de árbitro moral, pues según la creencia católica es imposible tener valores morales fuera de la religión; un ateo es, necesariamente, inmoral o por lo menos amoral. Con lo cual existe un perpetuo conflicto solapado entre la Iglesia y cualquier gobierno que enarbole la bandera de la ética laica, que la Iglesia se resiste a reconocer. Todo lo cual me parece cierto, salvo un punto, y es ése de que el discurso moralizante de la Iglesia sea en este país tan arrollador, tan poderoso, tan decidor, tan importante. Esa parte no me convence tanto.
El pequeño, los viernes, va a Equinoterapia en un bonito recinto en la Vía Samborondón, cortesía (según entiendo) de los buenos oficios de un tal Jimmy Jairala. El conductor encargado de llevarnos desde Durán a ese lugar, ese día, viéndome solo y sin compañía conyugal, se envalentonó a preguntarme, entre titubeos:
- Usted que tanto ha estudiado, a ver si me puede ayudar con una duda que tengo. ¿Es cierto que a los ojos de Dios, está mal que un hombre casado se acueste con otra mujer?
Viré la cabeza un poco para verle la cara. En verdad, el hombre parecía algo acongojado.
- Muy al contrario - le contesté. - En realidad, si lees la Biblia hallarás que hubo un Rey, llamado Salomón, que tenía centenares de esposas reconocidas y otras tantas queridas, y a ese hombre Jehová le sonrió. Hasta se le atribuye la autoría de un par de libros de la misma Biblia. De lo cual deduzco que a Dios le parece de putamadre que uno tenga amantes. Cuantas más, mejor. Lo que pasa es que los curas son envidiosos. Eso es todo - .
- Ah, ¿cierto - ? dijo el chófer, y parecía más relajado. (En ese momento el pequeño vio un avión.)
Ahí hay para todos los gustos. Verdad es que esa ansia por conocer la opinión de Jehová es muy de aquí, de este retrógrado país. Pero para mí lo interesante es que, primero, el tipo genuinamente no se sentía seguro de conocerla ya; y segundo, que mi respuesta improvisada le haya parecido completamente convincente. Lo que me hace pensar que se puede ser ecuatoriano de treinta y pico años y no tener ni puta idea, salvo por rumores, de las doctrinas de la Iglesia. Y eso es así porque la Iglesia, en cuestiones de educación, tiene una estrategia bien definida que ha variado poco en centenares de años: educar bien a la élite, y mal al resto, pues considera que mantener una ignorancia generalizada entre el populacho es mejor que proporcionarle las herramientas básicas que le permitieran cuestionar los fundamentos de su "fe", y que por otra parte, la enorme inversión en términos de tiempo y mano de obra necesaria para amoldar a su conveniencia el universo conceptual de la élite política deja poco margen para similares experimentos con los estratos inferiores. De modo que en Ecuador, según entiendo, hace tiempo que la educación pública está a cargo del MPD, que predica una especie de McMarxismo criollo rupestre y dicharachero, en esencia alejado de los postulados del Vaticano, si bien se habrán llegado a puntuales ententes cordiales. Sin lo cual difícilmente se entendería el triunfo y la fuerza electoral del propio correismo, por mucho que éste dice nutrirse de "la doctrina social de la Iglesia" (en realidad, del lunatic fringe de la Teología de la Liberación). Y no hay que olvidar que la educación siquiera pública nunca ha sido de todos. Y es que para mantener un discurso hegemónico, necesitas también medios y convocatoria, canales. Ahora, hagamos una pregunta: ¿cuándo fue que por última vez tomaste una decisión moral?
A ver. Yo ayer a los niños les llevé a la escuela, luego fui a ver a la amante, pasando por el banco, donde hice una donación a ese niño enfermo que ayer salió por la tele, pero luego discutimos, porque ella dice que le debo más por la liquidación (hasta la semana pasada era nuestra mujer de limpieza, pasa que mi esposa la despidió por el presunto robo de todas esas cosas que yo en realidad le había regalado), luego fui a trabajar unas horas en la oficina, donde estamos con unos abogados ahora intentando ver la manera legal de despedir a un montón de gente de la fábrica sin tener que pagarles nada, o no demasiado, en todo caso, luego vengo a casa, y resulta que cuando parqueo, escucho un chillido y ahí está el gato del vecino, aplastado debajo de la rueda delantera derecha, chucha, lo que menos necesito ahora es discutir con ese tipo, pues trabaja en el Municipio y estoy esperando que me eche una mano para conseguir ahí algún contrato, entonces tuve que rematarle al animal y esconderlo en el monte que hay detrás de la casa, hecho, y no creo que nadie me haya visto, y entonces, pues viene la otra vecina, la serrana aquélla apestosa y dice que hoy ha venido a casa el Jhonny y estuvo por los menos una hora, ¡Dios! así que nada, discutí con la mujer que dice que él sólo estuvo cinco minutos, por el asunto de las gallinas chuecas, pero yo no la creo, así que le di un par de golpes, y ahora ella está brava conmigo y dice que no la quiero, la verga así que al final cogí y me fui al Salón a tomarme alguna que otra biela, y eso que ahora andamos medio chiros por el tema de la Luz, desde que descubrieron que teníamos trucado el medidor, pero cuando uno se encuentra tan incomprendido es que ya no queda otra. Así que ayer, por lo menos, no recuerdo ninguna decisión de ésas, como dice usted, morales, pues en mi caso como ves no hay tiempo para nada así.
No dudo que, como dice la Buendía, los planteamientos morales se resuelven en la calle casi siempre a favor de los prejuicios incomprensibles del Todopoderoso. Pero en personas irreflexivas (característica que se sospecha algo puede tener que ver con el nivel de educación recibida) el universo de lo moral puede resultar muy, muy reducido, una lejana galaxia, digamos. De ahí que, mal que le pese a las trucadas Estadísticas Oficiales, el ecuatoriano de a pie se siente bastante más atraido a esas "iglesias" donde sólo hay eslóganes displicentes, guitarras eléctricas y sandías imaginarias, que no a aquéllas católicas donde un desesperado curita intenta sermón tras sermón hacerle sentirse culpables a sus feligreses por cada detalle de su caótico desbarajuste de vida cotidiana. Y pasando al campo político: ¿cuántos ecuatorianos considerarán que votar es un acto que tiene que ver con la moralidad? Apuesto que menos de un 5%. De ahí que el poder político se construye y se consolida bastante al margen del discurso agresivamente moral de la Iglesia Católica, y mucho más en armonía con el discurso solapadamente moral, digamos, del criptomarxismo mamitapegadurista, mucho más de andar por casa, según el cual el mundo se divide, no en salvos y condenados, ni en justos y pecadores, ni en creyentes y no creyentes (un no creyente en Ecuador es simplemente un marciano) sino en ricos y pobres, el rico siendo por definición aquella persona que tiene más que tú, y también, por definición, malvado, corrupto e injustamente privilegiado. Esta mañana enciendo la tele y sale una asambleista del PRE, a quien se le pregunta por qué quieren cambiar el sistema electoral, y contesta:
La democracia es, estee, equidad, y... equidad, eeh, de género.
Convengamos en que del discurso supuestamente "hegemónico" de la Iglesia se le puede esperar cualquier cosa menos un voto a favor de la equidad, eeh, de género. Resumiendo: la Iglesia no es responsable directa de estas tonterías: simplemente se limita a asegurar y a perpetuar, según su limitada influencia, la producción nacional de tonterías en general.
Y si queda alguna duda al respecto, recordemos lo que pasó en el voto por la nueva Constitución. El papel de la Iglesia se resumió en mentir, en decir que ésta era una Constitución abortista, cuando no lo era (ojalá hubiera sido abortista; mejor dicho, ojalá hubiera apartado explícitamente las decisiones personales como abortar o no abortar de las sucias y apestosas manos de políticos y jueces). Y ¿cuántos le hicieron caso a ese "discurso hegemónico" de la Iglesia a la hora de votar? Según los resultados, CASI NADIE. Ahí tienes retratada la influencia "moral" de la Iglesia Católica en el Ecuador actual: especialista en arenques rojos, y poca cosa más. Lo que no es extraño, puesto que la doctrina católica es tan repugnante, tan berracamente anacrónica, tan antihumana y antialegría y antitodo, que bien explicada, le da naúseas a cualquiera. Y sus clérigos bien que lo saben, por eso la guardan en frasquitos de plata dentro de una especie de hueco sagrado en la pared, y se dedican mayormente a aquello en que más pericia pueden demostrar, que es a abusar sexualmente de menores de edad.
Ahora bien, el argumento de la Buendía tiene otra vertiente, a mi juicio algo estrambótica, que descansa sobre el tema de la inclusión (tralalá, tralalay). Según ella, si bien las leyes son "secundarias", no es menos cierto que tenemos que "vernos reflejados en ellas". Francamente, no veo el por qué. Si hay una ley que dice que robar es un crimen, ¿de qué manera puedo "verme reflejado" en ella? ¿Más "reflejado" en dicha ley es el ladrón, o el no ladrón? La cosa para mí no tiene sentido. Las leyes deben, en todo caso, ser las mismas para todos. Yo no quiero leyes que "me reflejen", de hecho, la idea me da escalofríos. De ahí pasa la Silvia al tema de la inclusión, donde asevera que el típico cristiano "excluye" a los que no comparten, no solamente su fe, sino su sistema operativo (Jebus v. 1538.194.62, pongamos por caso). Muy cierto es, como que los Mac Users también excluyen a los güindouseros que da pena. No tienen ustedes idea de lo que he tenido que sufrir por ser usuario de Windows 7. Hasta mi hijo el otro día dijo: papi, no quiero que me vengas a buscar a la escuela, pues ahora se han enterado todos de que usas el Windows y sólo se burlan de mí y me dicen hijo de un pantallazo azul. A lo que yo digo: la exclusión es de los instintos humanos más básicos y arraigados, y todos queremos de algún modo demarcar nuestra cueva, lo mismo que hace la propia Silvia aunque no se dé cuenta. Y no la llamo excluyente porque su encanto personal y su lindura y su frescura me excluyen a mí, viejo arisco, perverso y medio desdentado. Me parece muy bien este tipo de exclusión: cada oveja con su pareja. Además, hay que admitir que la exclusión es prácticamente la razón de ser de cualquier religión. Tener libertad religiosa es, ncesariamente, tener libertad para condenar al infierno a quien te dé la gana y para acumular los puntos que quieras canjeables por vírgenes morenas en la Próxima Vida. Es decir, tiene que haber libertad para ser idiota y repulsivo, no solamente para ser listo y xavierflores. Libertad para todo. Eso es el enunciado impostergable que hemos heredado, medio por milagro, de la Ilustración, y que estamos en peligro de perder, a escala mundial, definitivamente, por culpa en parte de quienes quieren leyes "que nos reflejen", o sea, que santifiquen a la gente linda (abstemia, no fumadora, ustedes completen la lista) y condenen a los demás.
Y lo penoso de esto, lo trágico, es que ahora en Ecuador sólo hay una persona realmente linda (en sustancia y no sólo en accidentes), bendecida por todas las leyes existentes y posibles: el Presidente. Lo demás son percepciones, equivocaciones, mentiras de la Prensa.
Las paredes se van cerrando.
No, no entiendo esa obsesión con ser incluyente. Las leyes, siguiendo la útil distinción de Buendía, sí que nos tienen que incluir, en un Estado de Derecho; las personas, las tradiciones, las culturas no en absoluto, pues llevándolo a extremos, incluir también es disolverse. Una religión "incluyente" ya no es religión; como mucho es fatuo newage (palabra, para mayor ilustración del lector, que se ha de rimar con "sewage"). ¿Para qué "aceptar a Jesús como Salvador" si con ello no puedes siquiera sentir la inmensa satisfacción de poder imaginar al vecino de enfrente aullando en el infierno mientras tú en el cielo estás viendo repeticiones de Jackie Chan en pantalla grande? ¿Para qué sirve la religión, si no es para eso? Y aparte: desde hace tiempo sospecho que la inclusión es una forma de infantilismo. Por circunstancias de mi vida, genéticas, biográficas, lo que fuera, yo desde muy niño me acostumbré a ser excluido (característica que sospecho, sólo sospecho, comparto con el actual Presidente). Sufrí por ello. Pero a estas alturas... no, no diré que me hizo bien. Sólo diré que sin estas exclusiones, no sería yo; sería una persona equilibrada, posiblemente feliz, o posiblemente no, en todo caso socialmente adepto, mucho más in tune, probablemente izquierdoso de esa misma manera elegante y melíflua que la propia Buendía. Es decir que la exclusión me sirvió para definirme, para descubrirme a mí mismo. Bueno o malo, no lo sé, pero sirvió para eso, y por tanto, estoy condenado a aprobarla, porque me va la identidad en ello: en un mundo sin hijueputas excluyentes, sin la posibilidad de excluir hijueputamente, no sería concebible la existencia de seres como yo.
Sólo habría personas felices, toditos toditos con la misma permanente sensación arrulladora de pertenecer a una gran familia feliz. Un mundo en que cada persona se levantara cada día y al estirarse sonriera, pensando: ¡pertenezco a la única raza completamente no fumadora que hay en toda la galaxia! ¿No les da terror eso? A mí sí.
PD Casi me olvido. Que Dilma Roussef haya "tenido que" hacer teatro para demostrar un cristianismo mendaz al electorado a fin de ser votada, ¿qué nos enseña? ¿Lo terrible que es la religión? No: nos enseña únicamente que Dilma Roussef es inescrupulosa, hipócrita, y carente de principios, como algunos ya habíamos adivinado. He dicho.
4 comentarios:
Querido Endivio, no tengo palabras para expresar la emoción que he sentido al leerme en tu post. Tuve yo también que poner en pausa tu texto, pues tus halagadoras referencias a mis atributos físicos e intelectuales me resultaron por un momento francamente abrumadoras.
Por lo demás, como siempre; aunque no comparta necesariamente todo lo que dices, es una delicia leerte. Yo te he leído tanto. Tanto y de tantas maneras.
Muchas gracias por tus palabras, por todas y cada una de ellas. Te mando un abrazo.
Silvia
Silvia:
A veces me malinterpretan los arranques admirativos, tomándolos como ironías, pues abuso de la ironía a veces (tanto, que yo mismo algunas veces dudo del sentido de lo que escribí hace tiempo). Me alegro sobre todo de que hayas tenido la perspicacia de distinguir la ironía de lo que no lo es, y tomar lo sincero y genuino como sincero y genuino. Por lo demás, es prácticamente imposible estar de acuerdo con todo lo que digo. Ni yo mismo estoy seguro de estarlo.
Considere el abrazo virtual debidamente disfrutado (in a hugging back kind of a way). Nunca sabrás cuánto.
Escritor:
Gracias por esta entrega y "Barcelona". Encuentro algo de sentido (yo).
Sólo una confesión: siento una terrible depresión cuando leo gkillcity.com. Es normal?
Saludos.
Qué te voy a decir. Guayaquil es una ciudad deprimente: un espacio alegre sobre una ciudad deprimente fuera superchería. gkillcity me parece un proyecto positivo, y les deseo suerte. Además, ahí escribe alguna persona que admiro, como Ernesto Yitux, que estuvo entre los primeros visitantes a este blog. Pero a fin de cuentas, pedirme una opinión sobre lo que es "normal" es como pedirle una disertación filosófica a una batidora.
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