jueves, 8 de diciembre de 2011

Herpes simplex

No recuerdo desde cuándo ni quién me lo regaló. Es un virus que hace que muy de vez en cuando sientas una especie de escozor en la boca, que significa: o bien vas pitando a la farmacia a comprarte un tubo de Zovirax, la crema más cara jamás inventada, o mañana tienes una llaga fea en el labio inferior, rodeada de piel seca y rojiza. En general, los brotes coinciden con épocas de mucho cansancio, estrés o exceso de sol (léase: champear paredes), por lo que muchas veces el viaje a la farmacia no se da. La llaga desaparece después de unos días. Pero el virus no hay cómo deshacerte de él. Una vez que lo tienes, lo tienes de por vida.

Ayer encontré una nota de Carmen en mi Bandeja de Entrada, a través de Facebook. Quería saber si aún vivía. Entonces, hice algo que habitualmente no hago. Llevo tiempo con la intención de cerrar mi cuenta de Facebook, pero todavía la tenía, y se me ocurrió usarla, por primera vez en años, para visitar la página de otra persona. Bueno, casi por primera vez. Hace unos días había abierto no sé cómo esa página, y lo único que vi fue una especie de primer plano expresionista de una cara que tenía un extraño parecido con la de su madre. Esta vez, sin embargo, supongo que envalentonado por el mensaje, abrí la sección fotos. Fue el peor error que he cometido en mucho tiempo.

Esos virus nunca te dejan. Simplemente, duermen. Ayer, despertó.

No estoy para nadie. Creo que por un tiempo.