no such animal.
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Ya, los ejecutivos se durmieron, abrazados a sendos ositos encorbatados. Podemos empezar. Les seré franco: no sé si habrá un "humor ecuatoriano", del mismo modo que siempre he dudado de la existencia de un "humor inglés", o de cualquier otra nacionalidad. Por tanto, me dio curiosidad el artículo de JMLC (no puedo enlazarlo, sale en un pdf que bajé del Telégrafo del domingo pasado): pensé que tal vez ahí encontraría alguna pista al respecto. Lastimosamente, el grueso del artículo es más prescriptivo que descriptivo, pues arranca con imputaciones no sé si objetivas o no dirigidas a una fugaz primera persona singular, luego casi enseguida a esta primera persona singular le viste de "uno", número que de singular en ciertas usanzas nada tiene, para pasar cómodamente a una primera persona plural algo machacona y bien sazonada de debémoses, hayques y ecuadores diversos. Espero que no se tome como crítica si digo que ahí me pierde o me pierdo. Lo mismo da. El lector ya sabrá que al plural de la primera persona tengo una alergia sin duda demasiado reveladora de una patología que no le deseo sino a quien realmente quiera padecerla.
Del mencionado artículo, sin embargo, quiero rescatar esto:
En el Ecuador, sin embargo, tenemos las sensibilidades supurantes, como una herida infecta. Entonces, el humor sólo nos gusta cuando es sobre el otro, cuando se convierte en una simple burla artera para reducir al otro a la mínima expresión.
Me parece que eso es lo contrario al humor, porque el humor es un camino bilateral, de dos vías, donde uno da y, cuando toca, recibe.
De acuerdo: lo que acá suele pasar por "humor" es más propiamente burla. Y de acuerdo también con que no hay nada de malo en la burla, mientras quien se ría del otro sea también capaz de reirse de sí mismo, requisito que en muchos casos se echa de menos. Lo único que me preocupa aquí es que la definición del humor se ciña a esta burla idealizada de dos vías. Para mí, la burla de cualquier tipo es, tal vez, pariente del humor, pero no llega a más de eso. Lo único que tienen en común, quizás, es la asociación de ambos con la risa. Y, cabe preguntar, ¿con cuál risa? [nota para ejecutivos: ¿todavía despiertos? Pueden saltarse los siguientes puntos, a menos que suspendieron el Cambridge FCE.]
Algunos verbos ingleses que se refieren a diferentes tipos de risa:
- to guffaw: reirse explosivamente y con ganas, salpicando de saliva la mesa en un radio de unos 30cm
- to chuckle: reirse de forma algo ensimismada, con cara de gato que acaba de comerse la crema
- to chortle: reirse con los labios en forma de "O" y la garganta algo estrujada, produciendo sonidos que recuerdan a un gallo en celo; o bien, reirse de tal manera que de sólo escucharte los demás se rien
- to titter: reirse como colegialas en una asamblea, o como feligreses en una iglesia cuando el cura tiene un lapsus freudiano, cubriendo la boca con la mano de esa manera que se enseña en los "finishing schools" suizos de más renombre
- to giggle: reirse de manera condenadamente sexy y seductora, con cierta discreción y cierta ondulación de hombros que se comunica a los pechos, enseñando al mismo tiempo los dientes en los cuales no se debe apreciar ningún tratamiento odontológico fallido; o bien, reirse como si fueras la esposa de un ministro a quien se le acaba de contar un chiste soez realmente bueno
- to hoot (with laughter): reirse como una mesera de un restaurante Hooters, tras haber ingerido unos dos litros y medio de ginebra barata en un club nocturno con muy poca luz
- to laugh like a drain: pues eso, reirse como un alcantarillado o un desagüe, obvio
- to snigger: reirse como un adolescente de unos 14 ó 15 años que acaba de escuchar un chiste que contiene la palabra "fanny"; este tipo de risa requiere fruncir la nariz y los ojos y hacer un sonido que se asemeja a una grabación de un lejano carro Lada intentando arrancar, pero a una velocidad de playback de aprox. x5.
- to snicker: reirse como un jefe pervertido que acaba de pedirle a una entrevistada para el puesto de secretaria que deletree la palabra "idiosyncrasy"; o bien, reirse de una manera ostentosamente furtiva; o bien, emitir un curioso sonido nasal combinado con un repetido fricativo palatal-alveolar (el ricaner francés tiene mucho de snicker)
- to cackle: reirse como una bruja o como un bebé
- to snort: reirse como quien tiene la boca llena de cerveza cuando escucha el punchline: el sonido es aproximadamente el que produciría el hígado de un buey si fuera utilizado para limpiar la ventana de un carro en una temperatura de unos 5 grados bajo cero
- to shriek (with laughter): reirse como una aristócrata cincuentañera que acaba de reaccionar ante la noticia de la muerte de su marido tomando un complicado cóctel de downers y uppers
Lo cual se me antoja terrible.
Bueno, exagero. Mi esposa se rie de vez en cuando, sobre todo cuando me ve en la ducha. Mis alumnos se rien, aunque podría ser por puntos (hay una risa especial, "de compromiso", reservada para los chistes sin gracia, que cuando se propaga a través de una aula de clase se asemeja al titter de marras). Pero lo que más conozco de este país es más sonrisa que risa. O tal vez habría que llamarse risa silenciosa. Es eso que ves en la cara de la gente, esa epifanía de deslumbrante dentadura que aflora cuando estás caminando por la calle y de repente te caes por un hueco (en Durán, esta experiencia es cotidiana). Al principio, lo tomaba como sonrisa de burla, hasta que con el tiempo me di cuenta de que no era eso: era una simple sonrisa de gozo irreprimible al ver que los huecos en la vereda siguen cumpliendo con su acometido, es decir, que el mundo sigue funcionando correctamente. Actitud que me provoca simpatía, pero que al mismo tiempo encierra y entraña cierto peligro.
Para darse cuenta de este peligro, nada mejor que encender la tele o la radio (perdón, el radio), o viajar en metrovía más allá de lo que dura el anuncio de la Mujer Modelo. Así conocerás, o pequeño saltamontes, los siguientes fenomenontes:
Programas importadas de videos caseros en que, mientras te agarras desesperadamente al poste vertical al lado de la puerta, se escuchan cortas ráfagas de risa enlatada, que parecen de lluvia, y que acompañan a videos de mala calidad en que siempre es cuestión de un bebé en pañales que camina dos pasos y se cae, o de un perro que da saltitos, o de alguna otra ocurrencia penosamente sin gracia.
Programas televisivas y radiofónicos en que alguna payasada improvisada se presenta acompañada de un efecto sonoro copiado de una serie de dibujos animados de los años sesenta, tipo Tom & Jerry, seguramente grabado en un CD pirata y etiquetado con esfero azul de la siguiente manera:
39. Relinche de caballo
40. CLANGG!
41. sonido de correteo
42. silbido divertido
Programas televisivas en que unos soi-disants comediantes intentan hacer reir repasando ad nauseam un pequeñísimo repertorio de tics pretendidamente costumbristas, salpicados de improvisados diálogos en que cualquier bloqueo mental se sortea con el insistente ladrido de la muletilla "compadre".
Lo que tienen en común estos fenómenos es que no hacen reir, salvo a quien se ha propuesto suicidamente la meta de reirse como sea y de lo que sea. Y lo otro que también tienen en común es que dependen del estereotipo y de la costumbre. Nos reimos (así se supone) porque escuchamos reir a otros, o porque el efecto sonoro así nos pide, o porque el estereotipo social nos da licencia. En suma, se trata de una risa pavloviana. Sólo que en este país, hasta hace relativamente poco las técnicas del acondicionamiento masivo no eran muy desarrolladas ni muy efectivas. De ahí la sonrisa resignada y un tant soit peu hastiada que recuerdo tan bien de hace algunos años.
Esto está cambiando. En parte por la influencia de la cultura norteamericana que ha impuesto exitosamente la exigencia de que cualquier mujer joven que se precie no debería bajo ninguna circunstancia escribir tres palabras seguidas sin intercalar el obligatorio "lol". Que muchas de ellas, en este país, no saben siquiera lo que significan estas letras es algo que he podido comprobar en mis clases, y que de todas maneras me parece secundario, pues cuando se les informa que todo este tiempo han estado "riéndose en alto" unas 500 veces al día, el dato no parece desagradarlas en absoluto. ¿Por qué habría de hacerlo? ¿No que es buena la risa? ¿A más de sexy?
En realidad, según la teoría bergsoniana, lo que hacen estas jóvenes al apropiarse del incomprendido LOL (a más del trillado WTF y cantidad de otros anglicismos pasados de moda) es servirse ellas mismas en bandeja como materia de risa ajena: lo único que hace falta es que esta raideur mécanique, en palabras del mismo Bergson, se tope con una circonstance extérieure que la traicione. Así:
estefi me acabo d enterar lol de la muerte d tu papi lol deves estar desecha lol llamame si nesesitas algo lol lol.
Así de ridículos nos han de ver aquellos políticos que votamos (sí, se me ha contagiado el despreciado plural, ya se me pasará) cuando tras sufrir todas las putadas que son capaces de idear por capricho e infligirnos por diversión, les volvemos a votar como si tal cosa, por la misma raideur mécanique que nos impide seguir el guión que una inteligencia siquiera elemental nos parece estar dictando. Lo cual es una manera de decir que si bien no parece reirse mucho, Ecuador es un país que reune todos los requisitos para hacerle reir, largo y tendido, a cualquiera. Por lo menos, así me parecía hace tiempo, incluso antes de llegar aquí, pues en el exterior Ecuador queda definido a lo largo y ancho del gran mundo por esos manabitas que llaman a sus hijos cosas como "Semen de los Dioses", "Burguer King", "Dos a Uno" o el soberbio "Calcomanía Aeropajita de Morcillo".
Lo que nunca me convenció tanto de Bergson es su insistencia de que la risa nace de un reflejo normativo social, como reacción a las excentricidades a las que se pretende (inconscientemente) corregir. Creo que tal teoría es más fácil de sostener en una sociedad abierta que en una como la del Ecuador actual, cada vez más regimentada, subyugada y apocada, donde las diferencias entre risa sana y liberadora, burla propagandística, y simple acondicionamiento pavloviano quedan tan evidentes como el hecho de que, para reirse con ganas en este país, forzosamente hay que situarse fuera de esta sociedad asfixiante, con su superficial religiosidad, sus atávicos prejuicios y sus corrosivas envidias. Más prometedor parece la teoría bisociativa de Koestler, en el sentido que su versión de la comicidad exige simplemente el choque de dos matrices, de dos sistemas, de dos maneras de entender, sin que ninguna de ellas sea necesariamente consagrada por "la sociedad" ni ninguna entidad parecida. Así, el conocido bumper sticker de hace algunos años en que salía el Divino Niño, con la acostumbrada leyenda "Yo Reinaré", pero con la cara de Álvaro Noboa reemplazando al del Niño original: ahí sí se trata de un humor fértil, pues invita, entre otras muchas cosas, a clasificar al empresario-candidato como ícono religioso, como patrimonio cultural de los ecuatorianos, o como legítimo heredero de un reino que en derecho le corresponde, es decir invita a ahondar en barbaridades conceptuales a cuál más desconcertante, y todo ello simplemente jugando con dos universos de discurso habitualmente alejados. Nótese bien: esta imagen no era de burla a la usanza actual. Podías ser del PRIAN y todavía reirte con aquello. Ni siquiera ese titular inspirado del Extra ¡Ganó el Bacalao! dejaba entrever la saña desalmada del discurso político actual, que intenta destruir al enemigo mediante la risa sarcástica, generalmente vacía de pretexto, en todas sus modalidades desde la je hasta la juas.
Tendencia de la que pocos se escapan, aunque siempre nos queda el gran Bonil, capaz de entretener simultáneamente en varios niveles, y de resumir en una imagen de pocos trazos lo que el columnista apenas consigue palpar en cinco párrafos:
La risa no es necesariamente cuestionadora ni subversiva. Puede serlo como puede ser un amén piadoso delante del más rancio prejuicio. Pero me aventuro a decir que para cada risa tonta hay otra risa inteligente que a la primera le deja en evidencia. Claro que esto no se consigue simplemente con las ganas. Hace unos tres décadas, los "nuevos cómicos" británicos intentaron volver obsoleto el chiste racista, el machista, el tópico de la suegra, etcétera, inventándose un estilo nuevo de chiste... en que en lugar de la suegra, se burlaba del "Sun-reader", y en lugar de la esposa derrochadora, se torpedeaba al marido vago. Muchas veces con los mismos argumentos, los mismos trucos, el mismo timing. Y pensaban, en su inocencia, que reemplazar un estereotipo por otro era un gesto político socavador y revolucionario. La historia ahora se ríe de ellos.
El libro que más guffaws me ha sacado no ha sido ni el Tristram Shandy, ni La Conjura de los Necios, ni siquiera el Lucky Jim de Amis. Fue una de esas recopilaciones que anualmente hace Private Eye de los gazapos de la prensa, principalmente la británica. (Lastimosamente ya no la tengo; creo haberla citado en este blog en alguna ocasión, posiblemente acerca de los village gits.) En la primera página, a modo de ejemplo, se reproducía la foto de una joven y no muy agraciada pareja, mirando la cámara con amplias sonrisas. El pie de la foto rezaba algo así:
Terry and Sharon Wells, after seeing their home destroyed by a fire.
Así, tal cual, uno se preguntará si tan, tan hilarante era. El quid estaba en las expresiones seráficas de la pareja, en ese modo que usaba Sharon de descansar la cabeza amorosamente en el hombro del marido. Evidentemente, la foto habría sido tomada antes del siniestro, pero el ítem era una clara y desvergonzada invitación a especular sobre cuál podía ser el motivo por el que la destrucción de una casa podría dar lugar a tal derroche de risueño optimismo: o sea, el chiste encaja perfectamente dentro del esquema koestleriano. Ahora, se me ocurre que en este país, ese libro o uno parecido valdría verga: pues si bien allá en en R.hU. todo el chiste en parte descansaba sobre esa vana pretensión de los diarios a informar, acá los políticos han conseguido que a cada gazapo se le busque la intencionalidad maquiavélica. De modo que se destruye uno de los postulados (de nuevo según Bergson) del humor, que es precisamente la presunta inocencia de la víctima.
La mala leche, entonces, empaña la comicidad, y es lo que dice JMLC, y en ésas estamos.
No es necesario nada de esto, ni se trata de nada culturalmente predeterminado en este país, ni cosa por el estilo. Como decía, nunca me he podido convencer de que cualquier tipo de humor tenga que ver con la nacionalidad. Existe un humor pavloviano y es el que se intentará vender en toda sociedad regimentada: un humor, sobre todo, predecible, insípido, que no incomoda a los políticos y que haga que la producción de sitcoms se vuelva despiadadamente eficiente. Sus tópicos son lo de menos. Existe un humor que intenta destruir a través de la burla y del sarcasmo, pero que pronto se olvida de reir y se transforma en cualquier cosa menos humor. Están los que se burlan de sí mismos, pero a veces cansan: hacerse el payaso es algo en que los perros aciertan bastante más que los humanos. Donde mejor abonado se encuentra el campo para el humor, el que puede jugar con todo el diapasón de las risas según conveniencia, es allí donde se cultivan, se toleran y se comunican las diferencias y las visiones individuales, donde no hay una sola sociedad sino infinidad de sociedades configurables a voluntad, y donde, sin embargo, hay valores, guiones y cadenas causa-efecto predecibles y compartidos, de donde se puede divergir so pena de provocar carcajadas. Un lugar, por ejemplo, donde se supone que si te dedicas a la odontología no estarás ofreciendo al mismo tiempo un servicio de desparatización para perros; o donde si tu equipo de fútbol pierde muchos partidos, intentarás resolver el problema cambiando la plantilla en lugar de contratar a un chamán con tobilleras de hierbas, mucho humo y pasos de baile prestados del Mudd de los tempranos años setenta. Si este lugar tiene algo que ver con aquél en que usted vive, lo dejo a su criterio.

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