Mi esposa tiene una cantidad sorprendente de hermanos y hermanas. Su madre, quien fuera en su día la tirana de la casa, murió hace un año. Su padre, con sus ochenta años y su recia devoción a la Biblia y al trabajo duro, vive pero penosamente: enfermo, encorvado, con su ojo de vidrio y sus cuerpo enjuto. Ahora resulta que hay una conspiración entre la mayoría de los hijos por "obligarle" a darles "su parte" de la herencia de la madre. Razonan así: la madre murió sin hacer testamento, así que según la Ley (¿cual Ley?) les corresponde a ellos como hijos la totalidad de sus bienes, lo que a su vez corresponde a la mitad de los bienes del marido superviviente, pues vivían en el regimen antiguo, sin separación de bienes. Reclaman también "su parte" del resto. Entre estos inconformes, tengo a una cuñada pesada y ociosa que se casó hace tiempo con un hombre rico, ya difunto, y quien ahora malvive con los pagos del mantenimiento de la familia de éste, en consideración de los dos hijos que tuvieron. Tengo otro cuñado, "pastor" y predicador, que se sostiene con los diezmos de los cojudos, y que saca las compras en crédito de los supermercados dejando nuestro teléfono. Ahí también hay metido un abogado que no es de la familia, pero que lleva años parasitando a la gorda, haciéndole ceder sus tarjetas de crédito (los cuales vació en poco tiempo), su carro (que destrozó) etcétera, y que ahora impulsa este último pleito, hasta con la pretensión de que hay que "fiscalizar" los bienes del papá, quien hace poco cedió alguno de tus tierras en arriendo a un vecino. Porque de eso se trata: tierras. Tierras que llevan años produciendo arroz y poca cosa más. Una casa de caña, algunas gallinas, y muchas hectáreas. Estoy viviendo una novela francesa decimonónica.
Hemos tenido a este suegro mío viviendo en casa con nosotros. A mí me cae bien. No molesta nada: se pasa las horas en el patio, con su Biblia. Mi esposa hace aún todo lo que puede para evitar que el espectáculo de tanta ingratitud filial no "le mate" (tal vez literalmente) "de la ira". Pero no se acostumbra a vivir en una casa. Allá está otra vez, en el campo, arrancando arroz, y rodeado de buitres.
Algo veo que tienen en común todos los buitres: no matan la presa. Pero llevan, algunos, el parasitismo, el estar en el momento oportuno, el gregarismo amenazador, la chulería, al grado de arte. Y todo en aras de conservar energía, todo ofrendado en el altar de la divina pereza, del "no me pidas que sude". Hay quien suda mucho por no sudar. Pienso en asambleístas. Pienso en mi familia política. Inevitablemente, pienso en las leyes. Y ya que, por falta de tiempo, este blog últimamente es apenas más que un diario de asociaciones libres prácticamente inconexas, lo diré: pienso en inmunidades parlamentarias. Esa habilidad que tienen los políticos de aquí para distraernos de las cuestiones de fondo (infame obligatoriedad del voto, evidente incompatibilidad de la doctrina de "inmunidad" con la teoría del Estado de Derecho, dos elefantes en habitaciones contiguas) con el espectáculo (cambio en el sistema electoral al son de "d'Hondt worry, be happy").
Bah. Pienso en demasiadas cosas. Y en demasiado pocas, sin duda.
Mientras tanto, #misalumnos. Corregir redacciones acá, en este país, es un suplicio. De cada tres redacciones, dos obligan a hacer una búsqueda entrecomillada en Google, de la que invariablemente se colige plagio. Y cuando se les devuelve con un 0, hasta ponen cara de ultrajados. (A veces sueño con vivir en un país moderno, donde al primer indicio de plagio demostrable el alumno pierde la carrera: a veces las soluciones son así de fáciles.)
Y a veces (sobre todo cuando leo declaraciones de ciertos abogados de ciertas majestades) tengo la sospecha de vivir en un país donde el éxito de la mayoría, sobre todo en el campo político, se basa en la habilidad para copiar.
¿Y mi conclusión? Pudiera ser: qué bueno soy, qué incorrupto, etcétera. Pero no. El hecho de no haber cometido en la vida ningún tipo de plagio consciente no se debe en mi caso a ninguna virtud ni inquebrantable moral alguna, sino a la simple cobardía: no me gusta que me descubran. Y a su vez, esa peculiar preferencia tendría algo que ver con las normas de una sociedad en la que antes vivía, convenientemente asimiladas. Una sociedad en que el ser plagiador era una descalificación mayor, y no, como aquí, una manifestación de pillería algo simpática y hasta consonante con algún que otro improvisado esprit de corps ("nosotros: los alumnos, los jóvenes, los soñadores, los bacanes, los modernos, los que tenemos prioridades sensatas: ellos, los viejos, los arrimados, los hipócritas").
Si eres bacán, como arrimado te lo digo con toda sinceridad: para los crímenes sin víctimas, al menos, todos tenemos nuestro precio. "Por un beso de la flaca...", en mi caso, pero en otro universo, y no me pregunten cómo se habría de construir tal universo, en que fuera imposible ser descubierto, porque me da demasiado pereza meterme en esos detalles. Con lo cual llego a la siguiente paradoja: la inmoralidad se basa en la pereza: la moralidad, también. Y sin duda, la mejor sociedad es la que premie las diferentes modalidades de pereza de la manera más conveniente y producente.
Viciste, Ganduleo.
Hasta aquí los devaneos de una mente actualmente perturbada por falta de sueño y exceso de exámenes, líos de notas y diversas quebraderas de cabeza financierias. Me queda como ingrato deber contestar esto, de esa primera página de gkillcity que misteriosamente no quiere aparecer en mi browser pero que se me hace visible en modo View Source:
Ayer leí una entrada de un post donde dicen que los de gkillcity.com no escogemos bien nuestras causas. Que cómo se nos ocurre iniciar una acción de eliminación de registros de la Iglesia Católica, cuando hay una ley de comunicación de por medio.
Debo decir, más allá de que hemos intervenido en la Ley de Comunicación con una propuesta sobre derechos y libertad digital, que me resulto algo curioso que aún haya gente que esté interesada en que le “den haciendo” el activismo.
La verdad, no sé si esto tiene algo que ver con alguna cosa vomitada en este blog hace unos días, pero Carly Simon insiste en que sí. Por segunda vez en pocos días, me encuentro gratamente sorprendido por la atención que recibe este espacio por parte de gente naturalmente muy alejada de estos pantanosos y enfermizos ambientes, y a pesar de que mis estadísticas de visitas diarias raramente alcanzan los dos dígitos. (A este paso, tendré que hacerme a la idea de que escribo para "un público", lo cual me aterra en cierta medida.) En fin. La crítica expuesta aquí, de que quiero que me "den haciendo" el activismo, me parece un poco floja, primero en vista de que la palabra "activismo" no forma parte de mi vocabulario: no sé siquiera qué es lo que habría que hacer para ser considerado un "activista" por estos lares, lo único que sí sé es que no soy activista ni quiero serlo ni quiero impulsar ningún tipo de activismo, pues casi lo único que me sugiere esa palabra es una imagen sesentañera de un tipo con barba, camiseta de Che y un fajo de "periódicos" debajo del brazo, con mucha tinta roja. (A propósito, si alguien sabe cómo quitar una pegatina del Che de la puerta conductora de un (destarta)Lada sin dañar la pintura, comuníqueme el método en toda confianza. Tengo mis razones.) En segundo lugar, si bien la acusación implícita (la de pereza y gandulería) es dolorosamente acertada en lo que a mí me refiere, en sentido general, digamos, en lo tocante a la Ley de Comunicación, y el dato a mí mismo me sorprende, resulta que tengo escritas más de una docena de entradas sobre dicha Ley, algunas bastante extensas, lo que no parece indicar una persona que pide "que le den haciendo", si bien sí sugiere una persona que no sabe muy bien cómo aprovechar su tiempo libre de manera racional y oportuna. Pero al margen de estos desacuerdos, estoy dispuesto a aceptar que lo escrito en esa entrada sobre "esa gente de gkillcity" puede ser una fatuidad: de hecho, estoy convencido en un 67% de que sí lo es. Me estoy acordando del blog de xavierflores, cuando hace tiempo tenía un blog, donde enviaba con cierta regularidad a freir espárragos a quienes le sugerían temas "que merecían": recuerdo haber pensado en ese entonces "Kehlog Albran this guy ain't" (ya saben: maestro, háblenos del Dinero. maestro, háblenos de las Toallas Sanitarias Con Alas, etc.). Por supuesto que todo el mundo puede hablar de lo que le dé la gana; por supuesto también que la selección de temas tanto como su priorización puede ser objeto de análisis y de crítica por parte de mentes ociosas sin nada mejor que hacer. Pero mi intención no iba por ahí, sino que me limitaba a rumiar en voz alta (cosa bien peligrosa cuando tienes un Público) sobre los posibles por qué de lo que sigo considerando una campaña desconcertantemente frívola e inútil (la de los desbautizos). En fin, dejémoslo ir: el tema no da para tanto. En lo que a gkillcity se refiere, me ratifico en lo ya dicho: lo considero un proyecto positivo y les deseo suerte. Y más, si por milagro consiguien que a algún monseñor se le atragante el caviar cualquiera de estos días. Cosa que dudo, pero siempre fui demasiado cínico.
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