Tenía entonces 16 años. Al poco tiempo, se vio encombrada también de un hijo. En parte fue la simple necesidad, y en parte la inexperiencia, lo que le aconsejó, durante aquellos años, en azalea de juventud, aguantar con aquella pareja todas las golpizas, vejaciones, insultos e infidelidades que sufrió. Tuvo, según sus propias palabras, "que madurar mucho" para darse cuenta de que, aparte de una madre violenta y un esposo también violento, el mundo ofrecía más opciones: entre ellas, la independencia tanto física como económica. Hecho el descubrimiento, sin embargo, comenzó una nueva etapa de su vida, marcada por el trabajo duro, a la par de algo que ella describe con una sencilla palabra: felicidad.
Luego tuvo la mala suerte de casarse conmigo.
Hasta aquí la biografía resumida de mi cónyuge, que aparentemente tiene muy poco que ver con la de Betty Carrillo, aquella asambleísta de AP que, según su propia autobiografía, trabaja "con grupos vulnerables" desde los 15 años, y seguirá haciéndolo siempre siempre. No me queda muy claro a qué se refiere, pero para que su actual cargo de asambleísta encaje en ese perfil, se ha de suponer que la bancada de Alianza Pais en la Asamblea le merece el calificativo de "grupo vulnerable", apreciación que considero acertada desde varias perspectivas, entre las que destacaría una en especial: la sicológica. Y es aquí donde tiene algo de relevancia, creo, la historia que acabo de contar.
Para poder madurar, hacerse adulto, y volverse independiente, el adolescente suele pasar por una necesaria etapa de rebeldía, caracterizada por una actitud contestataria, voluntariosa y contraria a todo lo que se apercibe como afin a la voluntad paterna o materna. Muchas veces, eso da lugar a elecciones poco afortunadas, donde lo que prima no es la persecución racional del interés propio, sino el deseo de contrariar y lastimar a la figura paterna o materna, que a veces se encuentra interiorizada de una manera irreflexiva y, cabe decir, peligrosa. La independencia se reivindica con frases como ésta: usted no puede decirme a mí... y sin embargo, muchas veces ese adolescente vulnerable sale de una dependencia nociva para caer inmediatamente en otra igualmente mala o incluso peor, sobrellevada y justificada mediante la evocación del despotismo anterior, ahora convertido en categoría mental. Esa actitud contestataria llevada a extremos autolesivos, a veces hasta a intentos de suicidio "para que aprendan", es un poco a lo que se refieren los ingleses al hablar de gente que se corta la nariz para vengarse de su cara.
Desgraciadamente, algunas personas se quedan inmovilizadas en esta fase hasta la mediana edad, como insectos prehistóricos conservados en ámbar. Y la tal actitud contestataria puede trasladarse con extraordinaria facilidad del campo de lo personal a lo político. No creo ser yo el primero en observar eso.
Lo siguiente fue dicho en una entrevista por La Carrillo tras la visita del Presidente iraní Ahmadinejad:
(A la pregunta: ¿Qué ha ganado el país luego de esta visita?) Yo creo que las relaciones internationales que puede mantener nuestro país... son decisiones internas, y creo que lo que ha ganado es que sigamos nosotros defendiendo nuestra soberanía, que seamos quienes podamos decidir con quiénes, con qué países mantenemos adecuadas relaciones....
Es decir: no ha ganado nada, pero usted no puede decirme con quién ando y con quién no. La soberanía del país, que nadie discute, en lugar de darse por sobreentendido para proceder a buscar aliados realmente provechosos, es algo que por lo visto hay que "demostrar" a cada rato, y ¿qué mejor manera de hacerlo que invitando a la recién estrenada casucha al más gamberro del barrio, a ése que a papá le cae como una patada?
El entrevistador insiste: Iran es un país donde se ejecuta a homosexuales, donde se lapida a mujeres por dudosos crimenes sexuales, cuyos gobernantes promueven actos terroristas como el atentado a la AMIA en 1994 en que murieron 80 personas. La Constitución (Art. 416) condiciona explícitamente la política de relaciones exteriores a una serie de principios directrices, donde destaca el respeto a los derechos humanos. La Betty, tan campante:
... estuve presente en ese país, y pude ver cómo son las relaciones entre los ciudadanos, relaciones normales. Tuve la oportunidad de estar ahí. Entonces la información que muchas veces nos llega no es una información cierta.
Bien que lo diga. He aquí una "información" copiada de su cuenta de Twitter:
En Iran se han celebrado 30 elecciones libres. Eso es democracia!!!
Si desde la caida del Sha hasta hoy han transcurrido apenas 33 años, tiempo en que se intuye fácilmente que no habrá habido elecciones cada año, y si la Constitución iraní de todas maneras descarta explícitamente la posibilidad de que cualquier elección sea "libre" (entre otras cosas, somete toda candidatura a la aprobación de unas autoridades religiosas no elegidas, lo que convierte en burla cualquier pretensión democrática, o digamos que en farsa farsi), inevitablemente uno se pregunta de dónde la Carrillo estará sacando estas informaciones tan vistosamente inciertas. La respuesta, creo, es sencilla: de la boca del mismísimo Mamut (o más precisamente, de su traductor, que puede que no sea infalible). Por lo menos, no se me ocurre otra manera de explicar esa extraordinaria serie de tweets, tan incoherentes como hilarantes en su ingenuidad:
Es una imprudencia de EEUU en fabricar bombas atómicas.
¿Verdad que estos palos de ciego lingüísticos tienen más sabor a traductora pasmada que a otra cosa? Por lo que de veras os digo, hermanos y hermanas: quien nunca haya sido víctima de un malentendido, que tire la primera... digo, que tenga relaciones normales con la acusada de acuerdo a su cultura. Quiero decir que en mi opinión, tanto mi propia reacción en Twitter como la de otras muchas personas fue exagerada e injustificada (sorry Betty): hasta para concebir soberanas idioteces hay que tener cierto grado de soberanía, o si prefieren, de originalidad; y a mí me parece que lo que hay aquí no es de cosecha auténtica Carrillo 2012, sino algo mucho más persa, filtrado por la boca de una traductora (¿-ora y no -or? no me pregunten, cosas mías) y tecleado con fogosa impaciencia por unos dedos de dueña ansiosa de adelantarse a la prensa y así tener la exclusiva de las palabras del gran hombre.
¿Lo quieren más claro? Creo que La Carrillo no es una retrasada mental, aunque sus tweets puedan dar esa impresión. Es más bien una persona de mediocres luces, excesivamente inmadura, que ha renunciado a tener criterio propio y personal para convertirse en apéndice, en tonta útil, en carne de cañón de unos señores mucho más listos que ella. Es, digámoslo, ostentosamente Outer Party. Sólo así tiene sentido que, en la citada entrevista, se pone tan a la defensiva que termina desconociendo o evitando de comentar temas de dominio público, como si su libreto de vocero de AP de segunda clase ni siquiera le autorizara para oponerse, a título personal, a la pena de muerte (salvo que ésta se practique en EEUU, claro) o para condenar un acto terrorista donde hubo muertes civiles. Peor que eso, afirma, como dato relevante, que tiene de boca del propio Ahmadinejad que Irán no tiene planes de hacer armas nucleares: es decir, su ridículo guión le obliga a dar credibilidad a las palabras de un político, y peor aun, a las de un hombre.
Nada de esto tiene importancia. Alguien se abraza a una ideología, a una fe, a un partido, a un "movimiento": es su funeral. Se aprende y se interioriza el maniqueismo de etiqueta: justos versus pecadores, salvos versus condenados, ricos versus pobres, el pueblo versus el banquero egoista y corrupto, etcétera. Se le empequeñece el mundo, se le vacía de color, y los demás seres humanos se le transforman en monigotes, en figuras de tebeo. Se acostumbra a ceder su criterio a otros, a los socorridos "teóricos": doctores tiene la Iglesia (en versión Betty: "he leído"). Su boca se acostumbra a formar sílabas con sabor a papilla, eslóganes del Gran Jefe, con las que una tiene la deliciosa sensación de, a la vez, Tener Razón y Fastidiar al Patriarca Interior. Sin que se dé apenas cuenta de ello, el servilismo se instala en sus reflejos y matiza sus poses. La Causa todo lo justifica de antemano, y no hace falta apenas indagar en lo justificado. Todo eso son cosas que algunos pasamos, en mayor o menor medida, en nuestra juventud. Que haya quienes se queden allí no es de sorprenderse.
Lo que sorprende es que esto se convierta en tendencia, por un lado, sociológicamente relevante (lo que dice mucho del sistema de educación de este país), y por otro, que las personas de criterio maduro se queden viendo, como quien contempla la lluvia, mientras personajillos así se van ocupando cada vez mayores cotas de poder, y los niños se envalentonan a dictarles a los grandes cómo pueden y no pueden vivir, y hasta pretenden redactar "leyes" sobre temas que se escapan vistosamente de su dominio intelectual ("comunicación", v.gr.: hay que leer los tweets de la Betty para apreciar en su justa medida el sarcasmo inconsciente que encierra el tal proyecto). Vistas las cosas de esta manera, la Betty es y siempre será el arma secreta de la oposición, el recordatorio vivo de la miseria interior de un proyecto de esclavitud.
¡Miren! El Presidente toca un botón, y ¡se mueve sola!

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