Está ampliamente demostrada la imposibilidad humana de escuchar una canción de Bobby Goldsboro sin interrumpirla con un comentario soez y una ráfaga de risas sarcásticas. Está bien, adelante. Pero tengan piedad de los que éramos, en ese 1973, asteroides de acné en órbita alrededor de un pequeño "transistor radio", en países nórdicos donde una mujer era un ente de leyenda y la tele pertenecía a Mary "Quite Contrary" Whitehouse.
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