“I have a cunning plan”
(Blackadder, passim) Ecuador es un país pobre, pero rico en valores. Por lo menos es lo que trasciende cuando uno se pone a buscar colegio para algún retoño o retoñastro: cada colegio privado invariablemente promete una completísima “educación en valores”, y algunos hasta especifican cuáles son aquellos valores que a ellos más les interesan (amén de los derivados de las pensiones, claro). De tal manera que los papás pueden escoger con inteligencia y criterio y diseñar su descendencia a medida:
Papá: Mira, aquí en los Ornitorrincos Del Saber forman al niño en valores cívicos. ¿Qué te parece, te gustaría tener un hijo cívico?
Mamá: bueno, pero acá en los Piojitos de Cristo ofrecen valores cristianos. ¿No te parece mejor eso?
Papá: no sé, un niño curuchupa no me parece tan buena idea. ¿Qué tal si quedamos en un 30% de valores cristianos y un 70% de valores cívicos? Mira, acá en La Unidad Educativa EcoColón ofrecen valores como aseo, disciplina, iniciativa y conciencia ecológica.
Mamá: Iniciativa, eso ya no está de moda. Mejor le formamos en solidaridad. ¿No te gustaría que tu hijo sea solidario?
Papá: bueno, pues pongámosle un 18% de cristiano, un 60% de civismo y el resto lo llenamos con solidaridad. ¿Qué tal la Escuela Naval Cristiana Ecológica Bilingüe Charlas Dagüin?
Mamá: Y que sepa tocar el violoncelo.
Lastimosamente, por razones difíciles de aclarar, la mayoría de los graduados de esos centros de programación humana conductista en lugar de salir como ingeniosos híbridos de Albert Schweitzer, Mahatma Gandhi, Bill Gates, Johnny Appleseed y Teresa de Calcutta, salen copiones, relajosos, alegres, falderos, chismosos y vagos, es decir, salen más o menos como sus papás, o en el mejor y más alentador de los casos, como proyectos en construcción de ellos mismos. Por lo cual, queda demostrado que hasta en el aventajado caso de disponer de un ser humano “en edad formativa” durante nada menos que diez años, por siete horas diarias, dedicándole las atenciones de una batería de expertos en “formación”, y bombardeándolo constantemente de
valores ionizados, los resultados muy poco tienen que ver con los eslóganes publicitarios.
De lo que se podría concluir que igual que en otros ámbitos, las atribuciones publicitarias de los colegios se tendrían que interpretar como un código susceptible de traducción:
“ Valores Cristianos” = “Creemos que la incidencia de embarazos en quinto y sexto se podrá reducir haciendo que las niñas lleven un uniforme todavía más ridículo que el del año pasado.”
“Entre nuestros valores destaca el aseo y la pulcritud” = “Tenemos un baño por 300 alumnos. Por favor, lávenle al angelito antes de traerlo aquí.”
Otra conclusión sería simplemente que los seres humanos somos un caso perdido. No somos tan maleables como parecemos. En especial, cuando se trata de cambiarnos para mejor. Si alguna vez hubo una sociedad modelo, con ciudadanos tolerantes, solidarios, igualitarios, rebosantes de no violencia y de no discriminación y de no libertad, rebosantes de
valores, en fin, ésa fue la Yugoslavia de Tito: ¿qué pasó después? ¿Se acuerdan? Crear sociedades modelo no significa cambiar a las personas, sino simplemente tapar sus válvulas de escape y esperar la explosión. Siempre lo he dicho, y
pace BF Skinner: si intentas cambiar el mundo mediante acondicionamiento operativo, lo que tendrás al final no es una gloriosa sociedad nueva, sino un montón de ratas apoyándose en barras.
Y hablando de periodistas…
Ya se sabe que El Telégrafo, siendo órgano del Estado no tiene por qué esmerarse en cuestiones de redacción, de sintaxis, de puntuación, ni de claridad. Cualquier cosa sirve, total, los lectores apenas suman unos cuantos miles de resignados que esperan su turno en las instalaciones de la SRI. Pero
lo último de Von Schoettler está en una categoría aparte, y hace pensar. Veamos:
Título:
“Un gobierno de izquierda y el pueblo”Así, entrecomillado, pues esta frase la ha cogido de un artículo, como él se apresura en decirnos, de un tal Eric Toussaint (perdón, soy columnista intelectual, yo sí leo cosas): la sorprendente banalidad de la cita no parece preocuparle en lo más mínimo. Y así arranca:
Esa es la relación que plantea, Eric Toussaint, en un reciente artículo.
La coma después de “plantea” sólo se puede justificar si se trata de un vocativo, es decir, si lo que dice Von Schoettler va dirigido al propio Eric. Uno tiene la sensación de estar sapeando una conversación privada. Sigamos.
¿Cuál es la relación entre un gobierno, que se autodefine de izquierda, el ejercicio de la administración pública y sus relaciones/vínculos con el pueblo? La fricción entre esos dos momentos es clara cuando “los movimientos de izquierda pueden llegar al gobierno, sin embargo, no consiguen el poder”, afirma Toussaint. Esa problemática se manifiesta en los gobiernos de Correa, Chávez, Evo, Lula, etc.
Otra coma que sobra, y punto y coma que se echa de menos en la cita, pero no seamos exquisitos. Lo magnífico aquí es eso de “los gobiernos de Correa, Chávez, Evo, Lula,
etc”. ¿Cómo que
etc? Si hay más gobiernos en que “esa problemática se manifiesta”, ¿no valdría la pena incluirlos en la lista en aras de una buena análisis? Nada: a Von Schoettler se le ocurre que cuanto más especifica y delimita, más se expone a fundadas acusaciones de simplismo: la vaguedad es una herramienta poderosa en el discurso de izquierda (me remito a
Dave Spart). En cuanto al hecho de que a cada jefe de Estado se le nombra por su apellido, menos a ese “Evo”, me imagino que el autor y Morales serán panas del alma, o tal vez simplemente se le olvidó cómo se llamaba ese tipo boliviano. Estamos leyendo El Telégrafo: no seamos tiquismiquis.
No porque los movimientos sociales lleguen a gobernar ya ejercen el poder.
Así que gobernar no implica ejercer el poder. ¿Dónde he escuchado eso antes?
Ah, sí. La canción de cuna electoral de toda la vida:
Todo lo bueno que ha pasado en los últimos 4 años ha sido por nosotros, por nuestra gestión.
Todo lo malo ha sido por ellos, por lo que heredamos, por lo que hubo antes.
Todo lo que se ha solucionado ha sido gracias al poder que ustedes nos concedió.
Todo lo que no se ha solucionado ha sido porque no tenemos todavía suficiente poder.
Duérmete, niño, vótame, ya. Que viene el cuco…
Es realmente interesante escuchar de boca de nuestros gobernantes, o de sus voceros autorizados, la explicación de por qué todavía no tienen suficiente poder, de por qué necesitan todavía más. Atentos:
El problema de fondo radica en que una cosa es la administración de lo estatal y otra el ejercicio del poder político. Para un ejercicio de este poder es requerimiento tener poder económico.
¿Ven qué tierno y qué simpático? Esos congresillistas y ministros ya están percibiendo sueldos exorbitantes, pero no les alcanza la plata: NECESITAN MÁS DINERO (nuestro). Si no, tienen la sensación de no ejercer suficiente “poder”.
Y en ese punto las bases sociales de los movimientos se enfrentan a una debilidad estructural, pues el poder económico “está en manos de la clase capitalista”. Y esta clase, si no toda, su mayoría mira con malos ojos cualquier proyecto de corte progresista […]. Esta clase es reactiva cuando una izquierda radical o “populista”, como la denominan otros, pretende disputarle/abrir/romper el monopolio-oligopolio del control y beneficios del poder económico.
Hasta el mismísimo Don Perogrullo se queda callado frente a un mago de las palabras como este Schoettler. Si capital=dinero capaz de destinarse a fines productivos (o sea, y traduciendo para mentes enfermizas, que confiere “poder económico”), entonces no es de sorprender que el poder económico esté en manos de la clase capitalista, o sea, de aquellas personas que tengan capital, o sea, poder económico. Y tal vez tampoco es de extrañar que cuando alguien tiene algo, y otro viene a “disputarle/abrir/romper el monopolio-oligopolio” de ese algo, o sea, robárselo, ese alguien se ponga reactivo, o sea, reacciona de alguna manera, tal vez diciendo “lo siento, pero prefiero que no me roben”, por ejemplo (fíjense, sin embargo, en el recurso de la enumeración de pretendidos sinónimos separados por barras o guiones: esto, junto al “etc”, se vuelve compulsivo en Schoettler: la extrema vaguedad de su pensamiento se queda retratada en este artículo). Nótese también que los capitalistas son una “clase”, mientras que los que vienen a “disputarles” el “poder económico” son “movimientos sociales”. Ya lo dijo Correa en una entrevista reciente: para el nuevo socialista, la “lucha de clases” marxista se le ha vuelto embarazosa, y es fácil ver el porqué: si esos nuevos gobernantes logran su pretendido objetivo de hacerse con el “poder económico”, entonces ellos se transforman ineluctablemente en la nueva “clase capitalista”: el dinero según esta narrativa no ha hecho más que cambiar de manos. Lo que sucede es que las otras manos eran sucias, y éstas nuevas son limpias: esto se desprende de la denominación de “movimientos sociales”. Que en este país cualquier agrupación, por pequeña que sea, que logre combinar envidia y ambición se autoconfiera la denominación de “movimiento”, sin ruborizarse, es uno de los muchos atractivos cómicos para el visitante.
La gama económica de esta clase se sitúa en los sectores estratégicos de las finanzas, el comercio, la industria, la banca, los medios, etc.
Vaya con el etc. El tipo nos pudiera haber ahorrado esa horrísona “gama económica” tan vacía de significado: lo único que se desprende de esta frase es que Von S. cree que entre los sectores mencionados, y algún otro que de momento no se le ocurre, debe de haber hartísima plata.
Además, le es vital el control, sea como clase, casta o estamento, de las funciones del Estado: Función Judicial, Función Legislativa. Se le olvidó la Función Ejecutiva: al parecer, ya que está en manos de un tal Correa, no está demostrado que para la clase capitalista sea tan vital. Lo simpático aquí es este “sea como clase, casta o estamento”. Es decir, ante la crítica de que en Ecuador es bastante conspicuo el que los sectores de etc. no tienen el control de las funciones judicial y legislativa, el autor se defiende: “bueno, puede que no lo tengan como clase… pero como casta sí. Y si no, como estamento. Claro que no estamos hablando del Antiguo Estamento, sino del Nuevo Estamento.” O si no…
O instituciones como el Banco Central, ministerios, etc.
Es decir, en los países gobernados por gente como, por ejemplo, etc., los sectores como, por ejemplo, etc tienen el control de instituciones como, por ejemplo, etc.
De tal manera que cuando un gobierno de izquierda, entiéndase movimientos sociales de base, toma el mando del gobierno, entra a disputar, y debe y deberá hacerlo, constitucionalmente los órganos del Estado.
Así que cuando alguien dice “gobierno de izquierda” o “gobierno de etc”, se debe entender “movimientos sociales de base”. Para “entenderse” esto, es conveniente olvidar que cuando Correa se postuló para Presidente por primera vez, no tenía siquiera un partido político para respaldarlo, sino que tal partido/Alianza/movimiento social/etc. tuvo que improvisarse posteriormente de forma atropellada. Lo dicho: en Ecuador, un “movimiento social de base” se puede conseguir prácticamente de la nada, mediante esa extraordinaria alquimia en que las malas lenguas dicen que entran como catalizador los narcofondos y las Patiespeculaciones.
De ahí lo vital de una nueva Constitución, para romper con la lógica del neoliberalismo. Sin embargo, toma tiempo el disputar, en términos reales, los medios de producción. “Venezuela, que es el país donde los cambios están más avanzados, sigue siendo claramente un país capitalista”, dice Toussaint. Queda claro que las revoluciones nunca se las hace por decreto, ni con funcionarios camaleónicos que usufructúan, no siempre económicamente, sin importar el gobierno que sea, del poder.
Otro blog lo dice más claramente: si en Venezuela, después de tanto tiempo, no hay un paraíso socialista, la culpa no es del gobierno, sino de “la gente” (los mismos venezolanos lo dicen en una encuesta reciente): es decir, todo es porque “you suck”.
Los movimientos deben, progresivamente, incrementar su poder político, desde el gobierno y fuera de él, de tal manera que se emprendan las transformaciones estructurales de la sociedad. Ya la democratización de los medios de la producción que consagra la Constitución es la vía legítima y legal, sin excluir otras, para la inflexión social por parte del pueblo. “Este debe reforzar su nivel de autoorganización y construir desde la base estructuras de poder popular”. No es la idea centrar el poder en el Estado o en un nuevo Estado. Así no existe transformación. Paulatinamente, los movimientos y los gobiernos de izquierdas deben transferir las formas del poder estatal al poder popular o como se llame.
¿Han entendido? El problema al que nos enfrentamos es que los “movimientos sociales” no tienen suficiente poder económico. La solución: que “disputen” ese poder a la clase capitalista actual (y si no la encuentran, pregunten por la casta o el estamento) y cuando consigan hacerse con toda esa plata, no se olviden de buscar un nuevo nombre que legitime esas ganancias mal habidas. Pueden llamarse “poder popular”, pero seguro que hay otro nombre mejor. Piénsenlo un poco: puede ser importante.
En serio, ese “o como se llame” me sorprendió, pues es la confesión más candorosa, después de todos esos etcéteras, de que al autor le importa un rábano el producto final de ese proceso descrito: es “vital” que los “movimientos sociales” le quiten el poder a la clase capitalista, pero cuando lo hayan hecho poco importa lo que sucede después, puede que haya “poder popular”, puede que se llame de otra manera (en tal caso, presumiblemente por ser otra cosa, tal vez anarquía delincuencial o dictadura “benévola”).
Y volvemos a esos colegios tan fecundos en “valores”. Ellos “forman” al alumno: si ése sale vago, autoritario, mentiroso, hipócrita, no es culpa de ellos, a pesar de que plausiblemente dichos “valores” son los que ha podido absorber e imitar de su entorno, de parte de las autoridades del plantel. Ellos han cumplido con el guión y han predicado lo correcto, las consignas de moda y hasta los Siete Hábitos de Covey. La culpa es de esa natureza humana con la que nosotros, los gobernantes, nada tenemos que ver. Pero lo pagado no es retornable. Somos condescendientes, pero no tanto.
Entonces, es vital y urgente una alianza ideológica entre el movimiento indígena-afro y los verdes ciudadanos.
Que a los indígenas y a los "afro" se les permita sólo un "movimiento" llama la atención: evidentemente, para el nada racista Von S., todos ellos son tan igualitos que la posibilidad de que puedan militar en diversos "movimientos" no se concibe. Bochornoso, la verdad.
En cuanto a los ciudadanos, desde el fondo de su freudiana alma nos pinta de verdes. Verde (11) (según la RAE): Dicho de una persona: Inexperta y poco preparada.
Ahí está. Usted, querido lector, ha sido el primo de los veinte duros sueltos. Tenga un buen día.
Y no, lo bailado no es retornable.