viernes 5 de febrero de 2010

Corruptissima republica plurimae leges

Premio al mejor título de blog encontrado últimamente: Nappy Britain (o sea, Gran Bretaña en Pañales). Alguien ha hecho las sumas, y resulta que en ese infeliz país, desde que se eligió el gobierno criptosocialista de Blair y Brown se ha aprobado aproximadamente UNA NUEVA LEY POR DÍA. Dichas leyes sirven, por ejemplo, para prohibir a los motociclistas llevar visera oscura por la noche: o sea, para prohibir a los galácticamente estúpidos hacerle un favor al mundo colisionando contra un muro a 120km/h. Se supone que tal proceso cumple un siniestro designio autoretroalimentador, pues cuantas más personas estúpidas se salvan mediante leyes de protección artificial, más políticos estúpidos serán votados para representarlas, y más leyes estúpidas se aprobarán... etcétera.

Y pensar que ese país fue el lugar natal del mismo Darwin...

Air Vera

Carlos Vera me cae simpático. No le conozco, pero lo he visto bastantes veces en la televisión, sobre todo en el programa Contacto Directo, donde generalmente hacía, a mi modo de ver y pese a su notable afán de protagonismo, un adecuado trabajo de entrevistador, en el sentido de informarse a conciencia previamente a la entrevista, y hacer preguntas difíciles y pertinentes. No era un entrevistador imparcial, es cierto: pero también lo es que los entrevistadores imparciales son hoy en día una especie en vìas de extinción, cuyo habitat natural no parece abarcar el territorio de este país (hace algunas semanas vi una entrevista larga con Correa, conducida por un señor mayor que rebosaba servilidad y hacía alarde de modo gratuito e irritante de su amistad personal con el entrevistado: de buen seguro que para este último, se trataba de un periodista comme il en faut plus). Ahora, que los dotes como periodista de Vera no son necesariamente transferibles a la vocación de activista político, se me antoja demostrable así sea solamente por el título que ha puesto a su nuevo y decepcionante blog: Vencer el Miedo.

El título remite al mismo mensaje que también podemos encontrar en los artículos dominicales de Emilio Palacio en El Universo. Según este mensaje implícito, el gobierno actual domina a la población mediante el miedo. Si la gente no tuviera miedo, el país se llenaría mañana de protestas callejeras, y una turba de enfurecidos ciudadanos sitiaría el Palacio de Carondelet, obligando al Presidente-dictador a huir en helicóptero al más puro estilo Gutiérrez. Hay una amplísima mayoría de ciudadanos que están profundamente descontentos con el regimen, pero que se callan porque tienen miedo de... bueno, ¿de qué? La pregunta es lícita. ¿Tal vez de ser arrestados, torturados, o asesinados mediante pelotones de fusilamiento improvisados en estadios públicos? Bueno, tal vez no precisamente de eso, pues hay que reconocer que la represión en este país no llega (aún) a esos extremos... pero en fin, miedo tienen. Entonces, incumbe a los líderes de hoy o de mañana, a los héroes, a los Vera y a los Palacio, mostrarse valientes, "vencer el miedo" propio y ajeno, asumir impresionantes riesgos para alzarse en contra del tirano, así sirviendo de ejemplo a los demás, a ese tímido pueblo que sólo necesita eso, un líder (o tal vez dos ó tres)... Claro que no dicen todo eso. Pero, desgraciadamente, algo así es lo que se da a entender con tanta referencia a ese "miedo", unida a tanta preocupación en torno al tema del liderazgo, llegando al punto (en el caso de Vera) de pedirle a Nebot que se yergue "en catalizador", o sea, en líder nacional de la oposición, para de esta manera cumplir con su, ejem, "compromiso con la historia".

Vaya manera de condenarse de antemano al papel de perdedor.

No sé cómo puede habérsele escapado a Vera el hecho de que, si bien sigue siendo un peso pesado electoral en Guayaquil, Nebot no tiene fuerza de convocatoria alguna en el resto del país. Ni merece tenerla. Yo llevo sólo cinco años aquí, pero he visto tantas muestras de prepotencia, de cinismo, de corrupción y de brutalidad por parte del Municipio que él regenta, que casi estoy por decir que como hipotético Presidente él sería todavía peor que Correa: lo innegable es que habría más represión y más brutalidad policiales. La simple sugerencia de que ese hombre podría un día comandar a las fuerzas armadas y la policía nacional me parece francamente aterradora. Pero dejemos eso de lado. Lo que no recibe análisis ni mucho menos justificación alguna en lo escrito por Vera es esa supuesta necesidad de un líder, de un "catalizador"; y si a tal supuesto no demostrado, se une aquel otro, más garrafalmente fantasioso, el supuesto de que si no hay más señales de protesta o de inconformidad por parte del pueblo es por el "miedo" - entonces, la confusión y la incoherencia están servidas.

Seamos francos. Es divertido insultar al enemigo... o si no divierte, por lo menos sirve para ventilar frustraciones y quemar excesos de adrenalina o de testosterona. Tanto Palacio como Vera tienen buenas y legítimas razones por considerarle enemigo a Correa. Es comprensible que quieran usar su espacio mediático para hacerle daño al enemigo, en un sentido digamos que emocional, arrojándole epítetos que se supone servirán para irritar y descomponer al adversario (y las reacciones de Correa demuestran que algunas veces por lo menos dan en el blanco). Por tanto, cuando observan que al Presidente le encanta ser popular, hasta el punto de dedicar cada sábado mañana a esa tarea, ¿qué mejor manera de insultarle que pintarlo como ogro y sugerir que la gente le tiene miedo? El problema surge cuando los insultadores se creen sus propios insultos. De decir, en plan malicioso, que la población del país tiene miedo del gobierno, a creerlo de veras, sólo hay un paso... y es un paso muy pequeño para quien no tenga vocación maquiavélica y que se considere a sí mismo como una persona honesta y frontal: "si lo he dicho, debe ser porque así lo creo..."

¿Realmente lo creen Vera y Palacio?

Tal vez, a estas alturas, lo creen a medias. Y en parte, porque no se han inoculado contra el mito del liderazgo, contra esa enfermedad mesiánica que todavía tanto daño hace en este continente. Según ese mito, el pueblo es tan inconsciente que puede tener miedo sin saber que lo tiene, y en todo caso es capaz de no saber realmente lo que quiere, por lo cual hace falta que una persona de privilegiados dotes, un líder de opinión, articule esos deseos, temores y necesidades. Claro que a medida que ese líder vaya ganando más influencia y poder, ese pueblo le irá pareciendo cada vez más tonto, más lerdo, más incapaz de expresarse ni de cuidar siquiera de sí mismo, por lo que la articulación de las verdaderas necesidades del pueblo requerirá cada vez mayores dosis de imaginación y de intuición: el líder entonces se revela como un ser excepcional con una especie de enlace telepático permanente con el alma del pueblo. Algo así, evidentemente, ha ocurrido en la trayectoria de Correa, que probablemente en sus inicios ni soñaba con que algún día, iba a ser capaz de intuir que "el pueblo" necesitaba que se le cerrara un canal de televisión popular, por su propio bien.

En contra de esta vía de pensamiento que conduce directo al autoritarismo, hay otra que predica que si vamos a ser activistas políticos, debemos dejar de lado el ego y ponernos a escuchar. Por lo menos, de vez en cuando. Y si lo hacemos, nos daremos cuenta en seguida que si la gente no protesta más ahora, no es mayoritariamente por miedo, sino por otros motivos que serán diferentes según el sector. Algunos no protestan porque la Revolución Ciudadana les ha servido para algo, muchas gracias. Otros, porque creen, tal vez erróneamente (eso es otra historia) que ha servido a la mayoría, a la que respetan; o porque creen (todavía, y por increíble que parezca) que el partido de Correa tiene alguna autoridad moral y ética en su haber. Otros, porque creen que protestar no sirve para nada. Otros, porque no ven alternativas viables por ningún lado. Otros, porque ya están haciendo las maletas para marcharse. Otros, porque la vida es demasiado dura como para permitirse el lujo ni el tiempo de protestar. Puede haber otras razones. Si queremos ser activistas políticos, debemos conocer todas esas razones de memoria, con sus respectivos porcentajes; no caer en el facilismo de blandir el primer insulto que se nos ocurra como si fuera un adecuado sustituto para el análisis.

Por eso le quisiera decir a Carlos Vera: aterrice. Vuelve a la realidad. Ahora, lo que le hace falta a la oposición no es mayor capacidad para insultar, sino principios claros, y precisión en el análisis de la realidad, sin ningún elemento de wishful thinking.

"Hoy nuestro deber ES, rescatar la patria entregada a Chávez por su socio."

Esto suena bien, pero no es del todo cierto (es una exageración algo simplista), y esa pequeña distancia que hay entre retórica y realidad es lo que debilita el mensaje. Hay que decir la verdad: que la Venezuela de Chávez representa hasta cierto punto y en algunos aspectos puntuales el probable futuro de Ecuador en caso de que este gobierno siga algunos años más en el poder. Eso, de por sí, habida cuenta de ciertas realidades de tal país (donde, ahí sí, están descubriendo ahora ese miedo a la represión que los cubanos ya conocen sobradamente bien, y del que acá todavía no tenemos todavía mucha idea) ya es lo bastante preocupante como para servir de mensaje de la oposición. Pero la exageración, en ese tipo de discurso, no funciona y es contraproducente. Es ser el niño que gritó lobo. Es invitar a la esplenética indiferencia.

Finalmente...

Si se mofan de él en el programa Vivos, no creo que sea por orden del gobierno, sino porque los de Vivos a la hora de mostrar verdadero ingenio y humor no son tan, tan vivos, y en todo caso tales burlas son todo un cumplido respecto a la influencia que Vera todavía ejerce pos-Ecuavisa. No se puede ser activista político sin ser caricaturizado, así sea torpemente. Citar tal cosa como parte de ese "récord de ataques infamias" (sic) puede interpretarse como inmadurez: la piel hay que tenerla un poquito más curtida, y por otra parte hay que saber distinguir también entre mala leche y crítica constructiva.

miércoles 3 de febrero de 2010

Bailando con lobos

Una vez, tuve el honor de conversar en persona con Tove Janssen, autora finlandesa de la serie de libros infantiles de los Moomintroll, relatos que devoré de niño y que estaría dispuesto a infligir en mi hijo bajo la muy improbable hipótesis de que yo llegue a vivir suficiente tiempo para verlo leer. Me viene ahora a la mente por un episodio que forma parte secundaria de la trama de unos de esos cuentos.

Hay un perrito, no recuerdo el nombre, de aspecto tristón, que rechaza la sociedad de los simpatiquísimos animalitos que lo rodean y se pasa el día llorando, y la noche escuchando el lejano aullar de los lobos en las montañas, a los que evidentemente considera como sus verdaderos hermanos.

Un día, desaparece de su casa. Se ha ido, por fin, a buscar a sus congéneres, a reunirse con ellos para gozar de esa vida de manada que es su verdadera vocación.

Por fin se encuentra con ellos, en una planicie cubierta de nieve en lo alto de las montañas. También, en pocos segundos, se da cuenta de que la mayor aspiración de su vida ha sido una terrible tontería. Esos lobos que lo rodean, que salivan y se acercan paulatina e implacablemente, no son sus hermanos. Son depredadores, y él es la presa...

No, compren el libro.

Lo que a su vez recuerda a Bill Bryson citando a Alan Walker sobre un hipotético encuentro entre un ser humano contemporáneo y un especimen vivo de Homo erectus: "If you were to look one in the eyes, it might appear superficially to be human, but 'you wouldn't connect. You'd be prey' ".

O tal vez a ese título maravillosamente ridículo del género folk-feminist: Women Who Run With The Wolves. (El libro omite mencionar que las mujeres que intentan tal proeza en general se encuentran con que sus vísceras corren en sentido diferente a sus extremidades o a su cabeza).

No he visto la película, pero parece ser que Avatar tiene el mismo argumento que Bailando con Lobos, y que la fantasía central vierte de nuevo sobre esa cultura superior, pacífica, esa vida en armonía con la naturaleza, incluida la lupina, esa maravillosa sencillez llena de sabiduría, respeto y exquisitez emocional, que caracteriza a las sociedades primitivas o en todo caso precapitalistas. O que las caracterizaría, si solamente alguien pudiera encontrar a un ejemplo fehaciente de lo descrito en alguna parte, maldita sea.

Lo cual no es para nada de sorprenderse: desde tiempos inmemoriales se ha idealizado lo antediluviano. Sólo que en la España del s. XV, por ejemplo, esa cultura primitiva y pacífica se poblaba con pastores, con nombres como Amaryllis o Syllibichis, que se pasaban el día componiendo sonetos amorosos acerca de los bellos ojos de Daphnis o de Salmonellis, pues el cuidado de las ovejas realmente deja a uno con mucho tiempo libre; en cambio, la nueva cultura primitiva idealizada se ha desplazado a un planeta lejano, de nombre Pandora, poblado por seres que parecen famélicas supermodelos sacadas de las pasarelas de París, con cierto exceso de arreglo maquillajístico.

Está dicho: algún sesudo comentarista de El Telégrafo, si no ha pasado ya, escribirá una columna explicando lo bien que la película refleja la dicotomía entre el capitalismo imperialista, brutal y agresivo, y la pacífica cultura de los pueblos primitivos, con su sumak kawsay, tan amenazados y explotados hoy en día.

Así, tal vez, conseguirán olvidar la vergüenza que pasaron los mismos comentaristas al alabar a ese cineasta tan independiente y políticamente astuto que era Oliver Stone, el de la panegírica sobre Chávez, cuando después se enteraron (¿se habrán enterado?) de que el mismo ahora planea hacer otra sobre la vida de Adolf Hitler, figura que al igual que Chávez, "hay que verlo en el contexto de su tiempo y sin prejuicos".

Podría haber esperado por lo menos un tiempo decente, ¿no?

El Bill Gates del cambio climático

Imaginen que se va a organizar una conferencia mundial con el fin de estandarizar el desarrollo futuro de la industria informática. Habrá nuevos protocolos para el intercambio de información a través de la Red; también nuevos estándares obligatorios para los sistemas operativos. Se rumorea incluso que se introducirá en la Red una especie de censura encubierta, junto con una cuota obligatoria que tendrán que pagar todos aquéllos que quieran seguir aprovechándose de la tecnología actual, y de la relativa libertad de acceso al Internet de que actualmente gozamos.

Luego resulta que el organizador de tal conferencia, a más del autor del principal documento que establece el marco y las bases de discusión, se llama Bill Gates; y la "cuota" propuesta irá a parar en gran medida en subsidiarios de la empresa Microsoft.

¿No sonaría un poco sospechoso?

Pues resulta que eso mismo ha pasado con el tema del cambio climático y la reciente conferencia de Copenhague. El presidente del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés) de la ONU, el Dr Rajendra Pachauri, principal promotor de la Conferencia de Copenhague y considerado como vocero privilegiado, en lo político y a nivel internacional, de las conclusiones de los científicos climáticos (a pesar de no ser científico él mismo) resulta, según revelaciones recientes, ser también un hábil hombre de negocios que lleva una década acumulando intereses financieros en empresas que explotan la nueva moda de lo climatológicamente sostenible. Actualmente tiene una veintena larga de cargos como asesor o director de empresas que en muchos casos usan fondos públicos (de la Comunidad Europea, y del estado británico, a más de fondos gubernamentales de su país natal, la India) para llevar a cabo proyectos de tecnología "alternativa", o en otros casos se benefician del mercado de los "créditos de carbono" que nació a raíz de la Conferencia de Kyoto. Los autores de este artículo suponen que con tantos cargos el tipo debe de ganar varios millones de dólares anuales, pero es pura suposición, pues al buen Doctor no le gusta dar demasiados detalles al respecto. Su principal empresa, con la que lleva más tiempo trabajando (3o años) se llama la Energy Research Institute, anteriormente la Tata Energy Research Institute (TERI), lo cual revela su relación con el grupo de empresas Tata, actualmente dueño de las marcas Jaguar y Land Rover, entre otras más exóticas. Esa empresa tiene en su haber la impresionante hazaña de haber desplazado a miles de pobres aldeanos en las zonas indias de Orissa y Jarkhand, para desarrollar proyectos de minería y siderurgía en esas tierras.

En fin, un tipo listo que seguramente bien se merece los millones de que le hacen acreedor tan notables manifestaciones de viveza, de clarividencia respecto a las tendencias de la moda catastrofista y de certero instinto carnívoro (en sentido metafórico empresarial: como buen hindú, es vegetariano). Pero que le tendría que hacer sentir un poco de vergüenza a cualquiera que se haya tragado el cuento del calentamiento global antropogénico "controlable" - controlable, eso es, siempre y cuando se invierte en productos auspiciados por las empresas que este hombre patrocina.

Genio y figura.

Ofmice (and men)

En El Universo de hoy se revela que más de 4.400 alumnos ingleses fueron pillados copiando en exámenes el año pasado, práctica que se asocia con las facilidades prestadas por la tecnología actual (celulares, Ipods, etc). Me siento tentado a asegurar que este fenómeno es relativamente nuevo, pues no recuerdo ningún caso conocido por mí de gente que copiaba en los exámenes allá en los 70, cuando fui colegial en tal país. En realidad, no puedo asegurar tal cosa. Lo único que puedo decir es que, primero, nunca se me pasó por la cabeza copiar en ningún examen, y segundo, en mi juventud en el Reino hUnDido la "cultura escolar" no alcahueteaba tal posibilidad: si había gente que copiaba (de acuerdo, podrían haber sido muchísimos) bien calladito se lo tenían, pues confesar tal cosa les hubiera ganado el desprecio y la mofa de sus compañeros, y con razón. Copiar en un examen es una manera de robar (una nota, un título), acción propensa a encolerizar a los que prefieren ganarse lo suyo con esfuerzo, a la antigua usanza; también es reconocerse a uno mismo como incapaz y como perdedor. Que en Ecuador, según lo que he podido comprobar personalmente, en una típica aula de 30 alumnos universitarios unos 25 se dedicarán a copiar siempre que pueden, ante la complacencia de sus compañeros, otros dirán lo que puede significar respecto a la cultura de este país. ¿Que prima la "solidaridad" por encima de los valores "egoistas" de la competencia? Puede ser (para los copiones). Pero no era eso de lo que quería hablar, sino del nombre de la entidad que proporcionó el mencionado dato en primer lugar. Ofqual.

Fui británico, a regañadientes, hasta el año 1986, cuando me largué del país para no volver, salvo de visita. Mis nociones del país se quedan en recuerdos y adolecen de un notable desfase temporal. El país que recuerdo nunca hubiera aceptado que se impusiera, por ejemplo, ese totalitarismo light que consiste en la posesión obligatoria de una cédula de identidad. (Todavía hay quien se resiste: por ello el gobierno actual está gastando ingentes sumas en propaganda en torno al tema). Paradójicamente, sí aceptaba, "desde siempre", la necesidad de tener licencia para poseer un perro o un televisor. Gente rara, esos británicos. Yo nunca los entendí bien. (Por si sirve de aclaración, mi mayor razón para largarme del país es que allí no hay mujeres, y en el resto del mundo en cambio sí.) Pero lo que sobre todo no podía existir en ese país que recuerdo, vamos, era impensable, es una organización con el nombre de "Ofqual".

¿Por qué? Bueno, aquí van unos nombres de instituciones que recuerdo de ese país de anteayer:

The Cambridge Examining Board
The Office of Fair Trading
The Citizens Advice Bureau
The Milk Marketing Board
The Greater London Council
The Royal Society for the Protection of Birds

¿Qué tienen en común todos estos nombres? Pues que son claramente descriptivos de la función de la organización, sin arrastrar ninguna ambiguedad. Es cierto que en algunos casos se podían abreviar, pero de un modo respetuoso: el Citizens Advice Bureau (para el que trabajé como voluntario durante algunos años) entre los entendidos se podía decir C.A.B., eso sí, sin convertirlo en acrónimo, lo que hubiera dado lugar a todo tipo de confusiones ("You want me to call a cab?"); la mencionada sociedad para la protección de las aves, que en sus mejores días tenía una fuerza política digna de tomar en cuenta, era RSPB para los ornitólogos. Pero a nadie se le ocurría que el Milk Marketing Board quedaba bien como Milmarbo, o que la Royal Family, llegados a eso, se podría comercializar adecuadamente como RoyFam. Eso sí, algunas de las abreviaturas de venerables organizaciones, sobre todo sindicatos laborales, tenían sus versiones cariñosamente eufonizadas: el GMBATU, sindicato que en versión widescreen era el General, Municipal, Boilermakers' and Allied Trades Union, para los entendidos quedaba mejor como "Jam Butties", o sea, como sánduches de mermelada, lo que no era de confundir con "Jam Sandwiches", que era el modo de referirse (entre camioneros) a los carros de policía.

Lo que no me gusta de OfQual, aparte del hecho que suena bastante como offal (esas partes del animal que no son carne y que pueden servir para alimentar a los perros) es esa vocación OfUscadura que viene implícita en el nombre. En lugar de utilizar una simple abreviatura, que en este caso podría ser OQER, la cual remitiría, para los curiosos, a una simple consulta de dilucidación, se crea un nombre que pretende instalarse en la conciencia pública sin sugerir apenas nada más allá de sus sibilinas sílabas y algún que otro malentendido (que "Of" remita a "office", puede ser: "qual", para la mayoría, podría sugerir "quality", lo cual aquí sería un error). Este nuevo hábito de truncar los nombres para crear abreviaturas chic a lo Microsoft también salió hace poco en este blog para el caso de la OfCom (Office of Communications, la nueva organización para la censura radiotelevisiva en el Reino hUnDido). Sin duda ahora el país se estará llenando de OfThisses y de OfThats, a medida que la fiebre regularizadora del gobierno criptosocialista arrastre la nación hacia el totalitarismo estilo 1984. La referencia a esa novela no es casual, evidentemente: fue el propio Orwell, en su largo prefacio a tal obra, quien arremetía contra esas abreviaturas que según él eran una forma de esconder la verdadera naturaleza o los origenes de una organización: él citaba el caso del Comintern, que en sus orígenes era la Communist International, pero que en su fase estalinista se abreviaba así para que no se notara tanto la vocación internacionalista de tal organización, que quedaba reducida a una jerarquía burocrática sumisa a las órdenes de Moscú. Para alguien de la generación de Orwell, el siniestro afán estatizante y eufemístico que daba lugar a nombres de organizaciones como Nazi, Gestapo, Komsomol o GULAG se rechazaba por instinto: que ese instinto se haya perdido me parece, simplemente, un dato significativo y tal vez preocupante.

En fin, hay que reconocer que como moda, esas abreviaturas arrasan ahora dondequiera. Aquí tenemos nuestro MIDUVI: que alcen las manos quienes, al escuchar este nombre, no pueden sino imaginar una bella dama rodeada de uvas en plan sibarita o en plan peel me a grape, Beulah. Cualquier cosa menos una casa mal construida con techo volador. Es que los nombres que les damos a las cosas no son inocentes. Por eso, propongo que en lugar de "copiar", se hable de Socialización Puntual y Encubierta del Conocimientos: para que en el futuro los graduados de universidades ecuatorianas puedan hacer alarde de esas técnicas de SoPEnCo que les han catapultado hacia los mejores puestos burocráticos en el nuevo regimen.

martes 2 de febrero de 2010

Tartuffe got nothin' on this joker

Realmente, es para desternillarse de la risa.

Cuando llegué a este país, el Presidente de la República era un tal Lucio Gutiérrez. No tuve mucho tiempo para hacer indagaciones al respecto de ese tipo: entre mi pequeño círculo de conocidos, se comentaba que era un mentiroso consumado, pero al mismo tiempo se le concedía cierto nivel de éxito en el manejo de la economía. Pensé que se trataba del típico caso de un político que llega al poder con eslóganes izquierdistas, que luego se trocan en un pragmatismo de incierto tinte ideológico, algo al estilo de Felipe González en España, a quien muchos todavía no perdonan su abandono del marxismo en Suresnes y su llamativo volte-face en torno al tema del ingreso en la OTAN. Pero a medida que pasaban las semanas, y pude ver esos hilarantes anuncios de autoadulación en la tele, el tal Gutiérrez empezó a revestir para mí cierto patetismo. No era muy claro para mí el por qué, pero era evidente que se sentía arrinconado; tan evidente como que no tenía la necesaria astucia para ejercer de estadista por mucho tiempo.

Luego vino esa sorpresa teatral de la breve visita de Abdalá Bucarám a Guayaquil. Esa visita, festejada por algunos y motivo de escándalo para otros, junto con esa larga y sinuosa telenovela de la Pichicorte, que para mí era fascinante a pesar de que no conocía los personajes ni su historial (la verdad, para un recién llegado desde España el término pichicorte evocaba más que nada alguna proeza de la Bobbit, que recién por esas fechas supe que era ecuatoriana), al parecer fueron los dos detonantes de lo que pasó después, que no sorprendió a nadie excepto a mí.

Para aquellas fechas yo ya daba clases en el Colegio Bilingüe Pequeños Ornitorrincos del Saber, en la Juan Tanca Marengo. Recuerdo esa sensación de viva curiosidad que sentí cuando tocó asistir al siguiente Momento Cívico (lo de "momento" es un decir: había que escuchar el himno nacional ecuatoriano entero, a más del estadounidense). Sabía que la Rectora del colegio se sentiría obligada a soltar un pequeño discurso y que era imposible evitar el reconocimiento explícito de que el país acababa de sufrir un golpe de estado. ¿Qué nos diría? ¿Que era menester rezar para que las legítimas autoridades democráticamente elegidas se restablecieran en el poder? ¿Que tendríamos que ejercer una resistencia pasiva contra los golpistas? Cuál fue mi sorpresa al escuchar que, "cualesquiera que fuesen las razones que una u otra parte pudieran tener de su lado", lo que tocaba era desear con todas nuestras fuerzas que al nuevo Presidente se le guiara y se le iluminara Dios para que tome decisiones acertadas en beneficio de todo el país. Y nada, a seguir con las clases. Se acabó la fiesta.

Recuerdo preguntarme: ¿qué significará democracia para esta gente?

Pasó sin pena ni gloria la corta presidencia de Alfredo Palacio, y vino el turno de Correa, un joven listillo que salió al parecer de la nada para ocupar el puesto de Ministro de Economía en el gobierno interino, golpista si se quiere, de Palacio; recuerdo que a los periodistas de Radio Sucre el tipo les caía muy bien: era locuaz, muy seguro de sí mismo, un tantico arrogante, con respuestas para todo. Empecé a escuchar aquí y allá "ése se candidatizará para Presidente", y pensé que era poco probable tal cosa, pues el brillante economista tenía de todo menos un partido que le apoyara, y acá, sin un partido no vas ni a la esquina. (Así de wrong about everything me empecé a mostrar desde temprana edad. También creí que iba a ganar la Cynthia. Cuando soy malo, soy muy malo.) En fin. El tipo sí se presentó, y ganó de manera espectacular, aparentemente sin trucos (con algunas mentiras, eso sí, pero con los políticos ya se sabe. Una campaña electoral sin mentiras sería como una Navidad sin regalos.)

Lo que no fue tan claro de inmediato, sino que poco a poco se fue descubriendo, era que con el cambio de regimen se había producido también un cambio sustancial en la cultura política del país, que si antes se caracterizaba por la hilarante incompetencia, la improvisación, la irresponsabilidad y cierto toque dionisiaco de borrachera y frivolidad, a partir de entonces se transformaba en un acoso mediático permanente conducido con fría eficiencia, en alarmantes manifestaciones de groupthink y doublethink, en una brecha vertiginosa entre retórica y realidad (por ejemplo, se arremetía contra la vieja partidocracia al tiempo que se ofrecía pingües sinecuras a todos los miembros de dicha partidocracia que no se autodescalificaran voluntariamente) y en la institucionalización de la corrupción. De tal modo que todo aquello que antes escandalizaba (por ejemplo, que un Presidente electo pudiera crear una Corte Suprema a su imagen y semejanza, con un amigo personal a la cabeza) parece moneda pequeña al lado de lo de ahora, sin que a nadie le parezca extraño ni piense en derrocamientos y defenestraciones. Y claro, es precisamente esta nueva cultura de hipocresía ilimitada la que tenemos que colocarle como trasfondo a las recientes declaraciones de Correa, para poder entender de dónde saca tanto desparpajo. Es que se supone que ya estamos todos acostumbrados.

Los detalles se pueden leer en Ecuador Sin Censura. Basta con esta breve cita:

"Nosotros no vamos a legitimar un Gobierno cuyo origen es ilegítimo, no se pueden legitimar elecciones bajo un gobierno de facto, ¿qué garantía tienen esas elecciones? además de que no se permitió terminar su periodo al gobierno democrático del presidente Zelaya", sostuvo Correa, que aclaró que la actitud de Ecuador no significa un rompimiento con el pueblo hondureño."

(Rafael Correa, elegido por primera vez en elecciones bajo un gobierno de facto, tras no poder terminar su período el gobierno democrático el presidente Gutiérrez. Se supone que tal negativa a legitimar a los ilegítimos no significa un rompimiento consigo mismo.)

Es que es para mearse de la risa. Cuando termine como Presidente, que se ponga la nariz roja y desplazará al mismísimo Tikotiko.

lunes 1 de febrero de 2010

"Si no te pagamos es por tu bien"

Creo haber mencionado en algún lugar que desde hace un tiempo vivo en la más extrema pobreza. Tal vez tendría que precisar que parte del problema estriba en el hecho de que trabajo como profesor en la ESPOL, bajo un regimen laboral de "no dependencia", es decir con pocas horas y sin ser asegurado. Ocurre que hace casi un año, las autoridades daban esa opción a los profesores que no querían comprometerse a un horario más extenso, en mi caso porque por aquel entonces tenía el proyecto de abrir mi propia academia (que luego fracasó estrepitosamente). La opción se basaba en la Ley vigente, que decía que se puede trabajar hasta 10 horas semanales en una institución educativa sin entrar en relación de dependencia. Cuando ya nos habíamos comprometido a tal opción, vino la primera sorpresa: el salario (magro, por supuesto, como corresponde con tan pocas horas) se pagaría al final de cada "parcial" y no cada mes. Esto, por decisión del gobierno, a quien ahora corresponden todos los pagos: se supone que para simplificarles la tarea.

Por tanto, la paga correspondiente al primer parcial tocaba en noviembre. En tal mes, pregunté, y decían a principios de diciembre. En diciembre, pregunté y decían que seguramente para Navidad. Nada. Estamos en febrero y todavía no han soltado ni un centavo. Tengo entendido que todos los profesores que se acogieron a ese regimen de 10 horas semanales están en el mismo caso.

Se me ocurrió preguntar, allá en la ESPOL, cuál era el problema. Dicen que el gobierno ahora sostiene que la Ley que dice eso de trabajar hasta 10 horas en relación de no dependencia "no se había hecho para ese propósito". Es decir, la posición gubernamental es que la ESPOL no tenía que dar trabajo a profesores por tan pocas horas. Seguramente, si se les preguntara a los representantes del gobierno dirían que eso es "explotación". Es decir, yo mismo escogí trabajar en un regimen de explotación a pesar de que me ofrecían una alternativa, de 30 horas semanales aseguradas. Pero en el momento de escogerlo, eso sí, creía que me pagarían las pocas horas trabajadas. Creo que fue una ingenuidad.

En mi casa todos tenemos hambre. Como ya mencioné, no puedo ni arreglarme los zapatos, que se me están deshaciendo. Vivimos a base de pedir prestado acá y allá. Y todo porque el gobierno quiere erradicar la explotación, aunque sea, como en mi caso, la autoexplotación.

¿Saben qué? Preferiría seguir explotado y recibir algo, alguna remuneración por todas las horas trabajadas, a que este gobierno me proteja contra los explotadores negándose a pagarme. Y creo que todos los demás que están en el mismo caso dirían lo mismo.