martes, 2 de septiembre de 2014

What's wrong with a kiss?

Me hago viejo. Hasta yo me doy cuenta. Para mí, una novela romántica, apta para consumo femenino, era una historia sobre un tipo llamado Jasper o Brett o Rocco o Rollo, que era heredero de una inmensa fortuna, o bien médico famoso, que tenía un oscuro secreto pero nada que no pudiera solucionarse instantáneamente con el desabrochar de un sostén, una vez resueltos todos los malentendidos y allanado el camino al altar. En esa historia siempre habría una cena romántica en un restaurante, y un intercambio de misivas, y una sugerente dedicatoria, y lo que el tipo no sabía sobre vinos se podría inscribir con perfecta caligrafía sobre los testículos de una hormiga. Ese mundo, al parecer, ya no existe.

Lo que la chica de hoy quiere leer es bien otra cosa. No hablemos de las Sombras de Gray o novelas de nalgadas, que todavía se ajustan bastante, digamos religiosamente, al canon romántico. Olvidémonos inclusive del género vampírico, aunque ya perturba un poco que la mujer posfeminista quiere no solamente que le vapuleen la colita sino que también le pinchen el cuello, al parecer no al mismo tiempo (por ahora). No, lo que me deja realmente perturbado es esto:










"Estoy harta de los hombres. No devuelven las llamadas. No quieren comprometerse. Nunca se acuerdan de tu cumpleaños. Pues yo digo, basta. A partir de ahora, si salgo con alguien va a ser con un reptil de siete toneladas y cuatro metros de alto, dentadura enorme llena de mortíferas bacterias, brazos cortos y atrofiados, y un rugido horripilante. Para que vean."

La verdad, me siento viejo.

Disnealandia

Tocan exámenes. Toca ser buitre, inmóvil, escudriñando el aula. Traigo cola y caramelos pero no son suficientes. El sueño, agachado, acecha detrás de mi cabeza. En cualquier momento ataca, y luego no sé si habré cerrado o no los ojos, ni el tiempo que habrá pasado. De reojo, miro el reloj. Al parecer, la dormitada duró apenas un minuto, al igual que la de ayer en el semáforo. Cuando te duermes en el semáforo la gente pita: acá no. Algunos ojos especulativos se han dado cuenta. Son pocos, o bien, los demás hacen ver que no ven. Es curioso eso de no saber si tus ojos están abiertos o no. Es que acá da más o menos lo mismo. Nada se mueve. Vista o memoria, lo mismo da. Lo único que se mueve es el pensamiento, y éste, a galope de caracol.

A Correa le se subieron los humos hace mucho: ahora, quiere subírnoslos a nosotros, también.
"El que quiera seguir envenenándose, lo puede hacer, pero que pague un poquito más cuando la propia sociedad tenga que atenderlo por su propia irresponsabilidad", manifestó el Presidente en su intervención ante los medios. Pues yo tengo una mejor idea: irresponsabilidad o no, que cada uno pague lo suyo. Ahí ya no habría injusticia, ni puede haber quejas. El que, como yo, haya fumado toda la vida, el día que necesite, como yo, de algún cuidado médico, que lo pague de su bolsillo, y si no puede, que medite el significado de "responsabilidad" mientras enchufa la manguera al tubo de escape del automóvil. Pero mientras... ay, mientras. Si no fuera porque toda la vida uno ya ha pagado, con cada paquete de cigarrillos, entre el 60% y el 80% (según país) en impuestos, sumando miles de dólares; si no fuera porque este "que pague un poquito más" se le ha instalado en los oídos como una suerte de acufeno estatal, aplicable a todo y eternamente renovable; si no fuera porque la obligación de financiar obligatoriamente alguna supuesta enfermedad posterior hace años se le hace patente en las deducciones mensuales al salario; y si no fuera porque eso de que "la sociedad" "atienda" al enfermo de enfisema se traduce, en la práctica, en una media docena de llamadas y visitas baldías al hospital ése de la Bahía para ver si ya funciona el maldito espirómetro, que lleva como un año "averiado", cosa que sorprende ya que demostrablemente lo único que realmente hace falta para medir la capacidad pulmonar de un sujeto es un simple globo de fiesta (claro que necesitas ese tipo de dedos que pueden hacer el nudo); si no fuera por todo eso, digo, tal vez las palabras de Correa tuvieran algún sentido. Pero pedir que el Presidente diga algo sensato ya será quijotesco en grado culposo.

- ¿Qué quieres, entonces, que los políticos sean buena gente?
- No, no es precisamente eso, pero...

La política nos convierte a todos en fumadores pasivos: tenemos que respirar diariamente los odios ajenos, a través de las noticias que nos acechan en cada esquina y en cada televisor. Ni por un momento debemos olvidar, sino aprender y digerir, la extensa letanía de sectores y personas, reales o imaginarias, que son odiadas por el Presidente, con el infinito amor que caracteriza a ese tipo de odios. Es casi un alivio encontrarme, de repente, metido en esa lista, por el hecho de estar enfermo con una enfermedad que pudiera haber evitado con un poco más de voluntad y dedicación, y (tal vez) un poco menos de ese estrés y ese desazón provocados habitualmente por los mismos políticos. Bajo esa óptica suya que todo lo polariza, ya hay enfermos buenos y enfermos malos: quien haya conocido la enfermedad sentirá alivio de conocerse entre los malos: así, podremos practicar la solidaridad entre nosotros con algo más de privacidad.

Si no fuera por este sueño...

Son cosas que no te cuentan de niño. La enfermedad respiratoria en lo que más se nota es la incapacidad de dormir, y la concomitante incapacidad de estar totalmente despierto. Habitas, a partir de cierto momento, una especie de penumbra, de tierra de nadie, entre sueño y velo, que se traduce en mantras detrás del volante, y en una permanente confusión respecto a tu estatus vital. ¿Vivo o muerto? ¿A alguien le importa? How could they tell? Y sigamos con los exámenes.

jueves, 7 de agosto de 2014

El dueño del Ecuador

Seré breve. Llegué a este país hace diez años. En aquel entonces, se atribuía a un tipo bizco, bigotudo, de cabello blanco, la virtud de ser "dueño del Ecuador". Si tal fue, poco le duró. Una enfisema, una muerte más bien discreta, una triste estatua allá en Durán, que durante mucho tiempo estuvo cubierta de lienzo, y no sé si perdura, ya que su promotora (la Marianita) perdió alcaldía hace tiempo. De éste apenas ya no se habla. Esta semana, sin embargo, veo que la costumbre de pavonearse como "dueño del país" sigue teniendo su atractivo para algunos. Me refiero al siguiente comentario:

Correa añadió que "probablemente esto es un feo mensaje para la inversión extranjera, pero no voy a permitir que dos empresas telefónicas se me lleven 500 millones de dólares (al año) de utilidades en base a un espectro que es de todos los ecuatorianos".

Aun sin negrita, salta a la vista, parpadea y chisporrotea y echa rayos, ese "me". "Que se me lleven...". O sea, que el dinero es de él. No importa que lo hayan creado unas empresas privadas, con el esfuerzo de sus respectivos dueños y directivos y la colaboración de sus sufridos trabajadores. No importa que sin esas empresas, ese dinero, esas "utilidades" simplemente no existirían. La cuestión es que para nuestro querido Presidente, toda la riqueza que hay en el país, una vez creada por el esfuerzo de otros, le pertenece. No es que le pertenezca al "pueblo", a "la nación", a "todos los ecuatorianos". El espectro radioeléctrico bien puede ser "de todos", como admite en otro lugar, pero el dinero, lo contante y sonante, es suyo, personalmente suyo. La frase citada no admite otra lectura.

Pero eso ya lo sabíamos.

Lo sabíamos porque de lo ajeno, lo auténticamente ajeno, uno no puede disponer sin permiso. Y desde el momento en que se dispone unilateralmente que las "utilidades" (a quién se la habrá ocurrido este término tan impropio para algo que, secuestrado por gobierno y leyes, ya no presenta utilidad alguna) tienen que "distribuirse" obligatoriamente, sea a los trabajadores, sea al gobierno, sea a quien sea, pues ya no tiene sentido seguir hablando de ningún derecho de propiedad privada. Y una vez entendido esto, el que vengan los inconformes a poner pleitos sobre supuestas "inconstitucionalidades" da risa. Hace mucho que la Constitución, lo que queda de ella, cuelga de una cuerda en la pared del retrete presidencial, lista para ser usada con aquella finalidad para la cual, hay que admitirlo, parece que fue diseñada expresamente. Uno puede hasta zamparse un Vindaloo y te sobran artículos para la mañana siguiente. Excelente invento, pero no está hecho para empresarios, o para cualquiera que tenga la curiosa pretensión de vivir libremente y en paz con todas. ¿Inversión extranjera? Habría que ser un auténtico masoquista para invertir en un país así.

Lo he dicho muchas veces: piensa mal y acertarás. Con los políticos es una garantía absoluta. Por muy mal concepto que tengas de ellos, siempre se las arreglan para sorprenderte nuevamente con su bajeza y ruindad. Y en ningún lugar más que en este país absurdo.

(Y para mayor ilustración del lector: no, el reparto de utilidades obligatorio no es algo normal siquiera en este mundo tan extensamente corrupto. Es un invento de algunos países sudamericanos, ni siquiera practicado en todos ellos. En Argentina es letra muerta, en Colombia ni se sueña con algo así. En el resto del mundo es prácticamente desconocido.)

Más Claro: imaginemos que Carlos Slim, con reprochable alevosía, le quisiera dar una lección al gobierno cortándole la señal al país entero durante, hmm, una semana, y a disfrutar del caos. Aun así, dudo de que nuestros amos y señores se aprenderían la lección de que, si bien la ausencia de un gobierno apenas se haría notar de alguna forma, salvo quizás en una mayor sensación de libertad, de paz y tranquilidad general, la ausencia de la mayor empresa de telecomunicaciones sería la catástrofe general. No, no puede ser. Ellos son los necesarios: los que se gastan millones en la "imagen del liderazgo mundial del Presidente Correa" (en serio, eso dice, "mundial": Ecuador ya se le quedó pequeño) y en insultar gratuitamente a periodistas de los canales no gubernamentales. Pero eso ya es otro párrafo.

Maoísmo. O para ser más exactos, jiǎntǎo. Se trata de la práctica de la autodenuncia, esencial para la cohesión social según las filosofías colectivistas más extremas. En la práctica: en lugar de insultar al potencial opositor, le obligas a insultarse él mismo, delante de todos, en una especie de autohumillación ritual. Si no puedes conseguir eso (por el momento) pues por lo menos le obligas a escuchar cómo su propio canal le injuria y le denuncia, a través de una cadena de obligada transmisión. Bien por Ecuavisa que se haya negado a colaborar. Mal por ellos el haber transmitido anteriormente, sin problemas, un sinfín de insultos e injurias dirigidas a otras personas a lo largo de todos estos años en forma, también, de cadena gubernamental. Se diría que es sólo cuando les toca de cerca. Pero peor es nada, supongo.

Bonil. El tipo es un santo. Yo no podría guardar la compostura frente a tamañas estupideces, y tamaño racismo como el de aquellas personas que ven relevante el color de piel del asambleísta "Tin" en cuanto se le critica su mediocre desempeño como representante. Hace mucho que he observado que la gente más racista del mundo son, en general, los más prestos a imaginarse y a denunciar supuestos racismos ajenos. Lo dicho por Maeterlinck: si Judás sale esta noche es hacia Judás que dirigirá sus pasos. Hasta ahora, la ley se cumple.

Israel y Gaza. A nadie le importará, supongo, pero después de leerme la carta de Hamas, abiertamente genocida, y de tratar infructuosamente de imaginarme una organización más despreciable, mentirosa, cobarde y antihumana, encuentro que estoy con Israel en todo menos el bombardeo de una población en parte civil como estrategia de defensa. Y ello por una simple razón: yo no podría. Y creo que es cobardía y falta de principios apoyar a otros en la comisión de actos que uno mismo, dada la oportunidad, no tendría la valentía (o la crueldad, o como quieras llamarlo) para acometer. (Ojalá a algunos se les ocurriera musitar estos principios antes de, por ejemplo, flexionar la rodilla ante el todopoderoso SRI.) Por ello, ya lo sé y lo reconozco, no serviría como Ministro de Defensa de ningún país del mundo, siquiera del mío, si existiera. Pero me niego igualmente a repartir condenas y denuncias sobre temas que no me da la gana vivir, por lo mismo, porque eso también es de cobardes, y peor, de ignorantes y lobotomizados. Me resigno a ser irrelevante y me enorgullezco de ello. Los irrelevantes somos mas relevantes, a veces, que lo que aparentamos. Se verá en un futuro.

Resumiendo: seguimos viviendo en un país de locos y en un mundo de locos. Más razón para callarnos, girar la cabeza, secarnos las lágrimas y ponernos a escuchar cosas como ésta:




domingo, 13 de julio de 2014

Prepotencia

A veces vale la pena esperar. Últimamente no tengo tiempo ni para formar una frase mínimamente coherente. Quise comentar esto, pero ¿de dónde sacar el tiempo? Afortunadamente, no soy el único que todavía reacciona ante el absurdo, y ante la reescritura orwelliana del diccionario.

martes, 24 de junio de 2014

Make her moan and scream in Skegness


Make her moan and scream in Skegness:
Play the ocarina.
The world's yer barrelhoop, son: happiness
Seldom come much cleaner
Than seafront Exceptionals togged to the nines
Soused in a birthdaze of pink calamines
Huddlin' up to them "jelly divines"
that yer Dad - when he was seener.

Bring back a pontefracts, son, if ya can,
With a glue-like surface?
Course you'll be wantin' to take her to Cannes
The can, eh? (pint o' Murphy's).
Give 'er one up the back ginnel from me?
Don't tell yer ma, lad, it's quart up to three -
See now what's doin' when Cold Roe For Tea
Snarls up all yer peterpervies?

Give me regales to Your Fathers Moustache.
Colman's cut the mustard
Them days, we made a go on sauce panache
(You finally got a custard).
Be catchy with trains, if you see what I mean,
Expectorate only as much as the Queen,
And on no account let yer clodhoppers be seen
Either scruffed or (still worse) lacklustred.

Make her moan and scream in Skegness:
Them's standin' orders.
If you have certain Valves, then it pays to beg less:
Take in thin boarders.
We'll see you at deathtime and Christmess and like,
With a trivial kid on a hard-to-find bike,
playin' puppies and poppins and Damn Dick Van Dyke -
as we venerate all her disorders.

Make her moan and scream in Skegness:
I'm for the hutch, now,
Or for heinous beans spread on a thin charcoal mess -
Not all that much cow.
Curtains of snot hide the Space Age from view,
Worries and wars and worse, hearse sixty-two,
Devil it up lad, I'm countin' on you -
Here come the Dutch now.

Resumen opinionoso

Allá, no diré dónde (adivinen) un joven con designer stubble está diciendo que lo de ISIS es culpa de Blair y semejantes. De acuerdo. Pero más me seduce esto. En serio, léanlo. Es conmovedor encontrarme con alguien que esté de acuerdo conmigo en alguna cosa: ¡son tan pocos!, en este caso con mi frecuente aseveración de que vivimos en una sociedad infantilizada, que la adolescencia fue un invento (engendro diría yo) del posmarxismo sesentero, que el torpe aliño hormonal no justifica renuncia a la responsabilidad adulta, y que si queremos ser adultos bien poca ayuda vamos a encontrar en los libros de autoayuda, o más generalmente en el oficioso entorno. (Y que los colegios son cárceles, pero eso es tal vez una obviedad entre entendidos.) Cómo ser "líder" (puajj), cómo vender o venderse, como ganar amigos y conquistas, pues todo lo que quieras, pero cómo ser adulto? Busca y busca. En lugar de esto, venden el "crecer" permanente, hacia una madurez asimptótica, en un camino sembrado de brillantes adquisiciones y selfies inolvidables. Mañana, o pasado, o pronto, moriré (bien avanzada tengo la enfermedad, pero eso es otro post, para especialistas en autocompasión): ¿de qué me sirve ya "crecer", o peor, "autosuperarme"? Quiero ser. Quiero saber, aunque sea durante un dia, lo que es sentirse fin y no medio para. Pero esto también es otro post. ¿Qué tiene esto que ver con Iraq? Mira. Quieras o no, gárrulo progresista, el mundo no es ese enigma que tú con tu magnífico sentido de justicia vas a resolver. No pende el bienestar de la humanidad del hilo de la aceptación de tus ideas, prejuicios y bestias negras. No. Es escandaloso y signo de un Dios bien rechocho, pero el bienestar de billones de personas depende mucho más, en la actualidad, de los mecanismos algo opacos y complicados, realpolitik incluído, que permiten que una sustancia negra, sucia y apestosa, siga sacándose de la tierra en Oriente Medio y luego sea refinada y repartida entre aquellos países donde dicho bienestar sea una posibilidad real. En esto te tengo ventaja, ¿ves? porque yo ya calculé lo que significaría para mí el cumplimiento del sueño progresista de la justicia universal, que en la práctica se traduce en un mundo arrodillado ante los dictadores petroleros de turno (dictadores porque "es su cultura" serlo o aguantarlo, aceptémoslo, no seamos colonialistas) y sé que las voy a pasar putas, lo mismo que tú, pero desde la perspectiva de la enfermedad crónica, de la despedida al universo, del umbral de la muerte, pues qué quieres que te diga, je m'en fous. Apres moi, le déluge. Entonces yo puedo renegar de papá y mamá sin que eso sea el colmo del berrinche infantil "os odio, pero síganme dando de comer". Sé de dónde viene la comida y si decido algún día quemar los campos de trigo, será con conocimiento de causa y aceptando consecuencias. Claro que no lo hago. El progresismo desde que se vista de designer stubble me da repelús. Y no soy sádico tampoco.

Si Gatto y yo llegamos a la misma conclusión por vías diferentes, supongo que lo mismo podrá decirse de los columnistas del Universo que últimamente han coincidido conmigo en varias cosas de modo sorprendente. Uno se dedica a propagar el meme que lancé hace unas semanas, eso de que, sin todosomosismos, todos somos afrodescendientes, y que por tanto, la palabra en sí es una redundancia disfrazada de eufemismo PC. Otro repite mi observación de que la Merkel, diosa del Queso, no es jefa del Estado y por tanto no es role model adecuado para un Correa, entre otras coincidencias. Una de dos: o alguien me está leyendo, o empiezo a decir obviedades y debería de callarme, pues las obviedades con acento extranjero son doblemente irritantes. Ustedes dirán. (O más previsiblemente, no dirán nada.)

De lo que nunca hablé, mientras otros sí han hablado, es de los buitres tenedores de bonos argentinos. Estoy seguro que tiene razón el Sr Follari, del Telégrafo, cuando dice que son gente despreciable, de lo último. Pero entre adultos, las deudas se tienen que pagar incluso a acreedores despreciables y malolientes. Así funciona ese mundo cruel de la edad adulta, donde la palabra "responsabilidad" cobra sentido y se ubica en un rango de prioridad superior a las apreciaciones personales, a las ambiciones electorales e incluso al "bienestar" de propios y extraños. ¿Cuánto "crecimiento personal" se necesita para llegar a estas certezas? No sé. Tengo un poco la sensación de haber tropezado con ellas cuando estaba realmente buscando otra cosa. Es una sensación desorientadora.





lunes, 9 de junio de 2014

Yo también he sido rey

Further to my last post: unos cuantos centenares (¿miles?) de españoles no se conforman con la adaptación al entorno estúpido e inamovible. Quieren república, pero ya. Mejor dicho, quieren referéndum, y creen que lo pueden ganar. Bien por ellos.

Si confieso que no creo que las monarquías sirvan para nada bueno, no creo estar diciendo nada controversial. De hecho, en mi vida he topado con un defensor de la monarquía, de la que fuera. Supongo que han de existir en algún lado, y tengo la sospecha de que estos defensores de las coronas aceptarían de buena gana, en lo político, la etiqueta de conservadores. Eso explicaría esa escasez de argumentos pro monárquicos: el conservador, en el mundo de hoy, es especie en peligro de extinción, lo cual tal vez justifica la amargura de ese columnista del Telégrafo de la semana pasada, no recuerdo cuál, que citaba como argumento en contra de las monarquías el hecho anecdótico de que el Rey Juan Carlos de España había matado a un conservador en la selva africana, para luego posar junto con el cadáver del mismo. En otros tiempos, no habría nada malo en eso, pero hoy en día, siendo como digo los conservadores tan escasos (y algo reacios a procrear) pues lo dicho, hay que conservarlos, a los pocos que nos quedan. Un mundo sin conservadores sería un mundo más pobre, de eso creo que no nos tiene que caber duda.

En fin. Como simple acto de higiene mental, a veces me veo tentado a asumir el papel de abogado del diablo, como se suele decir, argumentando a favor de cosas en las que no creo, simplemente porque sospecho que argumentos ha de haber para fenómenos tan palpables, y porque nadie más, de Edmund Burke en adelante, se toma la molestia de hacerlo, y porque no tengo a ningún conservador entre mi círculo de amistades (y no es por falta de intentos: simplemente, huyen en tropel cuando te acercas, como gorriones). Así que allá va: argumentos a favor de las monarquías:

1. Es el mismo argumento que el aplicable a los conservadores: son especie en vías de, y por eso mismo, hay que conservar las pocas que quedan. A lo que alguno me objetará: pero si los reyes no sirven para nada... Ya. ¿Quién sabe? ¿Serás, acaso, ecologista? ¿Habrás estudiado su papel en el complicado ecosistema donde habitan? ¿Serás tan ingenuo para pensar que los mosquitos tampoco sirven para nada? A las cosas que no entiendes, mejor no tocarlas, pues su simple existencia nos sugiere que alguna funcionalidad oculta han de desempeñar, algún nicho ecológico han de ocupar, contra algún depredador desconocido nos han de estar protegiendo a su discreta manera. Sin la monarquía española, ¿cuántos Tejeros y Milans del Bosch camparían a sus anchas, reproduciéndose como conejos a lo largo de la Gran Vía, irrumpiéndose a cada rato en cada casa y cada tienda con su todos al suelo, coño? Sin la inglesa, ¿qué harían los fotógrafos y reporteros de Hello y Paris-Match y Bild? Desesperados y hambrientos, se volcarían a los manicomios y asilos de ancianos como hienas en busca de babeantes imbéciles y pecados indumentarios fotografíables. Se volverían como bestias rabiosas en un cuento de Stephen King. Eso no puede ser nada bueno.

2. "Pero no son simples adornos inofensivos. Cuestan dinero. Tener a un rey es como tener a un león de mascota. Exigen kilos de carne a diario. Son parásitos que le chupan la sangre a los países a los que se adhieren con sus grandes mandíbulas succionadoras." De acuerdo. Pero ¿qué te hace pensar que aquel personaje que en tu República alternativa ocuparía el lugar de Jefe de Estado costaría menos? El rey Federico IX de Dinamarca iba por todos lados en bicicleta; Su Majestad el Presidente de la República de Ecuador, en cambio, lo primero que hizo al acceder al cargo fue comprarse un avión para él solito. Los reyes cuestan un ojo de la cara, pero los presidentes no les van muy a la zaga que digamos. Así que la elección parece ser entre tener un Jefe de Estado caro y dispendioso, o tener un Jefe de Estado caro y dispendioso. ¿Vale hacer un referéndum para eso, cuando hay temas mucho más importantes, como la apremiante necesidad de salirse de la UE y del euro, por considerar?

3. "Pero por lo menos, al presidente le votamos. A los reyes nadie los vota. Son un insulto a la democracia." Ya. Para el cargo de columnista del Telégrafo, ¿quién te votó? Y al editor de dicho medio, ¿quién? Los cargos que en democracia hay que votar son los que conllevan alguna responsabilidad, o que permiten tomar alguna decisión que afecte a otros, como asambleístas o congresistas o diputados, presidentes del gobierno, senadores, dictadores de países caribeños, ayatolás iraníes, burgomaestres, concejales, etcétera. En las monarquías europeas (y para nuestros propósitos, asumamos que África no empieza en los Pirineos) hace siglos que los reyes aprendieron que calladitos son más bonitos (porque con la cabeza separada del cuerpo es difícil lucir elegante). No deciden nada. No tienen más responsabilidad que la de casarse y tener hijos de vez en cuando. ¿Algo más? A posar para retratos (por lo de las monedas y los billetes), a asistir a los eventos más aburridos que se organicen a nivel mundial, poniendo cara de póquer, a dar trabajo a mecánicos capaces de arrancar motocicletas, y a decir alguna sonada tontería ocasional, para entretener a los periodistas. Si se tuviera que poner una descripción al cargo de rey o reina, podría ser algo así como "Percha en Jefe, Bufón Principal de la Nación, y Embajador del Estereotipo Nacional". A efectos prácticos, son funcionarios menores. Sería un sinsentido y una pérdida de tiempo poner un cargo tan irrelevante e intrascendente a votación por sufragio universal. Si se hiciera, estoy absolutamente seguro que tendríamos reyes y reinas iguales de tontos, aunque tal vez un poquito más fotogénicos. Y hablando de fotogenia:

4. "Dan mal ejemplo. La existencia de reyes y reinas en algunos paises alientan a los organizadores de concursos para reina de belleza, reina del colegio, etcétera, y a las participantes en estos concursos. Lo que es peor: algunas personas vulgares y cursilonas hasta llaman reina a su amada, o rey a su novio, y cosas así que no deberían ser permitidas". En serio, estoy citando aunque no textualmente al articulista del Telégrafo de la semana pasada antes mencionado. Y es que si bien el argumento en sí es tan tonto que no merece rebatirse, lo que revela es el desprecio profundo en que el socialista local tiene al pueblo bruto, al que permanentemente hay que educar con el ejemplo, pues criterio propio nunca alcanzará a tener; además, resume una actitud ante la monarquía de la que quisiera desentenderme. Si estoy en contra de las monarquías, no es porque me produce tristeza, desazón y envidia el aparente hecho de que algunas personas tienen más suerte que yo, viven en castillos y conocen el interior de 1.500 coños. Tampoco estoy en contra de que la gente se divierta organizando concursos de lo que sea, desde vibraciones de nalgas hasta flacuchitas saborías que anhelan la paz mundial. (Aunque ya va siendo hora de que el dwile flonking llegue a estas costas.) No voy a decir cuáles son mis razones. Si son tan obvias, se adivinarán fácilmente: si no, mal asunto.

Yo también he sido rey. Me tomó por sorpresa cuando la Nuria empezó a llamarme así, sobre todo tras constatar que sólo emitía este vocablo cuando se encontraba en posición horizontal. La semiótica horizontal nunca ha sido lo mío. Sin embargo - seré cursi, claro que lo soy, eso es obvio - me produjo cierto placer que ella me dijera así, mi rey. Era una faceta suya más. Pero ese placer no fue nada al lado de lo que sentí cuando de boca de la Carmen escuché ese legendario cabrón. Entre rey y cabrón, mil veces lo último. Al fin y al cabo, los reyes tienen que seguir el protocolo. Los otros no, o no tanto.