En otro blog se ha sacado a relucir recientemente esa trillada polémica feminista en torno a la posición por defecto de la tapa del wáter.
Escenario 1: el Hombre Cagón (HC) deja la tapa del wáter en posición bajada (B), al igual que la Mujer (M). El Hombre Meón (HM) deja la tapa del wáter en posición subida (S).
Resultado:
El número de ajustes de posición de la tapa anteriores al uso es una función (f1) de la frecuencia según la cual a un HM le sigue un HC o una M. El número de ajustes de posición de la tapa inmediatamente posteriores al uso del inodoro es 0, ya que cada usuario deja la tapa en la posición que corresponde al último uso.
Escenario 2: el Hombre Cagón (HC) deja la tapa del wáter en posición bajada (B), al igual que la Mujer (M). El Hombre Meón (HM) después de orinar cambia la posición de la tapa de subida (S) a bajada (B).
Resultado: El número de ajustes de posición de la tapa anteriores al uso es una función (f2) de la frecuencia según la cual a un HC o a una M le sigue un HM. El número de ajustes de posición de la tapa inmediatamente posteriores al uso del inodoro es igual al número de usos del mismo HM.
Si cada día el HM usa el inodoro n veces, entonces el total de ajustes de posición diarios T en el primer escenario será dado por la fórmula:
T (1) = f1(n) + 0
Y en el segundo escenario:
T(2) =f2(n) + n
Ahora, como vemos que ambas funciones f1 y f2 dan siempre un resultado menor o igual que n (es decir, devuelven una fracción de las veces que el HM ocupa el wáter), entonces es claramente imposible que T(1) sea mayor que T(2), y muy probable que sea menor. Dicho de otra manera, sólo hace falta que alguna vez a un HM le siga otro HM (o el mismo, si ha estado bebiendo Brahma) para que se produzca un desperdicio de esfuerzo, es decir una bajada de la tapa seguida por una subida de la misma, cosa que en el primer escenario no sucede. Por tanto, desde el punto de vista de la conservación de energía el primer escenario es obviamente preferible.
Pero ¿hay otro punto de vista posible? Propongamos una situación similar, imaginaria, con un libro que descansa sobre la mesilla de la sala de estar. Tanto yo como mi novia/esposa estamos leyendo ese libro: yo ando por la página 90, y ella por la 352. Cuando yo leo un poco, antes de dejar el libro en la mesilla lomos al aire, lo abro otra vez en la página 352. ¿Por qué motivo? Puede ser porque el libro es suyo; puede ser porque no quiero que ella se entere de que lo estoy leyendo también (igual es una novela de ésas que son sólo para mujeres), puede ser porque sé que ella tiene mala memoria y no se acordará de en qué página lo dejó, o puede ser simplemente manifestación espontánea de un carácter generoso. Ahora, aplicando estas posibilidades a la cuestión del wáter, tenemos como posibles justificantes de la postura feminista:
(1) El wáter, por el simple hecho de ser wáter, es propiedad de la mujer (de cualquiera, en fin). Es decir, el wáter es un accesorio femenino.
(2) El uso que el hombre hace del wáter es de naturaleza furtiva: hay que intentar dar la impresión de que no lo usamos nunca. “Un hombre de verdad nunca va al baño.”
(3) La mujer (cualquier mujer), a diferencia del hombre, es incapaz de fijarse en la posición de la tapa y corregirla según sus necesidades. Por tanto, los hombres debemos ser comprensivos ante tal debilidad.
(4) El hombre tiene el deber de manifestar siempre un carácter generoso, aunque no sea el suyo auténtico, deber que no se extiende naturalmente al otro sexo.
Ahora, yo no veo el punto de intersección entre ninguno de estos razonamientos y la tradicional reivindicación feminista de igualdad de género. Pero tal vez me estoy perdiendo algo. Como siempre, respuestas abajo.
Un corto y confuso mix
Hace 6 horas
