sábado, 4 de julio de 2015

"Darle prioridad a otra persona que puede... hacer... cosas... para el pueblo"

Interesante. El Club Lasso está gastando en anuncios en YT. Fui a escuchar a Jacques Brel y me sale el dead ringer de Macy en su lugar. Deben de pensar que hay ganancia de pescador en algunos de los ríos revueltos de estos días. Pero, por Dios... ¿a esto llaman publicidad?

El hombre mayorcito, con toda seguridad "humilde" (ver último post), entrevistado por Lasso sólo atina en decir que está "hasta aquí" (del presente gobierno, se entiende), y que quiere un cambio. Y a continuación, las palabras citadas en el título de este post.

Hubiera querido decir, seguramente, "darle prioridad a otra persona con igual o mejor formación que el actual presidente", pero Lasso hábilmente le ha vedado esta posibilidad al confesar, al principio de la misma entrevista, que nunca fue a la universidad. Bien. Hubiera tal vez querido hacer alguna referencia a las políticas alternativas propuestas por Lasso, para indicar su enérgica adhesión a las mismas y así ganarse lo que sea que ganan los entrevistados en cuñas electorales hoy día, pero Lasso hábilmente le ha vedado también esta posibilidad al haber evitado escrupulosamente durante los últimos años definir su programa electoral. Lo que le queda es esto: "apoyo a Lasso porque es... otra persona... que puede... um... hacer, hacer cosas, sí cosas.... para el pueblo."

Con toda seguridad Lasso piensa que con este anuncio atraerá más votantes.

Qué país.

jueves, 2 de julio de 2015

En contra del humilde pescador

"Puedo hablar, y hablo, con gente de toda clase," me dijo una vez N., la más magníficamente burguesa de mis ex, desde el asiento de conductor de su Suzuki Swift de color blanco, "desde un ministro hasta un humilde pescador." Más allá de la clara intención autodefensiva de sus palabras ("Pretentious? Moi?" que dirían los guionistas de Fawlty Towers) celebré para mis adentros el hallazgo lingüístico del humilde pescador, frase con que ella quiso denominar a esos rudos y lacónicos marineros con los que de vez en cuando cruzaba alguna palabra de paso estando de vacaciones en una aldea selecta de la costa de Almería, pero que para mí quedó como ejemplo de oxímoron clásico, útil para propósitos ilustrativos en mis clases. Porque la verdad sea dicha, un pescador humilde resulta tan difícil de imaginar, por lo menos para un inglés, como un juez borracho, un desarrollador de software pulcro y bien peinado, o un político honrado. El pescador - repito, para un siervo de la BBC - es un tipo que te arrincona en el pub y te entretiene con sus historias sobre cómo una vez cogió un pez así de grande, pero así, por lo menos, ups, lo siento, no pasa nada, qué era, una pinta de Guinness, enseguida te pido otra, qué estaba diciendo. El estereotipo del pescador es de un hombre fanfarrón hasta extremos cómicos: con la humildad nada que ver, uno diría. Pero puede ser que, igual que Napoleón era un gran hombre pero no un hombre grande (siempre según mi profesor de español), los pescadores con quienes la N. intercambiaba el buenos días de rigor no eran pescadores humildes, pero sí humildes pescadores. Es decir, tenemos una de esas traicioneras polisemias de las que nos hemos quejado (pero no tanto) en otros lugares, con palabras como puta, amor, o riñón. Y entre todas ellas, acabo de decidir que lo de humilde es la que me molesta más. Les diré por qué.

No recuerdo qué alma caritativa nos explicaba hoy desde las páginas de opinión del Telégrafo, where else, con soberbia pedantería, que no es lo mismo desigualdad que pobreza, aunque a él personalmente se notaba que le parecían hermanas gemelas. Y bien cierto es. (Allá va otra: Jaime Nebot no es un hombre pobre, pero sí un pobre hombre, siempre según las mismas almas caritativas del mismo diario.) A lo que quisiera agregar: no es lo mismo ser "humilde", económicamente, o si nos ponemos en plan esnob, "de origen humilde", que ser predestinado a mostrar una actitud humilde, es decir, servil con autoproclamados poderes y autoridades. Esta supuesta coincidencia de pobreza con servilismo es algo que distingue cierta rancia estética burguesa, la de la propia N. por ejemplo (la familia de ella tenía en su masía a unos criados ancianos de una humildad sin parangón hasta en las telenovelas mexicanas de sobremesa), y es la que muchas veces se identifica entre la progresía de este país, ejemplificada (se supone) en las columnas del T., una progresía secretamente nostálgica de la privilegiada magnificencia de una oligarquía hacendera latifundista ya muerta y enterrada (de ahí, se supone, su enfermizo odio hacia "los ricos"), y que conserva el sueño de ese gran "pueblo", que ellos son llamados a "liderar", y cuya característica más confiable es esa capacidad suya de agradecer a los esfuerzos hechos en su favor con cierta babeante y desdentada adulación, eventualmente traducible en votos (y manifestaciones delante de Carondelet), y así, en pingües puestos de asambleístas, carros, mansiones y todo el intríngulis. Un "pueblo agradecido": dos palabras que resumen la peor pesadilla de un individualista, y, repito, el sueño húmedo de todo progresista que se precie.

Si a veces hablo a favor de los tigres de la ira y en contra de los caballos de la instrucción, no me malinterpreten. No creo que cambiando el gobierno se cambie nada. Si realmente hay alguien (lo dudo) que quiere "tumbar a Correa", le tengo lástima, y cierto deseo perverso de mear sobre sus papas fritas. Porque del mismo sueño húmedo, fantasioso, malsano, se trata: el gobierno "decide" el rumbo del "país", y ese "pueblo", o sea, los seres humanos de verdad, no son más que un coro griego. Ni eso: walk-on parts. Hay que "conquistar el poder", porque con ese "poder", todo se hace. Bah. Niñerías. A veces, en plan mentón salido y venas palpitantes, los partidarios del gobierno dicen: Ah, y tú, qué propones, eh, cuál es su plan de gobierno, cómo solucionarías tú los grandes problemas del país, de la desigualdad, excétera, ves, no tienes plan, eres sólo negatividad. Y yo digo: si fuese yo el gobierno, rápidamente anularía la Constitución, la infame Ley de Comunicación, y no sé cuántas leyes nefastas más (damn braces, bless relaxes) pero no soy tan tonto como para creer que con esas medidas algo se solucione. Quitar las trabas para que las personas comuniquen sus ideas no es lo mismo que obligarlas a tener ideas. Quitar los obstáculos para que pongan sus empresas no es lo mismo que conseguir que pongan empresas. Con toda probabilidad, conmigo en el gobierno todo andaría igual que mal como ahora. Tal vez diez veces peor. Pero con todo eso, me retiraría contento si con esa experiencia la gente hubiera aprendido a no culpar a otros, al gobierno, a quien sea, de sus propias decisiones estúpidas y de las consecuencias de las mismas. Propiciar un sentido de responsabilidad personal: baby steps. Pasitos de bebé, en medio de un paisaje desastroso: es a lo más que se puede aspirar ahora, creo. De todos modos, no sueño mucho. Ya no.

La visita del Papa: paso. Cuando haya papesa, despiértenme. Me hace reir lo ernestos que se ponen con este tiparraco representante de una organización tiránica, secularmente torturadora, con sus ideas morales trasnochadas y sus pintorescas dogmas. De todos modos no culpo a los ecuatorianos por tan singulares gustos. Los ingleses tenemos también los nuestros. Ahora me toca vestirme con mi dirty raincoat y acudir a la casa de Madame Sin para mi dosis semanal de latigazos. Y rematar con un Chicken Madras y una pinta de Old Peculiar, y hasta la semana que viene, d.v.

lunes, 29 de junio de 2015

En defensa de Fernando Alvarado


No pertenezco al nutridísimo club de fans de Fernando Alvarado. No conservo un autógrafo del gran hombre entre mis posesiones más preciadas. No soy de los que celebran con champán cada nueva cadena de la SECOM, y le mandan efusivas felicitaciones al instante que termina. En serio, no me van a creer, pero no soy de ésos. Pero hay que reconocer cuando alguien ha sido víctima de una injusticia, como en el caso que nos ocupa, y salir en su defensa. No sería de caballeros obrar de otra manera.

Primero, en cuanto al supuesto "montaje", está claro que no hay tal, pues si hubiera algún conato de engaño en la fotografía publicada por Alvarado, no se vería borroso el fondo, como pixelado, y tampoco el dedo medio de Nebot saldría ladeado o chueco como claramente se aprecia. Unos diez minutos de práctica con Photoshop hasta por parte de un completo novato proporcionaría los conocimientos necesarios para arreglar tales deficiencias. Lo que parece haber pasado es que en medio de un simple y rutinario embellecimiento de las facciones de Nebot, para hacerle parecer más joven, alguien tuvo un accidente, se le fue la mano, se le cayó la taza de café, y borró uno de los dedos de Nebot sin querer, y sin darse cuenta de ello. Eso es todo. A cualquiera se le pudo pasar.

Y en cuanto a la presunta ofensa proferida por Nebot, la verdad, la cuestión de si hay un solo dedo o hay dos es completamente irrelevante, pues si bien el gesto no es tan, tan conocido fuera de las Islas Británicas y los países del Commonwealth, cierto es que la señal proferida por Nebot en la fotografía "original" es tan ofensiva o incluso más que la de la primera foto. El gesto se llama, en castizo, un "Harvey Smith", y se interpreta secularmente como un insulto obsceno, una invitación a realizar el conocido peregrinaje a la Casa de Aquello que Nada Vale. Nada que ver con la supuesta "señal de la victoria" mencionada en el artículo del Universo, que utiliza los mismos dos dedos pero con la palma y el pulgar hacia fuera, no hacia dentro, es decir al estilo de los turistas coreanos cuando se hacen sacar la foto al lado de alguna estatua de algún prócer desconocido para ellos. A este respecto hay una anécdota sobre Winston Churchill, que al principio de la Segunda Guerra Mundial hacía el gesto de la misma manera que Nebot la hace, hasta que algún edecán le hizo dar cuenta de su error, y rectificó en lo sucesivo la orientación de la mano. Supongo que la tal anécdota, como casi todo lo que se cuenta de Churchill, es apócrifa. En todo caso, Nebot no es Churchill: se le supone a aquél un nivel de educación algo superior al difunto Premier británico y célebre alcohólico, por lo que difícilmente podría alegar desconocimiento de significado verdadero del gesto.

Así que la crítica de Alvarado conserva toda su validez, en tanto nos pone sobre la pista de que, cuando él cree que nadie lo está viendo (por ejemplo, cuando está en medio de una manifestación y hay una cámara delante apuntando hacia él), Nebot gusta de señalar su desdén, no hacia el fotógrafo ni hacia sus enemigos políticos, sino hacia sus propios electores humildes, lo que caen fuera de ese "dos por ciento", utilizando para ello gestos obscenos, con el fin de que se sientan insultados y así sigan votando por él. Además, es también cierto lo que dice Alvarado al tenor de que, si fuera Correa el autor del insulto, sería portada seguramente en El Universo: afortunadamente, eso no va a pasar jamás, puesto que tenemos un Presidente ejemplar en lo tolerante y comedido de sus expresiones, que sería incapaz de enviar a alguien, delante de un grupo de adolescentes, a la Casa de peregrinaje antes mencionada, o de repartir insultos entre individuos y sectores sociales presuntamente opositores.

Así que no entiendo por qué Alvarado retiró tan rapidito la fotografía de su Timeline en Twitter. Supongo que hubo de ser algún oficioso ayudante suyo quien lo hizo, erróneamente y sin que el gran hombre estuviera enterado de ello. Todo tiene su explicación si se le echa un poquito de imaginación. Qué lástima que aun tenemos en este país, en la Prensa Corrupta, periodistas deficientes en esa importantísima cualidad.


sábado, 27 de junio de 2015

Nellie the Mexican

Nellie the Mexican packed her trunk and said goodbye to Miss Universe:
Off she went with the crumpet, and dumped Trump, Trump, Trump. (Reuters)

¿Ven ustedes? La libertad de expresión irrestricta sí funciona. En este caso, funcíonó para que el mundo (incluidos los votantes hispanos de EEUU) se enterara de los extraños prejuicios del magnate, lo que a su vez servirá para evitar que tan siniestro personaje llegue a la presidencia, o que alguna incauta hispana llegue a ostentar la corona de Miss USA sólo para ser tildada por el organizador de dicho certamen como narcotraficante o violenta. Siempre lo he dicho: las cosas funcionan mejor cuando podemos saber lo que la gente piensa (o lo que ellos tienen en lugar de pensamiento). ¿Cuántos hubieron votado a Correa si desde el principio él se hubiese sincerado sobre sus prejuicios y en especial su obsesivo odio contra "los ricos"? Hablando la gente se entiende. Eso, a menos que creas en la teoría de que todos somos como el gobierno de Ecuador, mórbidamente desestabilizables, necesitados de "trigger warnings", de comités censores y niñeras gubernamentales para evitar que estemos expuestos en algún momento a alguna falsedad, a alguna "ofensa" o al sonido de alguna campanita que no sea la que nos toca el maestro Pavlov, la que nos conviene.

En caso de que sí creas eso, pues enhorabuena, tienes el principio de una teoría o ideología política viable, no exenta de sustento empírico: crees que la gente (los ecuatorianos, la gente en general, el "pueblo", "las masas") son como niños, pues no faltan datos a tu favor: ahora lo único que te queda para pulir o perfeccionar tu teoría es explicar bajo qué extraño mecanismo esas personas que no son "como niños", aquéllos que pueden servir como censores porque ellos no necesitan que les censuren la información, aquéllos que deciden en su inmensa sabiduría cuánto han de pagar "los ricos" para que haya "equidad", de algún modo siempre surgen cuando se les necesita, milagrosamente inmunes a todas esas nefastas influencias que a nosotros, a los niños, nos imposibilita el ejercicio responsable de un criterio propio. Recuerdo que en una columna del T. hace tiempo un tal Arellano Raffo nos propuso la teoría de que esas personas especiales son forjadas "en el silencio de las cumbres solitarias, siempre envueltos con la purísima virginidad de aromas espirituosos que los protegen de todo mal". Interesante idea. De hecho, la publicidad del gobierno parece abundar en dicha teoría al enseñarnos, en representación del Líder de la Revolución, a un tipo que deambula por la cima de una colina, a solas, levantando un puño iracundo, estilo Prometeo, en desafío hacia un lacónico cielo. De modo que hemos de creer que Correa, por ejemplo, antes de ser Presidente realizó una especie de travesía del desierto, donde fue tentado por el Demonio (tb. conocido como "la Escuela de Chicago"), etcétera, y en medio de esas vastas soledades fue donde le fue concedida esa inmensa sabiduría, esa infalibilidad, y todos esos dones que le elevan intelectual como espiritualmente por encima de ese pueblo que él fue llamado a pastorear.

En realidad, esa travesía del desierto o Waste Land, esa noche escura, ese tener que dormir sobre tu escudo y salir a matar al dragón, todos esos son mitos de la humanidad bastante conocidos y muchas veces evocados en el contexto de la transición entre infancia y edad adulta, la que antaño se suponía que todo el mundo hacía (exceptuando, en distintas épocas, esas eternas infancias que eran resumidas en palabras como "mujeres", "siervos", "súbditos", etcétera), la que tradicionalmente se marca con alguna ceremonia y además recibe el reconocimiento social en forma de privilegios y responsabilidades que corresponden a la "mayoría de edad", la cual pocas veces coincide con la auténtica maduración, que suele culminar en alguna experiencia personal forzosamente dramática y subversiva de paradigmas. Ahora bien, no cabe duda de que la tendencia en Occidente en el s.XXI es hacia una sociedad infantilizada, donde progresivamente se le perdona a los individuos cualquier responsabilidad sobre su vida, hasta el punto de crear ministerios gubernamentales con la expresa responsabilidad de procurar "la felicidad" del ciudadano común, manifiestamente incapacitado de buscarla por sus propios medios. Y hay que admitir que ese tipo de sociedad tiene ciertos méritos: es más fácil de "gobernar", además de que puede presentar ante los ojos del estadístico una agradable simetría ("equidad") caso de que se valore tal euclidiana geometría social. Al argumentar contra ella, uno se siente como si estuviera hablando con la madre de uno de esos niños grandullones que en ciertas latitudes ya pululan (en España hay por montones) que con treinta y pico de años todavía viven con Mamá, quien les lava la ropa y quién sabe si les limpia también el culo cuando van al wáter. "¿Por qué tendría que dejarlo madurar?" te preguntan con cara acusatoria. "Si a mí siempre me tendrá para cuidarlo".

Por eso es por lo que podemos estar seguros, segurísimos, que por muchas manifestaciones que haya, tenemos Correa para rato: pues el ecuatoriano promedio (y el ciudadano-mundo promedio) es como ese niño grande, que prefiere que Mamá se lo haga todo y únicamente contemplaría deshacerse de ella en caso de que haya otra Mamá-sustituta esperando ocupar el mismo lugar. Quiero decir que nos falta todavía, desgraciadamente, un nuevo Mesías, un nuevo tipo infalible con ceño adusto y lengua castigadora, que nos haga sufrir por nuestro bien, a igual que éste. No lo veo ni asomarse por el horizonte: ¿tú sí?

Porque madurar da pereza, y siempre habrá mañana para hacerlo.

No puedo dejar el tema sin referirme a otro hilarante artículo del T., esta vez de un tal Edmundo Vera, quien digamos que descubrió América hace poco, y naturalmente quiere hacernos partícipe de tan original hallazgo. Resulta que si una persona tiene libertad, y haciendo uso de tal libertad perjudica a otra(s) persona(s), eso está mal. Eso es lo que Vera alcanza a hacernos entender, y bien agradecido estoy por dicha lección, pues yo hubiera dicho que perjudicar a otras personas era un modo de proceder excelente y encomiable. Ahora me encuentro más ilustrado sobre este tema: gracias, Edmundo. Lo que no alcanza a explicar el Sr Vera es cuál alternativa considera mejor: que las personas tengan libertad, pero lo usen de una forma responsable, sin perjudicar a los demás (para lo cual necesitaríamos otro tipo de sociedad, no una infantilizada, sino una sociedad de adultos responsables: suena terriblemente difícil, ¿verdad?); o bien, que las personas tengan libertad pero dentro de un régimen de leyes punitivas que pretende microrregular la conducta de los individuos a través del miedo; o bien, que el mecanismo rector de la conducta sea la imitación y el borrego conformismo (más o menos lo que se da en ciertas sociedades tradicionales de Oriente, y a nivel creciente en Occidente también); o bien, que se intente apartar definitivamente la tentación de actuar libremente, mediante un sistema totalitario que pretende en lo posible que las personas nunca se enfrenten a múltiples opciones o a decisiones personales de ninguna clase: digamos, por ejemplo, prohibiendo la venta de alcohol los domingos, ese tipo de cosas. En fin, he aquí una muestra del estilo del Sr Vera:

¿Le parece bien que cada quien tuviera la libertad y el derecho a matar, robar,  invadir hogares y países, no pagar impuestos, pagar los salarios de acuerdo a su estado de ánimo y acumular la riqueza que quiera?

Por si acaso esto pretende ser una llamada a ese famoso "diálogo" propuesto por Su Majestad, bueno, morderé:

¿Le parece bien que cada quien tuviera la libertad y el derecho a matar
NO. Ni el gobierno siquiera
, robar, 
NO. Ni el gobierno siquiera
invadir hogares y países,
NO. Ni el gobierno siquiera
no pagar impuestos,
POR SUPUESTO QUE SÍ. A este respecto, consulte con su colega Samuele Mazzolini, que hace poco recomendó que rescatáramos la figura de Robin Hood, personaje que se puede decir que fue, discutiblemente, el primer gran evasor de impuestos de la ficción anglosajona: no solamente se limitó a no pagar los impuestos, sino que liberaba los impuestos pagados y los devolvía a sus "contribuyentes" originales. Gran tipo.
pagar los salarios de acuerdo a su estado de ánimo
PARA ESO HAY CONTRATOS LABORALES.
y acumular la riqueza que quiera?
POR SUPUESTO. Si no, ¿para qué levantarse un lunes por la madrugada?

En fin. Esa libertad de que hizo gala Trump para decir tonterías, y Nellie the Mexican, para enseñarle un precioso dedo medio a éste y enviar a casa de la verga a su Miss USA y Miss Whatever, sin que tengan que intervenir estados ni leyes en momento alguno para que se haga perfecta justicia, ésa misma. Para mí. Your mileage may differ.


viernes, 26 de junio de 2015

Tener fe es esto


Es duro esto de ser profesor universitario bajo la Revolución Ciudadana. Lo digo sobre todo por la composición de mis clases. Antes, si dabas clases en una universidad podías estar seguro de que tus estudiantes eran todos humanos. Ahora, con la nueva Constitución que le da derechos a la Naturaleza, entre ellos el derecho a una educación, me he dado cuenta de que la mayoría de mis estudiantes son filogenéticamente lejanos. Algunos son plantas. Otros, hongos. Otros, reptiles. En la primera clase que tuve esta mañana había un tiburón, una gacela, tres perezosos, una cebolla, un oso hormiguero, cuatro pingüinos, dos canguros (macho y hembra), un pavo real, cinco gallinas, una hormiga, una colonia de Streptococcus, un pulpo, y seis ranas. Prueba tú de enseñar el uso correcto del presente perfecto continuo a un oso hormiguero. Es realmente deprimente, por no decir desesperante.

Bueno, en realidad lo que acabo de decir es mentira. Lo dije con el fin de desestabilizar el gobierno, nomás. Y es que la tentación de desestabilizarlo a veces puede más que uno. Y ¡es tan fácil! Parece que todo lo desestabiliza últimamente: una leve corriente de aire, el chirrido de una puerta, una palabra fuera de turno, un estornudo, un chiste, una manifestación. Uno diría que el gobierno de Ecuador es algo así como un castillo de naipes erigido temerariamente encima del lomo de un gato dormido. "Antes de entrar en esta sala del museo, es mi deber avisarles que hay un gobierno dentro: por favor, bajen la voz, no hagan ruido, no hagan movimientos bruscos. Admírenlo de lejos pero no toquen." La verdad, no he visto en la vida algo tan condenadamente, seductoramente desestabilizable como este gobierno. Por eso esa tentación permanente de hacerlo caer estrepitosamente acercándose y diciendo algo así como "¡bu!" Pero no se diga de mí que fui el que dijo bu en Ecuador. No quisiera pasar al otro vida con esa carga sobre mi conciencia. Nada de bues aquí. Tranquilos.

En todo caso, lo que acabo de decir es mentira. No quería desestabilizar el gobierno alegando que mis alumnos eran animales, plantas, hongos, insectos y bacteria. En realidad lo dije porque a veces me lo parecen. Ustedes me comprenderán. Uno se vuelve viejo, la vista empieza a fallar, y además algunas neuronas empiezan a dar problemas, y entonces es cuando alguien en la clase levanta la mano y miras y por unos instantes crees estar viendo, no una mano levantada, sino la cornamenta de un caribú, o el tentáculo de un calamar gigante que se yergue sobre una océano de cabezas y celulares. Sin duda el problema (extensible a otros muchos aspectos de la vida cotidiana) de la creciente incapacidad del cerebro para reconocer y clasificar objetos familiares se debe a alguna degeneración puntual en los centros visuales producto de la extrema senectud: pero yo también lo asocio a otro fenómeno, que es de lo que realmente quería hablar aquí. La cuestión es que empiezo a extrañar a los seres humanos de verdad.

¿Serán cosas de la vejez, o de los tiempos que corren? No lo sé. Pero a veces me parece que ante el reto de Alan Turing (diséñenme una computadora que converse con la inteligencia impredecible de un ser humano) los científicos de bata blanca, del Colgate Plus y del detergente ¡biológico! se han juntado en infernal contubernio, no para elevar la inteligencia de la computadora para igualarla al del ser humano, sino al revés: bajarle la inteligencia del ser humano corriente para igualarla a la computadora, y así ganar el Turing Test, los $6.000 y el viaje a Bujumbura. Ustedes me dirán. No pienso extenderme, pero por cinco dólares: ¿qué tienen en común los siguientes fenómenos culturales: (a) la película de 50 Sombras de Grey, (b) las hermanas Kardashian, (c) el papa Francisco en su faceta de superestrella enciclista, (d) las sabatinas de Correa, (e) el twerking? Correcto: todos ellos hubieran sido arriesgados hace 20 años, inviables hace 30, impensables hace 40, por insultar bien a la inteligencia, bien a la estética (o ambas cosas a la vez). Eso, por los tiempos que corren. Pero también hay que reconocer que antes tampoco era yo tan exigente con mis hermanos humanos. Cuando uno es joven, las personas que te rodean pueden ser inteligentes, intensas, espiritualmente profundas, o pueden ser frívolas, conformistas, superficiales, y te da casi lo mismo porque lo que más te interesa es el tottie, visto como ente metafísico unitario y todopoderoso. Como sea que la vejez es una especie de clínica destottificadora, y que a estas alturas a dicho ente metafísico uno ya le está viendo las costuras, y nombrando las partes (which in your case you have not got), pues los seres humanos importan más. También hay eso.

La cuestión es que uno empieza a tener fe. No en ningún dios, que a perro viejo no hay dios que le valga ni le diga tus tus, sino en que algo de lo que eres y de lo que sientes encontrará, puntualmente, su interlocutor y su respuesta en ese Sargasso Sea de extraña, inexplicable y maravillosa inteligencia que flota sobre el océano del descerebrado mimetismo.

Esa esa inteligencia que flota en el aire entre carro y carro en el parqueo donde a veces, entre clases, salgo a fumar. Que persigue al pájaro de cola larga que discurre entre árboles. Que lucha por brotar entre las hierbas que puntúan las grietas en el suelo.


domingo, 21 de junio de 2015

Karlie Karlie

Ingresa a ciertas horas de la noche en cualquiera de esos wine bars exclusivos de la élite quíteña, de la flor y nata de la oligarquía correísta, y lo verás: el juego arrasa actualmente entre ellos. Además es muy fácil y sencillo de jugar. Simplemente se coloca un lápiz sobre una hoja de papel, en orientación horizontal, y a continuación, otro lápiz encima en orientación vertical, para que formen una cruz: el segundo lápiz debe tener su peso distribuido de modo que no toca el papel por ningún lado. Luego se invoca el espíritu del difunto economista fracasado con las palabras "Karlie, Karlie" (en algunas variantes "Marxie, Marxie"), y a continuación se le hace una pregunta. Si todo funciona bien, verás que el lápiz superior girará lentamente hasta señalar la respuesta de Karlie a la pregunta. ¡Ah!, me olvidé decir que para facilitarle la tarea de contestar - ya que Karlie hace mucho que no tiene voz propia - en el papel hay que dibujar también una cruz, y en cada uno de los cuadrantes resultantes colocar una respuesta posible, de este modo:

1 - una infame coalición de los sectores más rancios de la derecha oligárquica con cierta "izquierda" sin brújula y sin principios
2 - los incontestables logros de la Revolución Ciudadana, bajo el indómito liderazgo de Rafael Correa Delgado
3 - los medios corruptos
4 - los pobres y los sectores marginados, ávidos de justicia social tras la larga y triste noche del neoliberalismo

Así se le facilita la tarea a Karlie. O tal vez no. En fin, nunca lo sabremos, pues ante la triste y más que evidente incoherencia de ese supuesto espíritu de Karlie que anima el juego (a la pregunta "¿Qué comeré mañana?" me salió con Los Incontestables Logros, &c), habría en justicia que recordar la incoherencia que demostró el man estando vivo, que no fue poca: hasta predijo que el capitalismo se hundiría bajo el peso de sus propias contradicciones, que la revolución que propiciaría a largo plazo una sociedad comunista ocurriría en las economías más avanzadas (Inglaterra, Alemania), que previo a ello el nivel de vida del proletariado industrial experimentaría un descenso hacia la más ruda pobreza, a nivel internacional, que en la nueva sociedad socialista el Estado "se marchitaría" poco a poco, inaugurando una sociedad auténticamente libertaria, en que "el desarrollo libre de cada uno es la condición necesaria del desarrollo libre de todos", etcétera, etcétera, en fin, casi se puede decir que consiguió equivocarse sobre prácticamente todo (y dejemos de lado el tremendamente risible Labour Theory of Value, para no avergonzar a sus partidarios que quién sabe si alguno leerá este blog de cuando en cuando). Esa notoria falta de dotes para la profecía (y para la economía) no es óbice, evidentemente, para que el juego de Karlie Karlie saque a más de un columnista del Telégrafo del apuro: caso de no saber qué escribir, se le hace una pregunta al lápiz, se anota la respuesta, y casi listos, sólo hay que pulirlo y meterle verbo. Por ejemplo:

P: ¿Quíén ganará el año que viene el concurso de Miss Ecuador?
R: Una infame coalición de los sectores más rancios, &c.

Si esta nueva perspectiva sobre los concursos de belleza no le hace las delicias de Orlando Pérez, no sé qué lo hará.

Pero ya lo tengo dicho: Karlie ya hace tiempo "no tiene voz propia", y es en este sentido que, bueno, les confesaré que le tengo por eso un poquito de pena, a pesar de todo. Debe ser duro tener que seguir muerto y callado (salvo por un miserable lápiz) y ver cómo todo el mundo te maltrata y te malinterpreta, más allá de tus evidentes cojudeces. Entre los más frecuentes malentendidos: Marx nunca dijo que antes del capitalismo, la gente vivía maravillosamente bien, en el más perfecto Sumak Kawsay, en armonía con la naturaleza, y que había que regresar a ese estado más primitivo, aprovechándonos de "saberes ancestrales" y abjurando del progreso material. Tuvo palabras de elogio para el capitalismo como motor de desarrollo humano, más allá de que creía en la existencia futura de un sistema económico mejor y más "justo", que todavía esperamos saber en qué demonios consistirá, pero que según él necesitaba el capitalismo como fase anterior domador de la naturaleza y liberador de potencia creativa. Hasta su famosa cita sobre la religión como "opio del pueblo" ha sido arrancada, no sé si intencionadamente, de un contexto mucho más matizado y cabe decir nostálgico (look it up). Pero donde más le ha de doler es al ver cómo se menosprecia su taxonomía de las diferentes clases económicas (vieja aristocracia, burguesía, pequeñoburguesía, proletariado y lumpen), todo ello definido estrictamente según sus relaciones con los medios de producción, y se maneja hoy el mismo vocabulario muy a la ligera, pretendiendo describir con él las divisiones sociales, de estatus, de riqueza y patrimonio, etcétera, sin reparar en el aspecto económico que para él fue fundamental. Quiero decir que hoy día, eres "burgués" según el diario que lees, el carro que conduces, la zona donde vives, el político a quien votas, etcétera, y lo eres a pesar de que, previsiblemente, eres un simple asalariado que no dispone de un pinche medio de producción de ninguna clase (ni acciones siquiera: estamos en Ecuador), sino que tienes que vender tu labor al igual que un obrero victoriano en una fábrica de textil, sólo que con condiciones bastante más favorables. Para la sociedad ecuatoriana (y otras muchas sociedades) eres burgués porque vives bien: para Marx eres proletario porque tu vida (buena o mala) depende de que alguien te dé un puesto en su empresa: entre ti y la miseria media un simple despido fulminante, aunque en el día a día quisieras olvidarte de esta realidad.

¿Cómo llegamos a tamaña confusión conceptual? Creo que por un lado, lo que se estila es un vocabulario excluyente, porque pobres de nosotros, los desheredados del s.XXI, estamos tan espiritualmente jodidos que necesitamos permanentemente a quien o a quienes despreciar para sentirnos nosotros menos despreciables, así que un término pretendidamente objetivo y científico como "burgués" no nos sirve a menos que se le pueda extraer algo de veneno, y que se pueda pronunciar con sorna: de modo que esa solidaridad, esa hermandad de proletarios "en el fondo", "donde cuenta", ese reconocer en el otro el mismo dilema existencial ante la crueldad del mercado laboral que tú conoces, eso para los ilusos y los cojudos nomás, pues la consigna es odiar a quien te dé el mínimo motivo, por ejemplo, conduciendo un carro más nuevo que el tuyo, o votando a un político que no es tu preferido.

Por otro lado, creo que pasa lo mismo que con Freud (el "ego", otro término manoseado hasta el punto de causar revolcones en cierta tumba): el habla popular desecha lo que no sirve y se queda con lo útil. El concepto del proletariado (término que Marx prestó a no sé qué escritora, con el significado original de "esa clase de gente que lo único que sabe es hacer prole, o séase, bebés", menudo esnob era ese viejo Karlie) ya no sirve, pues describe a una clase de gente que, en rigor, dejó de existir hace mucho: la clase de los que, no contentos de trabajar en fábricas bajo régimen de unskilled labour, no podía aspirar a mejorar sustancialmente en el plano material, pues tenía en su contra la inexorable dialéctica de la historia que les condenaba a trabajar cada vez más por cada vez menos. Ya lo dijo hace tiempo Gregorio Peces-Barba: en España ya no queda un solo proletario auto denominado: ahora ya todos son "técnicos". Y quienes lamentan eso son los mismos Testículos de Jehová, perdón, Vanguardias de la Revolución, que con aburrida frecuencia anuncian el fin del mundo, perdón, del capitalismo, pues están todos los "señales", ves hermano, tal como predijo el profeta, terremotos, guerras, crisis económicas, burbujas de tulipanes o de propiedad inmobiliaria, en fin, todas esas cosas que nunca antes en la historia ha habido, sólo en nuestros días. Y si me dices lo contrario meteré los dedos en las orejas y diré la la la.

Y hablando de diálogos...

Si menciono el juego de Karlie Karlie es por algo. Concretamente, es porque algo me dice, vamos, lo intuyo, que cuando se dé el famoso "diálogo" que auspicia el Presidente, aparte de descartar (naturalmente) a todos los que no son "de buena fe" (o sea, los que no estén de acuerdo con el Presidente en todo lo importante), y a los "golpistas y subversivos" (o sea, a quienes no tengan intención de votar por Correa en las próximas elecciones) y a no sé cuántos más,  a quienes quedan dentro del sancta sanctorum del diálogo gubernamental se les planteará, ya de entrada, más o menos el mismo elenco de respuestas posibles que al mismo Karlie se le plantea. De modo que, por ejemplo, a la pregunta "quién se verá perjudicado por la propuesta Ley de Herencias", mientras no se te ocurra contestar "los incontestables logros, &c" (bzzz) y tampoco "los pobres y los sectores marginados" (bzzz) entonces entre las dos respuestas restantes ya estás diciendo lo que ellos quieren. Así siempre se han manejado los "diálogos" desde el oficialismo (desde cualquier oficialismo) y para no caer en la trampa hay que saber dar un paso atrás, cuestionar términos, ortodoxias, idées recues, y lidiar con todo tipo de indignación fáctica y teatral incredulidad. No sé quién o quiénes estarían por la labor. Tengo la sensación de que nadie.


jueves, 18 de junio de 2015

En aras de diálogo....

Agradecería mucho que alguien me explique por qué existe un problema con el sueldo de Guillermo Lasso. Según la cuenta Twitter del Presidente, este sujeto habría ganado 15 millones de dólares en el 2014. El Presidente lo dice, los redactores del Telégrafo lo dicen y además lo ponen en portada día tras día como dato de enorme relevancia. Me imagino que será verdad. El man se gana un dineral. Y yo digo: bien por él. ¿Cuál es el problema? Admito que la cifra reviste cierto aire de misterio para mí, ya que al tal Lasso le tengo por un ex gerente del Banco de Guayaquil, un pésimo orador, un dead ringer por William H. Macy en la película Fargo, un desconocedor de la obra de Pablo Palacio y poca cosa más. Ni remotísima idea de cuál será ese trabajo el cual desempeña tan pingüe y eficientemente como para ganarse ese dinero. Y me parece bien curioso el hecho de que el Telégrafo tanto escándalo arma por el salario y ni pío se dice acerca del origen de esas cantidades que tan alegremente difunde como dato de interés público. Parece que el preciso mecanismo según el cual una persona puede llegar a convertirse en "un rico" no interesa que se sepa. Lo único que importa es el resultado y la reacción que genera. Un periodismo que oculta las causas y el trasfondo de los hechos y se limita a cebarse en el estereotipo y en la sensación creo que tiene un nombre: eso, lo dejo a la sagacidad de mis lectores. Y repito: de todos modos, y sea cual sea el misterioso trabajo de don Guillermo Lasso, al cual se dedica cuando no está haciendo discursitos truchos con esa cara impagable de ayer murió mi perro - ¿cuál es el problema?

Por supuesto que si algunitos ganan (o heredan) 15 millones y otros apenas llegan a 150 mensuales, hay "desigualdad". Pero sinceramente, no alcanzo a ver el problema en eso. Es como si yo dijera: mira, algunos van por el mundo con los pulmones tan sanos que hasta son capaces de ganar carreras de maratón, mientras que yo tengo dificultad hasta para subir unas escaleritas: ¡esto no es justo! ¡Se tendría que coger algunos alvéolos de los pulmones de esa gente y trasplantarlos a los míos! Y no crean: la analogía da para más, pues cualquier médico te asegurará que en caso de realizar tan temeraria operación, esos alvéolos lo único que harán es marchitarse y pudrirse, pues no existe manera de hacer que funcionen dentro de otro cuerpo que no sea el que los vio nacer. Es lo que suele pasar, de igual modo, con las "redistribuciones": ya fuera de esas manos talentosas que lo hicieron brotar de la dura roca, ese dinero se vuelve inerte, incapaz de reproducirse: se "gasta", se despilfarra, se pierde. Lo vimos en la colectivización de la agricultura de la Unión Soviética, tragedia histórica de que algunos parecen no querer aprender nada, pese a tener cerca de sus costas otros experimentos caros y fallidos, como el cubano o el venezolano: si ni con esos ejemplos aprenden, no aprenderán con nada, digo yo.

Y la analogía se completa con las siguientes observaciones: mi insuficiencia pulmonar no es castigo de los dioses (por mucho que estén en contra del neoliberalismo, de acuerdo con ese argentino que quiere hacernos visita el mes que viene) sino que se debe a una combinación de la genética, la mala suerte y la tozuda irresponsabilidad de un servidor, todo en justa proporción. De modo que aunque fuera posible reavivar mis pulmones jodiendo a otros, ¿dónde estaría la justicia? Otros se cuidan su cuerpo, yo destrozo el mío, y luego reclamo que me "deben" salud, ¿eso es justicia? Y aunque no fuera así, ¿justicia es castigar a los que tuvieron la fortuna de gozar, por ejemplo, de padres que inculcaron buenos hábitos? Según alguna columnista del Telégrafo, no, pues lo "heredado" en formación y hábitos es herencia legítima: ¿por qué no lo otro? En fin, son muchas preguntas, pero lo medular es esto, y tengo que insistir en ello porque nadie más lo está haciendo: por muy "injusto" que consideres la repartición de los recursos en el mundo, eso no da derecho a nadie, y menos al Estado, de tocar lo que no le pertenece, lo que no se ganó con su esfuerzo ni se compró en el libre mercado. Y esta simple apreciación, base de cualquier moralidad que no sea esperpento y superchería, bien que les arde a los apóstoles de la redistribución forzosa estatal, pues no hacen más que intentar justificarse con malos argumentos: que si "los ricos" se aprovecharon de las obras estatales, que si los herederos no trabajaron por ganarse lo heredado (argumento que ignora que si el dinero no puede regalarse, ya no es dinero: es simple carta de servidumbre al Estado), que si no vivimos en una sociedad "meritocrática" (menos mal, digo yo, else who should 'scape whipping?), que si tenemos de la autoridad nada menos que de Carlos Marx (Carrasco, o el otro, ya poco importa) que el dinero de "los ricos" se basa en la "explotación", o sea, que nunca fue legítimamente de ellos, sino de todos ustedes, los explotados: argumento hoy en día intelectualmente insostenible, pero no deja de seducir a los económicamente analfabetos, por razones que estimo obvias.

Todo esto también tiene un nombre, señores: se llama demagogia, y el resultado de su abuso a largo plazo a la vista está, no hace falta más que dirigir la mirada a Venezuela. País que, aunque hubiera conseguido salirse a flote económicamente, cosa que no ha sucedido, no sería por eso país menos feo y repulsivo para vivir. Una sociedad basada en el odio, en la envidia, en la pereza y en la viveza criolla: ¿eso quieren ustedes? Pues sigan por el mismo camino, y no digo más.

Bueno, sí, una última cosa. Confieso que me da ternura el repentino catolicismo apostólico y romano de algunos comentaristas ("algunos", se me está contagiando el estilo) que hasta son capaces de tildar de fascistas los (supuestos) inconformes con la visita papal (cosa que tiene su ironía, ya que la Iglesia Católica siempre estuvo la mar de cómoda con el fascismo). Inconformes que, por otro lado, no tengo idea de quiénes serán, pero en fin. Camisa negra no hay en mi armario, por si acaso. Por mí que venga el papa éste y todos los papas que quisieran, bienvenidos sean, pero ¿días feriados? ¿Seguridad a cargo del Estado? ¿Despilfarro de recursos estatales para dar la bienvenida a un simple líder religioso y jefe de un microestado? ¿Dónde se ha visto tal cosa en un supuesto estado laico? El ambiente de tercermundismo que se respira aquí a veces se vuelve insufrible. Si hay oxígeno por algún lado, me avisarán.



William H. Macy
 
 
Guillermo Lasso

Are they in some way related? I think we should be told.