domingo, 19 de junio de 2016

¿Existe el lgbticidio?

Imagina que uno de esos viejos dinosaurios de la política ecuatoriana, me refiero a tipo Álvaro Noboa, los que viven en blanco y negro y andan por todas partes acompañados de Carmina Burana, ésos pues, imagina que uno de ésos llegara a presidente (no te rías: si el Trump sale candidato allá, todo es posible) y nada más acceder al puesto propusiera una ley según en cual en la cédula de identidad tiene que salir:

RAZA: B/N (tacha donde no aplica)

¿Cuál sería la reacción más previsible, tanto entre la beautiful people actual como entre los ciudadanos sempiternos y hambrientos? Fácil, ¿verdad? Y he aquí quë* las columnas de opinión se llenarían de voces pidiendo sensatez y reflexión, y señalando los siguientes ineludibles hechos y argumentos:

1. La "raza" es una construcción social, de funesto historial y nula utilidad práctica (salvo para la policía). La ciencia genética humana no conoce de razas, sólo de genotipos y fenotipos (ayer mismo me enteré de que hasta en 1950 la UNESCO ya estaba pidiendo que el término dejara de usarse a favor de, pongamos, "grupo étnico"). Clasificar a la gente por "razas", a estas alturas, sería tan anticientífico como hacerlo por signo del zodíaco.

2. La inclusión de "raza" como dato de identificación para lo único que serviría sería para perpetuar viejas esquemas racistas, coloniales, discriminatorias. Tener indicación de "raza" en la cédula sería tanto como querer reavivar el apartheid sudafricano. Impensable.

3. En todo caso, una clasificación racial binaria (blanco, negro o no sabe) luce un poco absurdo en un país mayoritariamente mestizo. El ojo humano puede distinguir alrededor de diez millones de colores. Aun irrespetando a la minoría verdosa (el Hulk, v.gr.), son todavía unos cuantos millones de tonos perceptibles que puede lucir la piel humana, por efecto combinado de la sangre, la melanina, la gota, la ictericia, los mamporros, los carnavales ecuatorianos, los laboratorios de Maybelline, los salones UVA, y sobre todo, aquellas gozosas prácticas que otra generación de puritanos norteamericanos dieron en llamar miscegenation. Aparte, si alguna vez divisas en el horizonte a un hombre blanco, verdaderamente blanco, y ése camina, ponte a correr: he's after your brain.

4. Quien propone este cambio en la cédula es un carca fascistoide.

Bueno, este último ad hominem luce un poco patético a la cola de tanta argumentación sólida, que no lo necesita para nada; pero lo incluyo porque creo que para la beautiful people de la RC, es el único argumento que realmente cuenta. Quiero decir que si quien propusiera este cambio en la cédula fuese, en lugar de dinosaurio de la "vieja derecha", un gorgonópsido de patas limpias, corazón ardiente y dientes afilados, de repente los demás argumentos darían un volte-face, y rezarían así:

1. La "raza" es una construcción social, y por eso mismo es importante. Raza y etnia a efectos prácticos son lo mismo. Forma parte de la identidad de la persona, y enriquece la diversidad del país.

2. La inclusión de "raza" ("etnia", si insistes) como dato de identificación es importante para reivindicar la identidad de grupos históricamente marginados. Claro que no vamos a ser deterministas biológicos: cada cual podrá escoger la etnia con la que mejor se identifique, al igual que con el tema del género. De tal forma que la marginación histórica ya será de todos.

3. Si bien es cierto que hay muchos colores, quien no guste de identificarse con alguna opción predeterminada podrá identificarse como "cromáticamente fluido", al igual que con el género. No se diga que no damos opción para todo.

4. Quien propone esta novedad progresista es una Mente Lúcida. ¡Tachán!

Con esto, no quiero dar a entender que el correísta de tropa sea un irreflexivo que se traga cualquier afrenta al sentido común con tal de que venga salpicada de los buzzwords de rigor (lo es, pero no viene al caso ahora). El lector sagaz habrá notado que los dos lados de ese debate felizmente hipotético encarnan dos puntos de vista enfrentados, que en otras muchas ocasiones hemos señalado como basso ostinato a tanta musiquilla como escuchamos, que son, respectivamente, individualismo y colectivismo. Quien piense primero en el pobre e infeliz individuo condenado a cargar un documento de identidad donde viene especificado su color de piel, como si el dato realmente sirviera para algo, es individualista, lo que quiere decir que piensa en las personas. Quien primero piense en el grupo históricamente marginado y su relación de prometeica rebeldía contra el grupo opresor, y la conveniencia de echarle una mano al grupo en cuestión a cuenta de los individuos, que total sólo son peoncillos, ése es colectivista. Cada uno que lance sus dados en el color que quiera. Les jeux son faits, mesdames &c.

Y bueno, ya lo dije enantes, si soy individualista es porque, en el fondo, soy a bear of very little brain, que apenas logra bombear sangre por este pobre cerebro sin ponerle como obstáculos tanta disonancia cognitiva como tiene que cargar el colectivista a diario: no sé de dónde sacan la energía. Siendo colectivista, uno tiene que creer en la libertad de expresión y en la conveniencia de la censura, tiene que creer en los derechos humanos pero no tanto como para no estar dispuesto a pisotearlos a cada rato, tiene que creer en la privacidad pero no para Mossad Fonseca, tiene que creer que el racismo es malo pero las cuotas de razas son excelentes, que el género no tiene bases biológicas pero que el transgénero es víctima de un equívoco biológico, que los asesinos psicópatas son malos pero que Che Guevara fue un héroe, que un viejo dictador puede servir de modelo para demócratas, etcétera, en fin, ya les digo, yo no aguantaría. Por eso he escogido la descansada vida, la del que huye el mundanal ruido. Me sirve.

Lo malo de ser individualista: verle la cara, a ella, a la persona, a la que tú sabes, y contemplar como, al igual que en el Macbeth de Shakespeare, la historia de desfila por sus ojos. Ella no es ella, es todos esos "grupos", esos recuerdos, esos arquetipos, esos deseos, esos viejos amores que ella fugazmente encarna. Es tener que decir no a tanta proyección, a tanto algoritmo de reconocimiento de facciones, no. Es ahondar, es lanzarse al pozo, el rasgar el velo de lo reconocido y reconocible, es aterrarse ante lo desnudo de la persona y lo obsceno de la asociación instantánea fotografiada y expuesta.

Hoy en el Universo, Iván Sandoval, ese notorio empleado de la CIA y adorador de Satanás, se atreve a preguntar si existe el androcidio, o séase, si hay gente en el mundo que mataría a un hombre por ser hombre... pero no antes de insistir en que "la tipificación del feminicidio es un logro simbólico importante". Lo será, pero tan sólo para el colectivista irredento, y voy a decir por qué.

Primer punto: los espectadores nos quedamos musitando, durante el preestreno, deseosos de saber cómo chucha se iba a demostrar el mens rea, en caso de que el acusado se negara a decir, servicialmente: "oye, yo la maté porque era mujer, así que deme tres años más de cárcel, porfa". Ahora esa cuestión se ha aclarado, en un caso notorio por lo menos, del cual tengo conocimiento gracias a la Prensa Corrugta. Sucede que las mentas lúcidas de la actual judicatura están dispuestas a dar por sentado que un hombre que mata a una mujer, a falta de otra razón demostrable (llevaba cartera atestada de billetes y opuso resistencia, v.gr.) lo habrá hecho siempre pues por eso, porque era mujer. No, no lo dijo él, pero ¡obvio! ¿Qué más motivo necesitaba? Lo cual, y siento ser el que lo diga, pero alguien tiene que decirlo, no hace más que asentar la idea demencial de que "ser mujer" es una razón válida y razonable para matar a alguien. Repito: un hombre que mata a una mujer, en la mente de unos de esos jueces, no puede haberlo hecho porque ella era abogada, o porque era bizca, o porque era Piscis, o porque era abstemia, o porque desafinaba cuando cantaba, o porque sus zapatos no hacían juego con su cartera, o porque alimentaba a gatos callejeros, o porque era incondicional de Joan Manuel Serrat. Nada de eso sirve, son razones tontas. Nadie mata por esas cosas. Pero ¿matarla porque era mujer? Eso tiene perfecto sentido. Al fin y al cabo, ¿quién no ha deseado alguna vez aniquilar a todo miembro del sexo femenino que se le cruce en su camino? Por fin hemos topado por un motivo creíble. En palabras de una conocida oración de la ortodoxia judía: Gracias, Todopoderoso, por no haberme hecho juez.

Segundo punto: ¿Qué importa el motivo de un asesinato, una vez consumado? La mató, queriendo. Su familia llora. Que vaya a la cárcel el tiempo que quieras, no me pondré a discutir (para eso está José María), pero ¿hacer distinciones por cuestiones de motivo? ¿A quién ayuda eso, exactamente?

Ah, me olvidé. A "un grupo". Un grupo de ésos históricamente marginados. Ya veo. A una abstracción.

Tercer punto: quienes han dicho "femicidio" hasta ahora han resultado ser todas mentelúcidas. Lo cual está muy bien, pero insisto: si la tipificación del femicidio hubiera salido de una mente cristiana conservadora norteamericana, la biempensanteoisie estuviera que salta. Admítanlo. "Otro intento del conservadurismo reaccionario para normalizar, normándolo, el maltrato a mujeres, otro intento de imponer criterios desiguales, otro intento para erigir una patología en algo normal, otra manifestación de paternalismo sexista, etcétera, da capo al fine." Insisto: todo depende de quién lo diga y qué buzzwords utiliza, los hechos y los argumentos ya, a estas bajuras, son lo de menos. Fin de cuentas, ¡argumentar cosas queda tan año pasado!

Cuarto punto, y aquí topo con Sandoval. Él no lo dice, pero de seguro que lo piensa: el cómputo de mujeres asesinadas "por ser mujeres" es incierto, pues salvedad hecha de los Ted Bundys de este mundo, que son bien pocos, apenas no se conocen casos de personas que confiesen tal motivación. Pero el número de mujeres que "por ser mujeres" han evitado de ser asesinadas, ése es mucho más fácil de calcular: simplemente comparas las estadísticas de homicidios de hombres y mujeres, y restas la segunda de la primera, y ahí lo tienes. Porque en todo país el número de occisos masculinos por asesinato es sensiblemente superior, como el mismo Sandoval insinúa, y más cuando hay guerra, siguiendo una vieja tradición que se encuentra detallada en el Antiguo Testamento, con lujo de detalles pintorescos. A los hombres, mátenlos: a las mujeres, eeh, bueno, tal vez no, sobre todo si son guapas... ya veremos (fuente: Every Holy Booke Ever Written).

Y es por eso que no se tiene en pie eso de que ser mujer representa un infortunio, en nuestra sociedad o en cualquier otra. Como digo siempre: miren por dónde va el tránsito. A la Cuba de Fidel casi nadie quiere ir a vivir, y en cambio, muchísimos buscan cómo salir: entonces, es evidente que no es ningún paraíso lo que se tiene allá, y es mejor estar fuera que dentro. Lo mismo: al sexo masculino cuántas quieren ingresar (no es tan difícil, es tomar tus hormonas y lista; el pene y todo eso, window dressing, enormemente sobrevalorado y fácilmente prescindible), y luego, por el otro lado, ¿cuántos quieren salir y nadar hacia la ribera de en frente? And lo, un estimado tomado de la versión 6 de los HBIGDA Standards of Care:

The earliest estimates of prevalence for transsexualism in adults were 1 in 37,000 males and 1 in 107,000 females. The most recent prevalence information from the Netherlands for the transexual end of the Gender Identity Disorder Spectrum is 1 in 11,900 males and 1 in 107,000 females.

Séase: para cada 10 hombres que quieren ser mujer, una solita mujer que quiere ser hombre. Ser hombre es como vivir en Cuba, pues. Peor todavía: es como vivir en Lomas de Sargentillo. Muy deshonestas o poco lúcidas encuentro a quienes pretenden otra cosa.

Tengo que volver a la traducción. Les dejo con la pregunta del título: ¿existe? Omar Mateen pensaba que sí. Bueno, "pensaba", ahí está. El gran error es pensar que antes de apretar el gatillo, el asesino piensa. El gran error es suponer que necesita "una razón", y que tal razón será asequible para ese fantasmagórico artilugio estilo Rube Goldberg que es la mente de un juez. Como si razones fueran algo al lado del caleidoscopio de instintos, de atavismos, de colores, de olores a sangre, de lóbregos patios de luces, de gritos de los vecinos, de miedos y desesperaciones y tragedias infantiles. Como si nuestro mundo fuera ese tipo de mundo que se puede arreglar queriendo.



* Me he levantado un poco mormón esta mañana.

domingo, 12 de junio de 2016

Rebajas

Ante la falta de tiempo, estoy condenado a ser prolijo. O tal vez no. Todo escritor sabe que escribir un ensayo de 4.000 palabras es mucho más fácil que escribir uno de 400, a menos que se carezca de ideas, en cuyo caso se recomienda cambiar de marca de cerveza o de whisky. (Yo no bebo, pero porque no hay plata, no porque vea en la abstención una virtud. Será otro día.) Para ser conciso, se necesita tiempo a más de cierto craftspersonship: para ser prolijo, sólo un buen calimocho. En fin. La cuestión es que ese tiempo no lo tengo. Hoy toca una traducción horrible de 18 páginas (no pagada), y es sólo un ejemplo. Si hurgara en mi defectuosa memoria, seguramente descubriría una docena de deadlines impostergables más. Hasta el día de la muerte estaré estresado.

Ante lo cual, a veces pienso que lo mejor sería arrojar las ideas sin más, sin contexto, sin nexo entre sí, sin preocuparme por el hilo argumental, que en muchos casos es lo que se vuelve pesado. Se me ocurre la metáfora de las rebajas de enero, cuando en algunas tiendas de ropa hay una mesa cerca de la puerta donde las prendas se encuentran arrugadas y mezcladas pele-mele, sin que nadie se cuide de separarlas o clasificarlas. Están así porque se trata de una basura barata, rebajada, en muchos casos ensuciada (shop-soiled): pues ahí está, así son mis ideas. Sucias, defectuosas y sin mucho interés, pero por lo menos no cuestan mucho. La metáfora me convence. A partir de ahora, bloguearé en modo rebajas. Que no es lo mismo que en modo La Rouchefoucauld, ojo. Ése sí tuvo tiempo. La diferencia.

Primer punto. Sí, a mí también, al igual que a Iván Sandoval, me seduce a veces ese modo de discurso ex cathedra, también muy favorecido por el actual Presidente de la República. Y es que ¡es tan fácil escribir así! Tan solo es aprender cuatro trucos que te aseguren cierto aire de sabedor (eso que Aristóteles gustaba de llamar ethos) y luego cuatro trucos más para descalificar al adversario de un modo tan indirecto y falsamente tiquismiquis que nadie se da cuenta de que lo que antecede es puro ad hominem. Eso sí, con la edad y la experiencia uno como que se familiariza con el estilo, se da cuenta de que puede servir para cualquier cosa, para absolver a una Soiled Dove o para justificar la tiranía, y te da algo más de vergüenza cuando caes en ello, y difícilmente admirarás a quien lo practique sistemáticamente.

Argumentos, señor, argumentos. Gimme some logos.

Sandoval cree que el sicoanálisis freudiano debe de enseñarse como materia en las universidades. Yo no (salvo tal vez en el contexto de los estudios literarios). Mi razón es sencilla: el sicoanálisis es seudociencia. Sus postulados nunca han sido demostrados empíricamente: muchos de ellos son infalsificables. Y el único argumento de Sandoval resulta ser ése de que hay que ser practicante para conocer el valor de esa disciplina (Jacques Loussier, por tanto, no podría pronunciarse sobre el Heavy Metal: se nota que Sandoval como que anda medio enamorado del Standpoint Theory últimamente.) Con el mismo argumento se justifica la enseñanza de la Teología, la de las famosas NOMA de Jay Gould.

¿O sea que sólo hay que enseñar ciencias? Por supuesto que no. Pero cuando se enseña algo que no es ciencia, se le dice al aula: "esto no es ciencia, esto es especulación, es cuento, es anécdota, es historia cultural, es un hermoso sueño", según el caso. Es decir, para no defraudar al estudiante, hay que dejar claro siempre cuál es la base epistemológica de tu saber. Las teologías, entre ellas el sicoanálisis, defienden una epistemología "alternativa" que sólo ellas entienden. No hacen falta experimentos replicables: sólo hacen falta las ocurrencias entrecortadas de una mujer histérica de Viena del otro fin-de-siecle. Si no entiendes por qué, te falta romanticismo. Acuéstate, deja hablar a los adultos.

Y yo digo, ya acostado: pobre Rivadeneira. Es posible, naturalmente es posible, que cuando le salió el lapsus de "soy Presidente de la República" fue porque soñaba con ese cargo o porque ya se imagina con las atribuciones correspondientes. También es posible que le haya salido un simple equivoco sin más razón de ser que una neurona malcriada (puedo simpatizar). El hecho de que algunos lapsus nos parecen significativos, hasta divertidos, no es más que confirmation bias. Un lingüista sabe que cometemos lapsus intrascendentes unos cuantos centenares de veces al día, sin que a nadie se le ocurra nada al respecto. Un poco de seriedad, señores.

En cuanto al famoso "inconsciente"... Bueno, les cuento que ando con el glaucoma cada día un poco más avanzado. (Será interesante ver quién me llega primero, la muerte o la ceguera.) Síntoma del cual, se te cierra paulatinamente la visión. No ves a los lados. O mejor dicho, si ves, pero lo que ves son sombras, muchas de ellas con fugaz apariencia de animales o de personas, porque nuestro cerebro está programada para interpretar así a las sombras que se mueven: la supervivencia, alguna vez, estuvo en ello. En fin. Cuando algo así te pasa, te das cuenta de cuán maravillosa es la vista humana. Y no estoy hablando de ese "punto ciego" que todos tenemos y que, por lo general, ignoramos. Ése no es el inconsciente: hablo de algo mucho más grande. Hay unos experimentos harto interesantes que demuestran que nuestro cerebro suple datos faltantes, promedia colores, organiza y corrige esos datos crudos suministrados por nuestra retina, hasta se inventa donde no hay información. De modo que: fíate (pero no completamente) de lo que está en el centro de tu visión. De la periferie, fíate bastante menos. Podría no estar ahí. Esas sombras podrían no ser animales. O podrían serlo.

Claro que dudar del "inconsciente" sería una niñería. Pero (cuestión de terminología), yo prefiero llamarlo "ignorancia". Y ésa, Freud no la descubrió. Difícilmente pudo, cuando la ignorancia, el gran conjunto de todas las cosas que no sabemos o que ahora no estamos viendo claramente, el cual incluye casi todo lo que sucede en el cerebro de uno, y de lo que nos hacemos una idea falsa para ir tirando (es un decir), es ese mar en la que salimos a navegar a diario. Y si no hubiera ignorancia, ninguna universidad ni ninguna carrera tendría sentido.

Los conocimientos son pequeñas balsas atestadas de emigrantes. Ofrecer a alguien un saber fraudulento revestido de sofismas es como invitar a embarcar en una balsa que a las pocas millas, se hunde. Es como presentarse a elecciones prometiendo progreso y bienestar. No es de gente. Ahí está.

Cambiando de tema, aunque no completamente: últimamente juego con la idea de que las religiones son simples tribalizaciones sociales. Y lo digo porque, con la mejor voluntad del mundo, no les veo el qué, salvo en eso, que agrupan gente, fomentan flequillos grasosos y acordes de guitarra, buenas ondas y sandías imaginarias. Hace algunos años se quiso inventar una religión de parodia, la del "Flying Spaghetti Monster". Al parecer, ya tiene estatus de fe respetable y perdonadora de impuestos. Bien. Si la del Spaghetti Monster fuera la que tantas guerras había inspirado, y el cristianismo se hubiera ideado como parodia de la misma, ¿alguien vería la diferencia? Quiero decir, los postulados del cristianismo son tan absurdos que se encuentran, técnicamente, más allá de cualquier parodia posible. Tal vez ser imparodiable sea una fuerza, un arma, una ventaja estratégica. Tal vez yo debería esforzarme más en serlo. No lo sé.

Y hablando todavía de religiones:

Resulta, pues, que Iván Sandoval escribe cosas con las que no estoy completamente de acuerdo. Él es, por tanto, obviamente un colaborador de la CIA.

En serio: hasta da algo de terror toparse últimamente con artículos como éste. Y también, algo de incredulidad cuando uno se da cuenta de lo poco que se entiende acá sobre el funcionamiento de la democracia política. Esto por ejemplo:

Esta realidad aterrizada a la de Ecuador, se ve reflejada en las plataformas digitales como páginas web y redes sociales, en donde no sería coincidencia que “nunca” se encuentre nada positivo del Gobierno Nacional. En este sentido, el experto invitó a reflexionar sobre si lo que se vive en el país es una oposición democrática o desestabilizadora. “Hay 2 clases de oposición en el Ecuador: una democrática que critica de manera constructiva y otra desestabilizadora articulada a los intereses de los Estados Unidos”.

O sea que si no dices por lo menos algo "positivo" del Gobierno Nacional, ipso facto eres un topo de la CIA, un traidor a la patria, etcétera. Es un poco como si uno trabajara en el departamento de Atención al Público de una empresa, y se quejara de que nunca le llaman para felicitar el gran trabajo que hace la empresa. ¿Cómo lo digo? Dentro de sus atribuciones o responsabilidades constitucionales, se supone que este gobierno, como cualquier otro, hará algunas cosas bien. Tal vez lo haga casi todo bien. Eso no importa. Si nuestros gobernantes hacen las cosas "bien", será porque cobran por ello unos salarios impresionantes. No se espera menos. Es su puto trabajo hacer las cosas bien, chucha. Nadie en sus cabales, o que no esté preso de narcisismo galopante, espera ser felicitado por hacer su trabajo. Como profesor, yo no espero que antes de salir del aula, los estudiantes se me acerquen para decir "¡qué maravillosa clase es la que usted acaba de dar!" Si lo hicieran, me los apuntaría mentalmente como lambones desvergonzados y repelentes, y andando. Así es la realidad.

La crítica, en el mejor de los casos (pocos, lamentablemente), ayuda. La lambonería no sirve nunca para absolutamente nada. Pensaba que eso era obvio.

Se me acabó el tiempo. Traducciones y maduro frito. Un poco de queso, tal vez, de ése baboso, traído del Mercado de Durán.

miércoles, 8 de junio de 2016

El Satanismo en Ecuador

El artículo del Telégrafo no deja lugar a dudas: Ecuador está lleno de operativos de la CIA. El hombre que recoge la basura frente a tu casa podría ser de la CIA. La chica sonriente que ayer te vendió tu porción de pollo KFC podría ser de la CIA. El mosquito que te picó anoche casi seguro era de la CIA, al igual que el perro que la semana pasada defecó frente a la casa de tu vecina. Todo esto lo sabemos gracias a una investigación llevada a cabo por el canal Telesur, que por su rigor y seriedad marcó un hito en los anales de la investigación periodística. Entre los diversos descubrimientos que ellos hicieron, destacan sobretodo los siguientes:

1) La CIA es una organización de Estados Unidos. Diversos documentos altamente confidenciales a los que tuvieron acceso los periodistas de Telesur lo prueban.

2) En Ecuador hay algunas personas que reciben fondos provenientes de organizaciones del mismo país, es decir, de EEUU. Obviamente, si son del mismo país que la CIA, debe de haber alguna relación, es decir, esas organizaciones deben de servirle de fachada a la CIA. Suponer que dos organizaciones del mismo país podrían tener finalidades distintas desafía demasiado la credibilidad.

3) Si alguien está recibiendo fondos que provienen del mismo país que la CIA, es obvio que todas aquellas personas con las que se reúne, o con las que conversa, o con las que se encuentra en el mismo recinto al mismo tiempo, deben ser operativos de la CIA también.

4) Resulta que alguna vez Carlos Vera comió en el mismo restaurante que alguien que alguna vez fue a un concierto con alguien que le compró un carro a alguien que había conversado con uno de esos funestos tipos que reciben fondos de EEUU. Entonces, está demostrado que Carlos Vera también es operario de la CIA.

Impresionante, ¿cierto?

Bueno, la verdad es que tal alarde de rigor periodístico como que me dio un poco de envidia, así que decidí, para no ser menos, iniciar mi propia investigación. Pero a mí el tema que me preocupó era otro: el del culto a Satanás. Desde hace mucho tiempo he sospechado que aquí en Ecuador, un gran número de personas son adoradores secretos de Lucifer, y que en sus casas, de forma clandestina, ofrecen misas al Demonio, sacrifican cabras y vírgenes, encienden velas, etcétera. Entonces, he dedicado mi tiempo a investigar aquella red de nexos y enlaces secretos que demuestra la influencia del Diablo, sobre todo, en la política ecuatoriana. He aquí el resultado de mis pesquisas:

 
 
Como ven, si bien todavía hay mucho por descubrir, una cosa salta a la vista de manera innegable: Carlos Vera, aparte de ser empleado de la CIA, también es adorador de Satanás (notarán, sobre todo, la cercanía en la imagen adjunta. Esto, sin más, a los entendidos les dice todo). 
 
Para llegar a esta conclusión, claro que hubo que investigar bastante. En especial, conseguí tener acceso en determinado momento a un documento clandestino, llamado "El Evangelio de Mateo", que detalla una reunión altamente secreta que tuvo lugar hace algún tiempo, en un desierto, entre el propio Satanás y un tal Jesús, también conocido como "el Cristo", donde se trataron temas como los insumos de la industria panadera, una posible colaboración en un experimento de aviación, y, elemento clave, la posibilidad de una nueva repartición del poder político en el Oriente Medio.
 
De la innegable existencia de dicha reunión es lícito suponer que el tal Jesucristo trabaja como colaborador y topo de la organización clandestina de Lucifer. Mis investigaciones posteriores me pusieron sobre la pista de otra organización oculta y siniestra, llamada "la Iglesia Católica", que resulta - otro elemento clave - haber sido fundada por un tal Pedro, que la documentación existente señala como seguidor y cómplice del propio Jesús. Esta organización en la actualidad está regentada por un tal Bergoglio, notorio y temido gángster conocido en los bajos fondos como "El Papa".
 
Pues bien, hay evidencia fotográfica de que en determinado momento ese "Papa" Bergoglio se habría reunido con el actual Presidente de la República, Rafael Correa, para tratar asuntos supuestamente relacionado con el sacrificio de vírgenes y las mejores maneras de ocultar las pezuñas hendidas dentro de unos zapatos de marca. He aquí una fotografía de una de esas reuniones:
 
 
Correa y Bergoglio aplaudiendo el sacrificio de un chivo.
 

 
No hay cómo perderse, ¿verdad?
 
La cadena de nexos luego pasa por un tal Lucio Gutiérrez, que antaño ocupó el mismo cargo que Rafael Correa. Y por si acaso esto en sí no fuera prueba suficiente de cercanía, también está el dato de que el tal Gutiérrez profesa, públicamente, su adhesión a la misma organización "la Iglesia Católica", la cual, como ya vimos, sirve como fachada para la actividad satánica en Ecuador.
 
Pero hay más. Resulta, según una entrevista publicada hace algunos años, que el tal Gutiérrez, de niño, veía en la tele la actuación de un tal "Chavo del Ocho", programa que, por una increíble coincidencia, también ha sido visto por la Presidenta de la Asamblea de Ecuador, Gabriela Rivadeneira, en más de una ocasión, a decir de testigos. Ahora, en su cuenta de Twitter la tal Rivadeneira dice textualmente lo siguiente:
 
"Nada como un tigrillo y un buen café para iniciar la jornada en #Guayaquil."
 
A confesión de partes, relevo de... bueno, ya no me acuerdo del resto. En fin, está la cosa clarísima. Gabriela Rivadeneira toma café. También toma café Carlos Vera. Imposible que tal coincidencia sea casual. ¿O usted cree que sí? Aparte, en el mismo cuadro sale Orlando Pérez y Tinkerbell, y probablemente habría salido Fernando Villavicencio, los hermanos Isaías, los hermanos Marx y el Hombre Araña, si hubiera tenido un poco más de espacio. No hay otra conclusión posible: estamos perdidos. Mejor nos ponemos a rezar, no se me ocurre otra cosa.
 

martes, 7 de junio de 2016

Ready-Brexit and other alternatives to porridge




Qué quieren, me cae bien el Sr Hannan, y eso que es político (como dato curioso: el tipo nació, al igual que Vargas Llosa y Paddington Bear, en Darkest Peru). Este video ni llega a diez mil visitas al cabo de una semana: no influirá entonces, pero uno espera, sin echarle mucha fe al asunto, que refleja el sentir de una mayoría de los llamados a votar. Digo "sin mucha fe": me persigue, casi como obsesión, el desglose porcentual de los resultados inexpugnables (?) de Milgram, pero bueno, a veces la vida depone sorpresas.

La cuestión es que la salida de la UE es, entre todas las cuestiones políticas que te pueden asaltar desde la portada de algún diario estos días, la más fácil que se me ocurre. Primero, porque, como documentan Booker y North en The Great Deception, el ingreso del R.hU. en la UE fue, desde un principio, la consecuencia de un engaño masivo practicado sobre los votantes de aquellos tempranos años 70, con un tal Edward Heath en el papel de Cuentero de Muisne. Yo sí me acuerdo. Les vendió a los votantes de aquel entonces un "mercado común", sin compromisos políticos de ningún género, sabiendo perfectamente que los tiros no iban por ahí. Los llamados a votar ahora son otra generación: muchos entre ellos nacieron en un Reino hUnDido europeo y no han conocido otra cosa, como un niño que nació en una cárcel y nunca ha visto el mundo al exterior de las torres perimetrales. Ya se imaginan lo que ha dicho todos estos días la campaña por la permanencia: "hijo, el mundo allá fuera es cruel, es lleno de peligros. Quédese aquí, donde los más peligrosos por lo menos son identificables, y donde ningún día te faltará el plato de comida, aunque no sea esto el Ritz". A eso se reduce el mensaje, pues ni los más eurófilos son capaces de idear una visión inspiradora, peor romántica, peor idílica, de ese horrible gâchis que es la UE actual.

La segunda cuestión es la de la democracia. Un voto por la permanencia sería, desde esta óptica, un voto en contra de la democracia como proceso o como base de legitimidad para un gobierno, pues hasta Chomsky se ha percatado de que la Comisión Europea (no elegida, y exclusivamente capacitada para proponer legislación) no le debe ninguna consideración a la voluntad de ningún electorado (de hecho, los miembros tienen que jurar que no tomarán en cuenta las opiniones de ningún colectivo meramente humano), quedándoles como único objeto de lealtad posible una ideología, un modo de hacer, un prejuicio, un banco central. De hecho, ni en las peores dictaduras podríase encontrar uno con un desprecio tan absoluto, tan cándido hacia ese tonto inútil e inservible que es el votante de a pie, sea del "país miembro" que sea, como el que habitualmente manifiestan los eurócratas y eurolegisladores de Bruselas (el ejemplo que propone Chomsky es decidor al respecto, pero hay muchísimos). Votar por la permanencia, pues, es votar a favor de que tu voto no cuente: Argelia te viene a la memoria. Es votar por la genuflexión como estilo de vida. Un poco como votar por Alianza País acá, pero al cuadrado, digamos.

Para lo único que habrá servido la UE, si se cumplen mis deseos póstumos y se cae en pedazos en poco tiempo, es para recordarnos que cualquier tipo de supra-estado, de supra-gobierno, peor el ocasionalmente invocado "gobierno mundial", es y siempre será por definición una pesadilla orwelliana. Otra más en la creciente colección de estatuas de fallidos Ozymandiases que nos depara la historia de ese continente que no quiere aprender, del pueblo que no quería crecer.

Tengo 55 años y abandoné el R.hU. a los 25. He vivido más años fuera que dentro de ese supuesto país. A veces me preguntan si extraño al viejo Blighty. Mi respuesta habitualmente vierte sobre los restaurantes hindúes: cualquiera que haya probado un Chicken Madras en un buen Tandoori sabrá a lo que me refiero. Eso, y la lluvia. Extraño la lluvia. Y cuando digo lluvia, son modos de hablar: lo que tengo en la cabeza es más bien un cuadro de Monet, es todo, es ese horizonte desdibujado, acuoso, ese Támesis apestoso, ese pub dickensiano donde todavía (tiene que haber uno) se puede fumar, y donde nadie se extraña si hundes la cabeza en una novela. Extraño, incluso, ahora que pienso, los televisores aquéllos donde todos los lectores de noticias tienen la nariz purpúrea, porque con el control de saturación es donde los ingleses se muestran más totalitarios. Sí, extraño algunas cosas. Hasta al bueno de Delius. Pero un país que vota por quedarse encerrado pierde rápidamente mi respeto e interés. Ahora bien, sería una magnífica ironía si precisamente cuando yo estoy por salir de la fiesta, llegan dos nuevos invitados, un Reino hUnDido liberado y un Ecuador ídem (nunca se sabe). ¡Cuánto me hubiera gustado quedarme por poder conocer a ambos, ahora sí, personajes interesantes y encantadores como pocos! Pero el taxi espera. En fin, será en otra ocasión, o no será.

jueves, 2 de junio de 2016

Stranger in Panama



No se pierdan la actuación cameo de la gallina Matilde, alrededor de 1:17, a quien, aparte de suministrarle una buena dosis de Valium, le pegaron unas tiras de ticker tape en la cola para simular no sé qué especie de ave exótica, con resultados, digo yo, tirando a louches, pero en materias ornitológicas soy un poco hipersensible. En fin. No sé si con algo así soñaba Tati anoche cuando se le dio por escribir de paraísos (celestiales, terrenales y fiscales); el invento del pájaro con cola de ticker tape no desdoraría para nada su fantasía del "edén capitalista", la cual me hizo reír un buen rato, tanto, que no sé si hago bien en romperle el encanto con la triste noticia de que "paraíso fiscal" no es más que una mala traducción. "Haven" no significa cielo, ni paraíso siquiera, sino refugio. Pero esa idea delirante de que en Ecuador hay nada menos que 1.850 personas que por un dólar lanzaría una bomba atómica sobre una ciudad, y que cree que los bancos son templos merecedores de genuflexiones y que los billetes de cien van al cielo, resume la brecha no diré ideológica sino de percepción que existe entre mí y la beautiful people de la RC. Para ellos, el problema es que haya unos pocos chifladotes enfermos de codicia y avaricia que joden al resto. Dicha teoría parece descansar principalmente sobre una visión paranoica, que convierte en siervo del demonio a cualquiera que tenga un carro un poco más grande que una, y también sobre esa idea perversa de que el mundo está lleno de "recursos" que adolecen de una mala "distribución", es decir, yo me merezco que me des un poco de lo tuyo. En cambio, para mí (y aquí me encantaría citar fuente pero no recuerdo en qué artículo vi el dato, ni tengo suerte con las cadenas de búsqueda) el problema está en que cerca de la mitad de los latinoamericanos según no sé qué encuesta cree que el Estado es, y debe ser, "como un padre" que hace las cosas "por el bien" de uno. Ahí sí nos jodemos, si resulta ser cierto el dato. No obstante, quiero creer que la encuesta existe, aunque sólo sea por el hecho de que ese 48% o 52% es bastante menos que el sesenta y pico que predice Milgram. En todo caso, la cuestión es que la cifra más baja aún sirve, acá y en todas partes, para armar una mayoría electoral, con lo cual, los no creyentes en el Estado-Padre difícilmente tenemos con qué construirnos una utopía terrenal: muy a diferencia de los sí creyentes, que últimamente van por ahí diciendo que hay que "inscribirse" en un "proyecto de sociedad más justa", lo cual es como decir "crunchy frogs". Siempre me maravillé de la capacidad de proyección de los autoritarios, que no contentos con proyectar sobre una mítica oligarquía su propia codicia, ahora acusan al resto de ser utópicos y supersticiosos, los mismos que ven espadas que caminan y quieren universalizar un Buen Vivir que haría las delicias de Jorge de Montemayor.

Bah.

Me entero por El Universo de hoy (ni rastro en el T.) de que la revista en línea antigubernamental Plan V ha sido víctima de burda censura, bajo pretextos infantiles, y pienso otro vez en John Rawls y su velo de la ignorancia. Probemos: a ti te van a colocar en una sociedad. No sabes qué rango vas a ocupar, y hay mucha desigualdad. Puede que al atravesar el velo, encuentres que tienes terribles enfermedades y que no hay de qué comer. En cambio, tienes libertad para decir lo que quieras a quien quiera escucharte, aunque ese "quien" sea un rotundo nadie. Bien. La otra alternativa es una sociedad donde nadie es enfermo, donde todo el mundo tiene pan en la mesa, donde el cáncer y el dengue son cosas del pasado y el PIB está por las nubes. Sólo hay un pequeño problema: hay censura. ¿Cuál opción escoges? Sobre ese 50% no hay duda. Y no por eso uno se siente tentado de satanizarles, pues querer vivir sin dengue es muy respetable, pero sucede simplemente que uno no está de acuerdo, que no tiene esas prioridades. Eso es todo.

Nunca seremos mayoría, pero viviremos tranquilos, hasta que, de súbita, ya no.

viernes, 27 de mayo de 2016

A la recherche du connoisseur perdu

Por mis pecados, que son legión, me han obligado a inscribirme en un cursillo sobre "pertinencia". Tal como lo oyes. Quieren que yo haga el esfuerzo y sea un poco más pertinente. Bueno, tal vez no soy yo el problema, pero qué quieres, me siento aludido, mi conciencia no me deja tranquilo, pues en el fondo me reconozco... impertinente no sería la palabra... irrelevante. Soy irrelevante. En parte porque creo que dentro de poco habré dejado de existir: primero hay eso. Además, este blog da testimonio de lo indecoroso y lo innecesario de mi punto de vista, de mi particular Weltanschauung,  dentro de este gran mundo feliz que habitamos. Y eso que me creo bien encaminado en ciertos temas, pero me falta tiempo para desarrollar las ideas, que languidecen en espera de que un joven enérgico, lleno de smart juniosity, las recoja y las ordene. Y por último, no tengo asas. Se me rompieron hace algún lustro. Así que no hay por dónde cogerme. Ni una puta cuenta offshore tengo. Nada. Lo siento.

Aun así, sigo. En este caso porque, lo confieso, encontrarme otra vez con ese siniestrote de John Rawls en un documento sobre la pertinencia en la educación superior me perturbó, y éste sería mi manera de reponerme, o de vengarme. El argumento iba así, más o menos: (1) la educación superior debe de "inscribirse" (puaj) en un "proyecto" (repuaj) de "sociedad" (mbxyurjhj) "más justa". (2) Justa viene de justicia, ¿no? ¡Aja! Aquí tengo, en la manga de la gabardina, ¡una Teoría de la Justicia! No, no me des las gracias, señora. Todo forma parte del servicio.

Me apena constatar que hay mentes así, así de shoveacious, que en lugar de analizar y depurar conceptos, los aspira inmisericordes, como hoovermatics, los acumula, los exhibe como trofeos, creyendo que inmovilizar sobre el papel es apropiarse. Dejemos eso aparte. John Rawls, hace tiempo que lo supe, empezó su carrera como vendedor de carros de segunda mano, hasta que descubrió y perfeccionó el siguiente truco, variante del conocido Monty Hall tan bien descrito por Christopher John Francis Boone: al cliente comprador le enseñas tres carros (más si quieres) de variados precios, y le explicas que de los tres, sólo uno tiene motor. ¿Cuál desea comprar? le dice al cliente. Decir "ninguno" no es una opción, señor. Tengo su cheque en la mano y puedo escribir en él la cantidad que deseo. Bueno, dice el cliente, pues ése, el más barato. Enhorabuena, dice Rawls, usted desde ya es dueño de un Chevrolet Spark que no anda ni nada, pero como cortesía, lo llevaremos en remolque a su casa, y el Porsche que sí tenía motor nos lo quedamos para ese otro cliente menos pusilánime que usted que todavía no aparece, y esperemos nunca aparezca. Gracias por jugar. Siguiente, por favor.

¿Es preciso señalar que el Velo de la Ignorancia es antihumanista? Quiero decir que postula, explícitamente, que un ser humano real, que siempre tendrá personalidad, historia, experiencia y expectativas, ventajas y desventajas sociales y laborales, y capacidad de abrir capotes de vehículos, es en esencia menos capaz de discernir cuál sería esa sociedad más justa que un ser mítico, inexistente, desprovisto de historia y de conocimientos de ningún tipo, una especie de feto flotando en una solución amniótica en una campana de cristal. Y lo es porque, también explícitamente, Rawls descarta la posibilidad de que un ser humano real pueda ser motivado en sus elecciones por otra cosa que no sea el interés propio. Y lo curioso para mí es que ese árbitro ideal de la justicia, ese ser inhumano (por lo menos, de ignorancia inhumana) en mucho se parece al ciudadano-modelo de los discursos socialpopulistas, ese ser desamparado, heroicamente ingenuo, acrítico, que necesita que le regulen el consumo de bebidas azucaradas, siendo los reguladores otro tipo de ser, una especie superior de la que es mejor no hablar, pero que responde al apelativo de filósofo-rey, o si prefieres, de Jefe de Ventas. Porque si algo sabemos de los seres humanos es que necesitan tener amos, perdón, líderes. O un poco de ambas cosas.

El antihumanismo se manifiesta cada vez que de los seres humanos reales extraemos sus cualidades, talentos, logros y potencias, juntamos todo eso en forma de abstracción ("talento humano", "conocimiento", "mano de obra", "liderazgo", "fuerza productiva") y luego tratamos esa abstracción como si fuera una sustancia líquida, un "recurso" cuya "distribución", en el mejor de los casos, será susceptible a intervenciones y reajustes por parte de nuestros filósofos-rawlses. Hace tiempo se me ocurrió la metáfora de los dientes, la cual mi propia evolución bucal pone sobre el tapete de nuevo. A mí ahora me quedan 6 dientes (sí, esto es real). Veo que usted tiene nada menos que 32. Justicia exige que de esos 32 me regales 13. ¿Estamos? La solución sería brillante, sin duda, si no fuera por una cosa: no tengo cómo aprovecharme de esos 13 dientes tuyos, no tengo huecos listos para que se inserten en mi boca: esa "redistribución" lo único que hace es transformar algo funcional tuyo en algo no funcional mío. Además, cuando tus dientes forman parte de tu sonrisa son algo hermoso: cuando son objetos inertes que reposan en la palma de una mano envidiosa, ya no. Con lo cual quiero expresar que "el conocimiento" para mí no es nada si lo separamos del conocedor, y cuando digo no es nada, quiero decir que perdió su razón de ser. Y lo mismo sucede, creo, con "las riquezas", aunque esto es, ciertamente, más discutible. La mejor manera de dejar de codiciar la riqueza ajena (si ése es tu flaqueza), creo, es simplemente darse cuenta de que esa riqueza no es un "recurso" (incluso un "recurso público", creo haber leído) del cual ese malvado Señor Ofchor se ha "apropiado" de algún modo seguramente ilícito, sino que forma parte de él, lleva sus huellas y el aroma de su cuerpo y de su sudor, es algo que él creó o que creció dentro de él como parte integral de su propio proyecto de vida, y que sin él se convierte en algo inerte, en basura, en algo que no tiene razón de ser.

Lo cual no quiere decir que no haya robos, que no haya ladrones quienes con facciones deformes y en una penumbra atravesada por relámpagos cacarean encima de su horda de ilícitas ganancias. Pero se supone que ni son mayoría ni tienen por qué proporcionarnos nuestro prototipo de lo que significa "tener riquezas", no más que un animal disecado tiene por qué representar para nosotros la imagen de la criatura viva. Una sociedad de ladrones no es ni una sociedad, sino un museo (un British Museum si me apuras). Y si objetas que tu moralidad superior los condena, a esos tenedores de riquezas, donde la legalidad los absuelve, pues me volveré cristiano y así podré objetarte que tú también eres condenado, pero requetecondenadísimo, porque tu tatarabuela comió una manzana, y si eso no lo sabías cuando aún estabas a tiempo para escoger tatarabuela, pues piedra. Todos podemos jugar a ese juego.

Seamos un poco más indulgentes, pues, con esa gente que carga con la maldición de tener talento y de no ser conformista, y que se rige por las leyes existentes y no por las que tú preferirías que existiesen.

El Sr Vallejo, que sigue siendo prácticamente el único columnista del T. (where else) que me resulta simpático hasta el punto de querer invitarlo a una cerveza, no ve las cosas como yo (afortunadamente para él):

Hay un problema con el conocimiento, y es un problema de acceso. Vivimos en una época donde la gran mayoría del conocimiento se produce en las universidades a través de la investigación de sus profesores, quienes publican en revistas académicas. (...)

Ahí está. Los que trabajamos en la universidad aspiramos a producir (o a "formar", según la jerga imperante) conocedores. Donde no podemos formar, podemos por lo menos informar. Pero, ilusos, nos centramos en los individuos, en las personas. Puede que algunos, esos catedráticos despistados con lentes culo de botella y cabello alborotado, den la sensación de no percatarse de las meras personas cuando tienen delante a un teorema... pero si les preguntas, reconocerán enseguida que el teorema no es nada sin las Jewish aunts que lo acompañan (q.v.), y que esas Jewish aunts no son de su propiedad o familia exclusiva, sino que pueden entrar a formar también parte de la tuya... si estás dispuesto a hacer los sacrificios pertinentes, pues si, algo te van a pedir a cambio. En el centro siempre está, pues, el ser humano, que más de tener "acceso" a conocimientos de producción ajena, está con el deber y el derecho de crear, mediante esfuerzo, los suyos. Debería estar.

No sé. A mí se me hace que Vallejo, al igual que el autor de ese documento incalificable sobre la pertinencia, no quieren ver el problema real y se fabrican un problema ilusorio donde no hay. Ya sé que la LOES nos pide a gritos (y a palos) a los universitarios ser pertinentes, pero en un país donde (a) las casas todavía se derrumban y (b) lo que más se enseña es ingeniería, ¿hay realmente un problema de pertinencia? ¿No sería quizás más sensato exigirles pertinencia a esas universidades del primer mundo que expiden títulos en carreras ridículas como "Estudios de Género" o "Mediación Cultural", entre otros mil variedades de teología caduca, títulos inservibles en el mundo real aunque, dicen, altamente preciados en Laputa? Y del mismo modo, me atrevo a preguntar: ¿por dónde se asoma ese problema de acceso al conocimiento, en un mundo, él mismo lo reconoce, revolucionado por los motores de búsqueda, las bases de datos online y la piratería de artículos? ¿Él habrá conocido, alguna vez, a alguien que se haya lamentado, no de la falta de información (lamento común en ciertas ramas del saber), sino de su secretismo, de su dificultad de acceso? Yo no. Allí donde Vallejo ve un mundo lleno de devotos al saber en busca de conocimientos celosamente guardados, yo veo es un mundo de conocimientos que divagan en busca de mentes que los acojan, en busca de conocedores o por lo menos aspirantes a.

Para bienes públicos, sustancias tan inertes como divisibles y redistribuibles, no sé, tal vez la información, esa cosa que llevo como 30 años hablando sans que je n'en susse rien, no pondré muchas objeciones más allá de que, ya les digo, para un pobre bourgeois gentilhomme como yo a veces cuesta distinguir la información de lo que no lo es, del ruido circundante, pues hasta la información tengo a veces la sensación de que a quien no la necesita no le sirve ni le es reconocible como tal... en fin, allá ustedes. Pero el conocimiento, vamos. Sobre los pocos conocimientos que tengo casi lo único que puedo decirles es que complementan perfectamente mis ignorancias, es decir las cosas que sé y las que no sé entre ellas forman un mapamundi de dos colores, tierra y mar, de líneas precisas, tan particular que conocer este mapa mental es conocerme a mí. Ahora, si haces extracción de esos pocos conocimientos, los conviertes en base de datos MySQL y los pones a disposición del público (no tengo inconveniente, desde luego), de modo que cada uno, haciendo caso omiso de todo aquello que ya sabía, gracias, se apropie de ese dato yermo que le faltaba, en ningún caso vas a obtener un mapa remotamente similar al mío, pues mis mares son para otros tierra firme, y sus lagos para mí mesetas. Serían, entonces, conocimientos exiliados del entorno que les dio sentido, y tal vez del que les dio vida. Ya no serían conocimientos, entonces, sino sólo datos. Estoy por decir que cada cual está en el deber de crear y de atesorar sus propios conocimientos, pero la vergüenza me puede. Pero creo que ven adónde voy con esto.

Decir que sacándome un diente, varios dientes, un brazo inclusive, sigo siendo yo, no significa que esas cosas nunca formaron parte de mí, y menos, que tengan el mismo sentido sin mí. Otra manera de decir lo mismo: la propiedad privada no es una simple categoría jurídica: la ley en este caso constituye un intento ciertamente torpe pero sincero y valiente de reconocer una realidad que la traspasa. La propiedad privada se consuma y se justifica en que forma parte de un proyecto de vida de un ser humano: donde no es eso no es nada, pero nosotros no somos quiénes para juzgar dónde lo es y dónde no. Hasta los idiomas celtas, carentes del verbo "tener", tienen su manera propia de acercarse a este misterio: mae gen i het tri chornel. Si no tiene tres esquinas, mi sombrero ya no es. A ése que tiene cuatro, haz lo que quieran con él.

De modo que, siento decírtelo, si desprecias la propiedad privada desprecias al ser humano: mínimo, lo confundes con un feto. Pero ésa será otra historia para otro día.

Donde Vallejo tiene toda la razón es en señalar el absurdo del sistema universitario actual, el cual sospecho que motiva todas esas discusiones mauvaise foi sobre la pertinencia y demás sonsonetes. Hay una serie de problemas fácilmente identificables pero de solución altamente problemática, verbigracia:

* Los McTítulos, los ya referidos "Bachiller en Estudios de Género", "Ingeniero en Construcción de Espacios Seguros", etcétera, que sirven únicamente para meterse a docente en la misma McMateria. Ante lo cual, la respuesta cruel sería: bueno, es un país libre, allá ellas. Será, pero las causas del fenómeno aún merecen aclararse.

* El coste ridículamente alto de los estudios universitarios en ciertos países, v.gr. el Reino hUnDido. Aún estás pagando tu título treinta años después de graduarte. Confiésalo: ni para acostarte con el oso peluche de Deepika Padukone pagarías tanto. No tiene sentido. Algo va mal ahí.

* La Gran Fábrica de Tesis Inútiles. Te amenazan con una olla de aceite hirviendo si no sacas "una maestría" o "un doctorado". Para hacerlo, tienes que investigar... algo. Haces una búsqueda en Google sobre "algo", y te encuentras con que todos los algos que valen la pena ya fueron investigados, gracias. Al final te ves reducido a proponer como materia de investigación "el posible efecto de una interrupción intermitente en el uso de una infusión de yerba mate como lavativa rectal sobre la pronunciación de las vocales retroflejas en la población zurda de las comunidades indígenas de Nueva Guinea a finales del siglo XVIII". Luego pasas el resto de tu vida cambiando de tema en las fiestas de cocteles.
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* Las revistas académicas. Específicamente, las revistas del tipo "publicaremos tu tesis inútil, que nadie en su sano juicio leerá, a cambio de pingües sumas de dinero por parte de tus esponsores". Supongo que las revistas cuya falta de accesibilidad le causa tanta pena a Vallejo serán otras, pero éstas también existen, y hacen de las suyas.
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* Esa maraña, esa spaghetti junction de concepciones confusas y enfrentadas sobre qué es y para qué sirve, exactamente, una universidad. ¿Debe ser incluyente o excluyente, y si lo último, bajo qué criterio? Los educados en la universidad deberían ser minoría y élite en la sociedad (el modelo inglés, diríamos), o deben formar la cuasi totalidad de la población adulta (modelo español), y qué criterios usamos para escoger nuestro modelo? ¿La educación terciaria es un derecho? ¿Un profesor universitario debería también ser, a la fuerza, investigador? El dumbing down de la población estudiantil, y el grade inflation, son fenómenos reales o son pesadilla de fiebre gripal de decrépitos nostálgicos ultraconservadores? ¿La universidad tiene alguna responsabilidad social, o su responsabilidad es únicamente con sus clientes (curiosamente, esa última responsabilidad es la que todos los teóricos de la pertinencia alegremente olvidan o descartan)? ¿La libertad de cátedra puede coexistir con los Ministerios de Educación y las LOES? (Creo que no.) Y por último, ¿hasta qué punto las autoridades universitarias deberían consentirles a los jóvenes estudiantes sus pasajeras y hormonales tendencias criptofascistas (no-platforming, safe spaces, trigger warnings y toda esa basura conceptual que tan bien satiriza Yiannopoulos)?

* La estupidez humana, que tanta importancia concede a un título y tan poco a un gesto de amabilidad, a la construcción de un puente o a un riego de jardín.

No, no tengo la solución a nada de esto. Lo único que digo es que cuando llegue, será, como dice Vallejo, "radical". Probablemente, más radical de lo que él mismo se imagina. Más allá de eso, no voy.

domingo, 22 de mayo de 2016

The Guardian, diario golpista

Me refiero a este artículo, que me sorprendió con la brillante frase:

Never underestimate the power worship of those who claim to speak for the powerless, or the credulity of the supposedly wised-up critical theorist.

Efectivamente. La adoración al poder, la postración ante él, parece ser un instinto tan inexistente en unos como dominante en otros: los que sencillamente no vemos la necesidad de que nadie tenga ese "poder", ni sabríamos hacer otra cosa con él que regalarlo al primer llegado (me pasa eso con las alcachofas: dicen que se pueden comer, pero no veo cómo... tenga, pruebe usted), estamos condenados siempre a no entender la política, a perdernos en vanas elucubraciones abstractas y dilemas morales rebuscados en el intento de entender lo realmente sencillo, lo sencillamente selvático, lo dog eat dog. Pero en todo caso, cuando hasta el mismísimo Guardian abandona su política de apoyo editorial a tu régimen supuestamente izquierdizante, bolivariano y anti imperialista, sabes (o debes saber) que tienes problemas. Claro que Maduro no sabe nada, puesto que para eso le faltaría un cerebro: él es como un algoritmo de seudo AI de primera generación, una especie de ELIZA programada para responder a todo: ¡golpe! ¡intento de golpe! ¡CIA! ¡desestabilización! ¡patria, socialismo o muerte! Da algo de pena.

("Sí... loco de amor por Venezuela." Supongo que para un tipo así, esto es una salida ingeniosa. Pobretón.)

Más pena me da, por razones egoístas, encontrarme afincando en un país que sigue el mismo camino, hasta el mismo previsible final. Y no tener ni la juventud ni la salud necesarias para dar el salto y escaparme con la familia, que todos ya se quieren ir. El problema soy yo.

Estaré muerto en cuestión de meses, si no de días. No entiendo como he podido sobrevivir tanto. No puedo respirar. Mi vida es una farsa en que intento mantener a toda costa esa apariencia de normalidad, para seguir trabajando y así sirviendo para algo, cuando la máquina ya no da de sí. Ahogarse lentamente no es nada agradable. Sobre todo, no resulta ser muy compatible con la serenidad. Todo eso lo digo para que entiendas, admirable cosaco, el posible cese de actividad de este blog en un futuro próximo.

Mientras...

He visto la mejor película que recuerdo desde, no sé, le Mari de la Coiffeuse pongamos, y no sé cómo me la perdí hasta ahora. Se llama Buffalo '66, y si la chica bailando claqué al son de Moonchild, de King Crimson, no cambia tu vida, entonces tienes la circulación peor que yo y debes tomar algo urgentemente. Y esa milésima de segundo en que una resplandeciente Christina Ricci se sonríe ante la disculpa tardía de su secuestrador tiene más lecciones útiles para la vida que toda la producción del estudio Disney junta. Haz el esfuerzo, anda, no pierdes nada.

Cuando ves algo así, que puede cambiar vidas, y luego piensas en tu lóbrega profesión de profesor, en que no cambias ninguna, se te salen las lágrimas, o levantas el puño al cielo: por qué, o malvados dioses, por qué no puedo trocar los adverbios de tiempo con el presente perfecto simple por la visión de esta película, total, dura lo mismo, por qué tiene que haber sílabos y exámenes, por qué no están permitidos los actos de caridad, de solidaridad y benevolencia?

Y los dioses contestan, entre bocados de alcachofa: porque entonces, chomp, si cambiaras alguna vida, chomp, siquiera la tuya, tendrías demasiado poder, y eso, chomp, tú mismo lo acabas de reconocer, chomp, sería levemente malsano.

Ajj. Es que con los dioses ni una buena conversación puedes tener. Son como Maduro. Una idea fija, y no entienden nada de nada.